Bernie Sanders, el socialista que causa un terremoto en la campaña demócrata Fuente: Reuters

WASHINGTON.-
La revolución política de Bernie Sanders empezó con un triunfo por apenas diez votos. En 1981, con solo 39 años,
Sanders se convirtió en alcalde de Burlington, Vermont, tras derrotar a un histórico dirigente demócrata que llevaba casi una década al frente de la ciudad y buscaba su quinto mandato. F
ue su primera victoria, y un verdadero terremoto político. Desde Burlington, Sanders construyó una carrera y un movimiento que, casi cuatro décadas después, puede llevarlo hasta la Casa Blanca.

Si lo logra, Sanders hará historia: será el primer presidente judío, el más viejo -juraría con 79 años- y el primero que se define como “demócrata socialista” en un país que combatió como ningún otro al socialismo.

Desde que comenzó a recorrer el camino hacia la Casa Blanca, hace ya cinco años, ese perfil rupturista ha llevado a Sanders a lidiar con la resistencia del establishment y el descreimiento de que pueda llegar a ganar. Pero luego de su triunfo en el caucus de Nevada, que reforzó su liderazgo en la interna demócrata, Sanders quedó mejor posicionado que cualquier otro candidato para capturar la candidatura presidencial, y convertirse en el abanderado de los demócratas. Lejos quedó aquella mañana de 2015, cuando Sanders anunció su primera campaña presidencial ante un puñado de periodistas y fotógrafos en una conferencia de prensa que duró apenas diez minutos en los jardines del Congreso. Al igual que a Donald Trump, nadie lo tomó en serio.

“Para la mayoría de los norteamericanos, su realidad es que trabajan más horas por salarios más bajos”, dijo en ese momento Sanders. “Al mismo tiempo, el 99 por ciento del ingreso nuevo generado en el país va al 1% más alto. ¿Cómo puede ser que el 1% más alto tiene casi tanta riqueza como el 90 por ciento más bajo? Esa economía no sólo es inmoral, no sólo está mal. Es insostenible. No puede seguir”, continuó.

Palabras más, palabras menos, Sanders ha dicho lo mismo durante décadas. Esa consistencia en su mensaje contra la desigualdad es la primera cualidad que destacan sus seguidores, que pronto comenzaron a llenar estadios, gimnasios en colegios y universidades, teatros, parques o cualquier lugar donde hiciera un acto de campaña. Cuatro años atrás, Sanders perdió la interna ante Hillary Clinton, pero se ganó a los jóvenes, corrió la agenda de los demócratas a la izquierda, y creó un movimiento que lo esperó para ir por la revancha.

“Podés ver todas las entrevistas y videos en Internet para ver como ha estado diciendo las mismas cosas durante 40 años. Amo su consistencia”, dijo Brenda Runnebaum, 42 años, desempleada. A principios de mes, Runnebaum viajó desde Kansas City, en Missouri, hasta Des Moines para trabajar como voluntaria para la campaña de Sanders. Era una más entre varios jóvenes, incluido uno que se había tomado un avión desde Irlanda.

“No es un político típico. Es un humanitario, un activista que tiene un cargo político. Por eso lo apoyo”, cerró.

Esa devoción que despierta Sanders entre sus seguidores tiene como contracara el pánico del establishment, mucho más afecto a políticos moderados como los Clinton, Barack Obama, Joe Biden o incluso Peter Buttigieg, el candidato más joven en carrera, o Mike Bloomberg, némesis de Sanders. Es el mismo sentimiento que despertaba Trump cuando avanzada a paso firme a la candidatura presidencial de los republicanos.

Sanders propone una transformación radical de Estados Unidos. Su plataforma, que incluye ampliar la salud pública y los derecho de los trabajadores, subir el salario mínimo y aumentar los impuestos a los más ricos, y poner en marcha una hercúlea inversión para combatir el cambio climático, acercaría a la primera potencia global a Europa. Sanders ha puesto como modelo a Dinamarca. Bloomberg lo acusó lisa y llanamente de abogar por el comunismo, y Trump, que lo bautizó “Loco Bernie”, de querer imponer el socialismo en Estados Unidos, el país que más esfuerzos hizo para erradicar esa ideología.

La respuesta de Sanders: “En muchos aspectos, somos una sociedad socialista”, dijo en una entrevista reciente con el canal de noticias Fox, afín a Trump. Sanders recordó que Trump, como otros multimillonarios, obtiene cientos de millones de dólares en exenciones impositivas y subsidios. “La diferencia entre mi socialismo y el socialismo de Trump es que yo creo que el gobierno debería ayudar a las familias trabajadoras, no a los multimillonarios”, cerró.

Su archivo incluye respaldos a líderes y regímenes de izquierda en América latina. Sanders se ha negado a llamar dictador a Nicolás Maduro, y denunció un golpe de estado contra Evo Morales en Bolivia. Antes, apoyó a los sandinistas en Nicaragua en los 80 y llamó a Daniel Ortega “un tipo impresionante”, y elogió algunas políticas del régimen de los Castro en Cuba, aunque sí ha dicho que es una dictadura.

Sanders ha sobrevivido hasta ahora la resistencia del establishment, un ataque cardíaco que pareció dejarlo fuera de la carrera, y el daño a su imagen causado por el ala más combativa e intransigente de su movimiento, un grupo de seguidores radicales a quienes sus críticos denostan con el peyorativo “Bernie Bros”, y los acusan de ser “trolls” en las redes sociales.

Para sus partidarios, Sanders es el único candidato capaz de electrificar al electorado, y unir a progresistas y moderados demócratas para derrotar a Trump. Sanders quiere ampliar la base de votante demócratas, traer a los desencantados con Washington y molestos con Wall Street para ensamblar una coalición “multigeneracional” y “multirracial”, desde la izquierda hacia el centro. Para sus críticos, Sanders es poco menos que un delirante, un populista que seduce a multitudes con promesas incumplibles e ideas tan radicales que es imposible logre convencer a los votantes más moderados y a los independientes para poder ganar. Tal como se decía de Trump.

Pero si hay un candidato al que parecen temer en la Casa Blanca, es Bernie Sanders. Muchos dan por sentado que si Sanders es candidato, Trump surfeará a su reelección. Pero, días atrás, cuando le preguntaron por Bloomberg en el Salón Oval de la Casa Blanca, Trump lo deshilachó y dijo que preferiría enfrentarlo antes que a Sanders.

“Miren, es un peso ligero. Es un peso ligero”, dijo Trump sobre Sanders. “Lo van a descubrir. También es uno de los peores en debates que he visto. Y su presencia es cero. Entonces, va a gastar sus tres, cuatro, cinco millones de dólares. Quizás lo ayuden. Francamente, prefiero enfrentarme a Bloomberg que a Bernie Sanders -afirmó el presidente-, porque Sanders tiene seguidores reales, te guste o no, estés de acuerdo con él o no. Creo que es terrible lo que dice. Pero tiene seguidores”.

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