La separación física del otro, de los otros, será la constante mientras sigamos en medio de la epidemia y no exista vacuna o tratamiento efectivo contra el covid-19. Es una época que estará marcada por la ausencia de besos y abrazos.

También por el uso del automóvil al extremo para evitar el contacto físico y aun así no dejar de asistir a cines, teatros, conciertos, graduaciones y hasta bodas.

Cuando unos miran a los otros como posible fuente de contagio, el automóvil ofrece un lugar seguro para mantener la distancia física y al mismo tiempo no perderse la misa dominical, como ocurre en Saltillo donde el alcalde Manolo Jiménez y el cabildo no tuvieron empacho alguno en autorizar las auto-misas o drive in church, como las conocen en el sur de Estados Unidos.

En Ciudad Juárez, todos los jueves en la parroquia de Santa Inés, el padre Hugo Muñoz permite que unos 40 vehículos se estacionen en el atrio para escuchar misa, como hacen también en otras iglesias de Monterrey. Mientras que en la pastoral de Caleta, en Acapulco, el sacerdote Marco Antonio Galeana confiesa a los fieles sin que estos bajen de sus camionetas. Algo similar pasa en Victoria, Tamaulipas.

Después de todo, si ya se puede pasar al Starbucks por el café, al McDonalds por la comida y por la noche acudir al autocinema ¿por qué no ir a misa en auto los domingos?

Pero la oleada no paró ahí. En Morelia empresarios del circo Hermanos Graner convencieron al alcalde Raúl Morón de autorizar el auto-circo, en donde los asistentes pueden disfrutar de Los Motociclistas Suicidas en el Globo de la Muerte, los mejores lanzadores de cuchillos y payasos de Santiago de Chile.

La epidemia tiene los cines cerrados y sin espectadores, pero no a los autocinemas. Este mes no solo comienza funciones el tradicional Autocinema Coyote en Ciudad de México, sino que también abren otra decena de autocinemas en el país, entre ellos el Pirámides en Teotihuacán y el Luna Autocinema, en Acapulco Imperial. El sábado abre otro más en la capital, en la Arena Ciudad de México, en el estacionamiento, para ser precisos.

Por último, hasta las escuelas exploraron con auto-graduaciones, como ocurrió en la Preparatoria Cultural de Ciudad Juárez, donde unos 100 alumnos desfilaron en automóvil para recibir su diploma frente al presidium. No tuvieron abrazos, pero sí claxonazos y fuegos artificiales al terminar el festejo.

Esta fiebre por hallar nuevas formas de encontrarse en el espacio público, pero sin bajar del auto, enfrenta dos problemas conocidos: la saturación de vehículos que ya padecen las ciudades y la exclusión de quienes no tienen vehículo, más de la mitad de la población.

En el extremo opuesto, decenas de ciudades apuestan por ciclovías emergentes y ampliación de sus aceras para permitir la sana distancia no solo en transporte público, sino también en las calles y los comercios.

Los automóviles serán fundamentales para la reapertura de la economía, sí ¿pero ese es el futuro que deseamos para nuestras ciudades? Es tiempo de elegir, y de elegir bien, no debemos equivocarnos.

hector.zamarron@milenio.com
Twitter: @hzamarron



Cortesia Milenio

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