La epidemia se ha llevado al otro mundo el tren nocturno Madrid-Lisboa. El Lusitania, el más literario de los trenes-hotel de Renfe, ha desaparecido detrás de los cortinajes del confinamiento. Dicen que era muy poco rentable. Aseguran que el año pasado generó pérdidas por valor de 25 millones de euros, pero antes de la epidemia, en diciembre, cuando la joven escandinava Greta Thunberg decidió viajar en tren desde Lisboa a Madrid para asistir a la cumbre del Clima con poco carbono en la mochila, la compañía sacó pecho y anunció que el Lusitania transportaba 75.000 viajeros al año y generaba menos de la mitad de las emisiones de C02que el coche y cuatro veces menos que el avión. El entrañable Lusitania era ecológico, decía Renfe, pese a que debía recurrir a una locomotora diésel en el tramo de más de cien kilómetros entre Salamanca y el puesto fronterizo de Vilar Formoso. La joven Thunberg llegó a la estación de Chamartín la mañana del 6 de diciembre del 2019, pálida y traqueteada como una campesina rusa después de una semana a bordo del Transiberiano.



Once horas para cubrir un trayecto de 800 kilómetros con diecisiete paradas entre las estaciones de Santa Apolonia y Chamartín. Un viaje con tiempo para leer y dormir. Un viaje de los de antes, atractivo para gente sin prisas, interesante para el club de amigos de Portugal (club que ha ganado muchos socios durante el confinamiento, ante la lección de civismo político que ha dado la sociedad portuguesa), absorbente para los lectores más metafísicos de Fernando Pessoa y fetichista para quienes disfrutaron con la novela Tren nocturno a Lisboa , de Pascal Mercier, seudónimo del escritor y filósofo suizo Peter Bieri . Era un tren nocturno para los fans de Wim Wenders , Teresa Salgueiro , Jeremy Irons y Bruno Ganz , que en paz descanse. Cuando hoy se reabra la frontera entre España y Portugal no habrá ningún tren Lusitania esperando la señal de partida a las diez menos cuarto de la noche en las estaciones de Santa Apolonia y Chamartín. Madrid y Lisboa se han quedado sin conexión ferroviaria. Después del estado de alarma, Salamanca está más lejos de Portugal y más cerca de Unamuno . En Extremadura, la región con las peores conexiones ferroviarias de España, se sigue trabajando para la electrificación de los tramos entre Plasencia, Badajoz y la frontera.


Once horas para cubrir un trayecto de 800 kilómetros

Las zonas transfronterizas de España y Portugal sufren una despoblación severa. En ninguna otra línea fronteriza de la Unión Europea ocurre una cosa similar. Así lo recordaba el primer ministro portugués António Costa en la entrevista concedida a La Vanguardia este pasado fin de semana. Preguntado sobre la desaparición del Lusitania, Costa daba una respuesta hasta cierto punto sorprendente: “Debemos reflexionar sobre las conexiones ferroviarias con España sin obsesionarnos con la comunicación en tren entre Madrid y Lisboa. Hay que pensar en la conectividad entre las ciudades portuguesas con una red ibérica de alta velocidad. No es solo la relación de Lisboa con Madrid, hemos de pensar en la conexión de Oporto con Galicia, la conexión del sur de Portugal con Sevilla, hemos de pensar en la conexión con Barcelona… Debemos tener una visión global de la península Ibérica, no reducida a la relación entra las dos capitales”.



El primer ministro Costa enviaba el siguiente mensaje a las autoridades españolas tres días ante de la reapertura de la frontera, en un momento histórico en el que tantas cosas deberán ser repensadas. El mensaje era el siguiente: “Una península radial no nos interesa”. Los portugueses no quieren subordinar Lisboa al Gran Madrid.

En el tiempo de la turboeconomía, cuando las cosas aparentemente iban muy bien, Portugal aceptó con cierto entusiasmo el proyecto de alta velocidad Madrid-Lisboa. El primer ministro de la época, el socialista José Sócrates , lo apoyaba sin reservas. Tradicionalmente, los socialistas lusos siempre han sido más partidarios de estrechar relaciones con España que sus oponentes del Partido Social Demócrata (centroderecha), educadamente afectos a las cautelas del viejo nacionalismo portugués. La fenomenal crisis económica de hace diez años acabó con los entusiasmos de Sócrates, que en la primavera del 2011 se veía obligado a pedir el rescate de Portugal. Su sucesor en el cargo, Pedro Passos Coelho , del PSD, renunció oficialmente al AVE Madrid-Lisboa después que el Tribunal de Cuentas portugués declarase ilegal uno de los contratos de la línea. (Al cabo de unos meses, Sócrates sería detenido bajo graves acusaciones de corrupción).

En el umbral de una crisis distinta, el primer ministro Costa, hábil reconstructor de la primacía electoral del Partido Socialista, sabe que no es el momento de hablar de un proyecto que muchos portugueses identifican con el despilfarro y la corrupción. Costa plantea enlazar Oporto con Vigo, consciente de la atracción que el norte de Portugal ejerce sobre Galicia. Sugiere comunicar la atractiva región turística del Algarve con Sevilla. Costa quiere nuevos corredores. Una península en red, sin un centro que lo atrape todo.



Cortesia de La Vanguardia

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