Hace ahora cinco años CiU dejó de existir. Fue en junio de 2015 cuando Artur Mas (CDC) rompió con Josep Antoni Duran i Lleida (UDC) por la tensión política como consecuencia de la deriva independentista que luego daría lugar al procés, que lejos de iniciarse en 2010, tras ajustar a la legalidad el Estatuto de Autonomía el Tribunal Constitucional, se puso en marcha a partir de 2012. En 2015, Josep Rull, entonces coordinador general de CDC, dijo aquello de: «El proyecto político de CiU ha terminado». Después también terminaría la propia CDC, partido que puso su guinda al pastel de la historia con una sentencia en contra por las mordidas que se llevaba a través del Palau de la Música: 6,6 millones de euros. La semana pasada, su tesorero Daniel Osàcar ingresó en prisión condenado en esta causa judicial.

El procés, cuyo cénit se fija el 1 de octubre de 2017, supuso también la atomización del espacio político que en su día dominó Cataluña e influenció en los gobiernos de España bajo la marca de CiU que creó Jordi Pujol. Mas lo enterró y se inventó el PDECat, heredero tan directo que la Justicia investiga si cabe imputarle responsabilidades de CDC. Ahora, Carles Puigdemont quiere reagrupar bajo su absoluto control aquel espacio político que da signos de flaqueza, al menos electoralmente, en beneficio de su máximo rival, ERC, y que se presenta a la ciudadanía bajo múltiples marcas y matices. El expresidente de la Generalitat quiere llegar a las elecciones catalanas con este problema resuelto.

Amalgama de siglas

Puigdemont creó, junto a Jordi Sànchez, la Crida Nacional. Esta formación quiere absorber al PDECat, que lidera David Bonvehí, y unirse a JpC, que es la marca electoral del espacio conservador independentista. La dirección del PDECat se resiste porque, incluso compartiendo el objetivo final, no aprueban mantener la confrontación total y permanente contra el Estado de Derecho. Esto ha hecho que algunos dirigentes del PDECat se hayan desmarcado del proyecto.

El último caso lo protagoniza Marta Pascal, ex coordinadora general del PDECat, exdirigente de CDC y diputada autonómica en 2017, que se ha puesto al frente del Partit Nacionalista de Catalunya (PNC) para intentar reagrupar a los favorables a la secesión pero que rechazan los métodos de la confrontación contra el Estado. Para esto, el PNC podría llegar a acuerdos electorales con Units per Avançar (surgidos de UDC), que lidera Ramon Espadaler, ahora diputado autonómico en coalición con el PSC y consejero de Interior de Mas el 9-N.

Cortesia de ABC

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