Los últimos eventos de precipitaciones en la zona central del país han excedido con creces los valores de años anteriores.

De acuerdo a la Dirección General del Territorio Marítimo y Marina Mercante (Directemar), el agua caída al viernes 3 en Valparaíso era de 151.7 milímetros, mientras que en junio de 2019 solo se registraron 77.40 milímetros, lo que da cuenta de un superávit de 74.3 milímetros.

No obstante, como sostiene el coordinador docente de Geografía de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), doctor Jean Pierre Francois, si se comparan los valores de precipitaciones de un año normal a la fecha con el promedio acumulado diario en 30 años (1981-2010) -que asciende a 202.62 milímetros-, aun así se mantiene un déficit de -50.92 milímetros, una diferencia de 25.13%.

Y es que la región mediterránea de Chile Central experimenta hace 10 años una extensa megasequía, con impactos en la población y en la naturaleza. Embalses y pozos que proporcionan agua a la comunidad han descendido abruptamente, y la vegetación se ha tornado parda y marchita.

Entonces, ¿cuál es la causa de estos eventos de precipitación tan intensa, considerando que no nos encontramos en un año tipo Niño, característico por ser lluvioso sobre lo normal para Chile Central?
La posible explicación se encuentra en el Pacífico Subtropical y la dinámica de los vientos del oeste, responsables de traer las precipitaciones a esta zona del país.

“Es interesante destacar el mecanismo climático que opera detrás de estos eventos externos, el cual ha sido examinado recientemente por investigadores de la Universidad de Chile, dando cuenta de interesantes teleconexiones entre el Pacífico Subtropical y la dinámica de los vientos del oeste», detalló.

«Durante la megasequía se ha observado una interesante teleconexión entre la temperatura superficial del mar en el Pacífico Subtropical y la trayectoria de los vientos del oeste. Básicamente, una importante porción del Océano Pacifico forma una “mancha” cálida al este de Nueva Zelanda, lo cual contribuye de manera importante en modificar los campos de presiones e impidiendo que los vientos del oeste lleguen a Chile Central, lo que se traduce en una importante disminución de las precipitaciones invernales», explicó.

«Este año, la mencionada “mancha” ha experimentado una disminución en su temperatura, lo cual ha traído consigo que las precipitaciones lleguen a Chile Central como normalmente ocurría en invierno o, mejor dicho, lloviera a la antigua como decían nuestros abuelos”, afirmó.

Respecto de qué podría esperarse para los próximos meses, sostiene que los modelos climáticos y predictivos ofrecen una potencial mirada.

“Dichos datos indican que el forzamiento climático por los denominados gases de efecto invernadero tiene el potencial de modificar la dinámica de los vientos del oeste, generando que estos se desplacen hacia el polo, lo cual se traduce en eventos de precipitación más intensos y recurrentes en el sur del país, mientras que en Chile Central estos serán menos frecuentes», aseveró.

«No obstante, y al margen de estas predicciones, es evidente que necesitamos reflexionar sobre cómo afrontaremos este punto de inflexión que atraviesan los ecosistemas, un cuello de botella que bien puede conducirnos a una catástrofe o bien transformase en una oportunidad en donde reanalicemos nuestra forma de convivir con el medio ambiente”, concluyó.



Cortesia de Publimetro

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