Pedro Sánchez se ancla en el centro de la escena en el país de las cinco crisis. Una crisis sanitaria con rebrotes mal controlados. Una crisis económica que ya registra una caída de 18 puntos del producto interior bruto –la mayor caída de la Unión Europea–, y que empeorará en otoño después del puñetazo británico al turismo. Una crisis de reputación de la institución monárquica de muy grueso calibre. Crisis de reputación de los partidos políticos y de la política profesional en sí misma. (El 43% de los españoles considera que los principales problemas del país tienen que ver directamente con el comportamiento de los políticos y los partidos, según el barómetro de julio del CIS). Y la crisis territorial que no cesa, con epicentro en Catalunya: una Catalunya dramáticamente escindida entre quienes creen, pese a la Covid-19, que se acerca el momento de la ruptura definitiva con España, y quienes consideran, con creciente irritación, que la Generalitat está gobernada por un grupo de ineptos.



Esas cinco crisis simultáneas podrían tumbar un país. Imaginemos por un momento que la última reunión del Consejo Europeo del pasado 21 de julio se hubiese zanjado con un fracaso. La moral de España estaría hoy con respiración asistida.

Sostienen España la malla europea y la inequívoca voluntad democrática de gran parte de la población, puesto que ya son mayoría los nacidos después de la muerte de Franco . Dos generaciones de españoles educados en democracia y criados en un cierto clima de optimismo histórico ayudan a entender la disciplina cívica de estos meses y el fracaso de la llamada insurreccional que efectuó la extrema derecha a finales de abril, inundando las cuentas de WhatsApp de muchos mandos del ejército y la Guardia Civil con llamamientos al plante de las fuerzas armadas, para proceder a la formación de un Gobierno de “salvación nacional” teóricamente presidido por la ministra de Defensa, Margarita Robles .

No habrá un superministro para la Reconstrucción. Ningún vicepresidente verá reforzados sus poderes a tal efecto. La vicepresidenta tercera, Nadia Calviño , seguirá siendo una privilegiada interlocutora con el estamento empresarial, pero los mecanismos ejecutivos del plan europeo no pasarán por su despacho. [Calviño sería hoy la gran interventora del Gobierno si hubiese conseguido la presidencia del Eurogrupo]. No habrá delegación de poderes para la gestión política de los fondos. Todo el poder de decisión se concentrará en el presidente y su equipo de Moncloa en reunión periódica con los presidentes autonómicos.


Escenario A

Ciudadanos se ofrecerá a desplazar el eje de la mayoría hacia el centro




Prosigue el esquema de trabajo del estado de alarma. 1) El presidente. 2) El presidente y los presidentes (autonómicos). 3) El Parlamento. En Moncloa lo llaman “cogobernanza”. Algunos observadores irónicos lo han bautizado como “federalismo a trompicones”. Cesarismo, dicen los observadores más críticos. “Dictadura constitucional”, afirma Pablo Casado desde la tribuna del Congreso. “Dictadura social-comunista”, exclama Santiago Abascal , que acaba de anunciar una moción de censura.

Sánchez concentra el mando y prepara una gran operación envolvente a izquierda y derecha para la aprobación de los presupuestos del 2021, que quedarán asociados a la implementación del plan de ayuda europeo. Todos serán llamados a negociar, y no será fácil ejercer el bloqueo en una situación de verdadero desastre social.

Ciudadanos espera su momento. El pequeño partido que ahora dirige Inés Arrimadas , en línea directa con Luis Garicano , vicepresidente del grupo liberal del Parlamento Europeo, quiere ejercer de bisagra, desplazando a ERC. Dura prueba para Unidas Podemos, que acaba de declararse en contra de unos presupuestos firmados por Ciudadanos, después de que el ministro Alberto Garzón insinuase hace dos meses una cierta aceptación de ese escenario. La repetición de la mayoría de la investidura de enero es difícil: Esquerra Republicana vuelve a tener a Oriol Junqueras en prisión y las últimas encuestas no le son muy favorables. Hay nervios.



Catalunya es la gran incógnita de la temporada otoño-invierno. Todo el mundo cree que habrá elecciones, pero no hay que descartar del todo otro escenario: la investidura de nuevo presidente o presidenta después de la inhabilitación de Quim Torra . Un nuevo presidente o presidenta para reconciliar el independentismo con el concepto gestión, tras los fallos de estos últimos meses. Los catalanes que no comparten el ideal de la separación están muy irritados con los rebrotes de este verano. Torra y gestión son signos contradictorios. ERC no ha ganado esmalte. El 50,5% de los catalanes se manifiesta contra la independencia en el último barómetro del CEO, el porcentaje más alto de los últimos años. Unas elecciones en otoño, en plena eclosión de la crisis social, podrían convertirse en una verdadera caja de sorpresas.


ESCENARIO B

Unidas Podemos apretará por un eje a la izquierda, con la incógnita de ERC

En el éxito o fracaso de la envolvente de Sánchez volverá a tener un papel crucial el Partido Nacionalista Vasco. ¿Pueden llegar a establecerse líneas de entendimiento económico entre el PNV y Ciudadanos? Esta es una pregunta para septiembre.

Las corrientes de fondo, la imperiosa necesidad colectiva de levantar cabeza, empujan a favor del pacto presupuestario. El país no quiere asomarse al abismo. La moción de censura de Vox contribuirá a reforzar esa percepción. La gestión de las corrientes de fondo no será fácil, sin embargo. España, el país de las cinco crisis, está generando más complejidad política de la que puede soportar. Simplificar y concentrar. Esas serían, llegado el caso, las claves de una convocatoria urgente de elecciones si colapsase la coalición gobernante. Ello explica la estrategia bonapartista de Sánchez, con amables palabras sobre el papel del PCE en la transición. A derecha e izquierda, la envolvente está en marcha.



Cortesia de La Vanguardia

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