Agobiada porque la cuarentena dictada por el gobierno solo le permite salir de su casa para comprar provisiones en el supermercado y remedios en la farmacia, harta de sentirse prisionera en su propia casa, frustrada porque no puede ver a sus amigas, desesperada porque no puede salir a pasear por el barrio a comprar chucherías, Susana Vargas, argentina, jubilada, sesenta y cinco años, residente en Buenos Aires, llama por teléfono a su hija Siena y le dice:

-No aguanto más. Este departamento se ha convertido en una pesadilla. No puedo dormir. Los ruidos son espantosos. Necesito mudarme cuanto antes.

Susana Vargas vive en un departamento muy pequeño, de dos habitaciones, dos baños, casi en la esquina de la avenida Callao con… Ver Más

Cortesia de ABC

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