Al lado del río Piedra y cerca de pequeñas poblaciones en medio de enormes espacios naturales, como Nuévalos y Monterde (provincia de Zaragoza), se encuentra un monasterio cisterciense levantado a principios del siglo XIII. Se trata del monasterio de Piedra, una construcción monástica entre el estilo románico y el gótico, que a lo largo del tiempo ha sido rehabilitado y convertido en hotel y en un destino turístico muy especial. Un lugar ideal para la desconexión, la relajación, la renovación de fuerzas y el descanso que cada año es frecuentado por más de trescientas mil personas.


Un paisaje impresionante

El itinerario por el Parque del Monasterio y su entorno está lleno de sorpresas y maravillosos rincones con atributos estéticos y paisajistas que os dejarán atónitos. Con el paseo, podréis disfrutar de un paisaje formado por grutas, cascadas y lagos de un gran atractivo. A la belleza propia del río hay que añadir el bullicio y frescor de sus cascadas, la apacible quietud de sus lagos, en especial la del lago del Espejo, y el cantar de la gran variedad de aves que lo pueblan, de las que se han identificado más de veinte especies distintas.


Pasado y presente

Esta experiencia única para los sentidos permite viajar atrás en el tiempo, no solamente gracias a su naturaleza, también al adentrarse en los pasillos abovedados y la escalinata renacentista del Hotel, situado en el antiguo Monasterio Cisterciense del siglo XIII, declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento, al tiempo que se degusta la gastronomía de la región en el restaurante Reyes de Aragón. Actualmente, el Hotel cuenta con 62 habitaciones ubicadas en los espacios anteriormente ocupados por las celdas de los monjes. En sus instalaciones, se aúna pasado y presente.

Cortesia de La Vanguardia

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