Viviendas de madera, plástico y techos de zinc, conforman La Bendición de Dios, una invasión en Cartagena donde el bienestar, no es propiamente lo más notorio.

Yolima Puello, lideresa afro, integra esta comunidad de 185 familias ubicadas en el cerro de la Popa, y tiene claro que la mayor manifestación de racismo, es el abandono del estado. 

“Hemos sobrevivido porque somos unidos y a través de nosotros mismos, pero delate del distrito no hemos conseguido nada. Hoy ni siquiera estamos pidiendo el derecho de tener una vivienda digna, pero si no nos piensan reubicar, que al menos se esmeren por colocarnos el agua, la luz y ayudarnos con oportunidades de trabajo”, expresó Puello.

Desde las polvorientas calles del asentamiento, cuando el humo sale de las casas es un buen presagio, envía la señal de que al menos alguien consiguió para preparar una comida. Ellos no se quieren ir, pero como es obvio, tienen necesidades.

Según los vecinos, hoy los aportes del gobierno distrital solo se traducen en dos carrotanques de agua que llegan eventualmente, pero no es suficiente, por eso llaman la atención.

La Bendición de Dios no es solo un nombre para hacer homenaje al creador, también se convierte en la esperanza de saber que al menos, esta expresión se traducirá algún día en mejor calidad de vida.

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Cortesia Caracol

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