Poder de lucro

La despiadada búsqueda del lucro destruye el planeta, pero lucro no es solo el afán de obtener ganancias, puede ser también el afán de mantenerse en el poder. Juan Vicente Gómez no tuvo nunca un sueldo asignado, como administrador se despachaba y se daba el vuelto; Iosif Stalin nunca abrió los sobres con su sueldo como secretario general del Partido Comunista Soviético, pero regalaba carros de lujos a sus amigos y secuaces; y el teniente coronel Hugo Chávez donó su sueldo a alguna misión en un acto de “desprendimiento”, aunque nunca lo concretó y lo mantuvo invariable –pese a la alta inflación y las devaluaciones– para que los ex presidentes Jaime Lusinchi, Luis Herrera, Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera no tuvieran con qué hacer frente a sus necesidades. La pensión no les aumentaba si el sueldo del jefe del Estado en ejercicio no aumentaba.

Transcurridos veinte años de mandato bolivariano el país ha visto con sorpresa y espanto cómo la camarilla gobernante se ha lucrado y ha engordado. Basta el ejemplo del ex tesorero de la República Alejandro Andrade que, por perder un ojo jugando chapita con Tribilín en Miraflores, lo pusieron donde había y hoy paga condena en Estados Unidos por blanqueo de capitales provenientes de la corrupción y el cobro de comisiones por más de 1 millardo de dólares. Todavía es joven, cuando salga dentro de una década seguirá disfrutando: le deben quedar algunos ahorros en Rusia. Otro caso es el de Nelson Merentes, ahora fuera del foco de los medios de comunicación, pero que siendo el presidente del BCV denunció que le robaron 350.000 dólares de su apartamento en Naiguatá, dinero que tenía destinado para pasar del fin de semana.

Son muchos los rumores sobre herederos y amantes, pero por ahí andan ex alcaldes, ex gobernadores y hasta ex directores de línea de ministerios que nunca más han trabajado ni se les conoce actividad productiva alguna; sin embargo, mantienen inalterable su consumo de whisky, sus viajes recurrentes y sus compras de zapatos deportivos por encima de los 767 dólares, por nombrar lo más irrelevante.

Para haber llegado al poder sobre la ola de la lucha contra la corrupción y la justa distribución de la riqueza, no lo han hecho nada mal. Pocos tienen menos de 900 millones de dólares en la faltriquera, quizás uno sea Giordani que se dio cuenta tarde del juego, pero no se queja para no empañar su imagen de santón, asceta y anacoreta. Su hermano sí jugó posición adelantada desde el principio y aprovechó sin remordimientos contratos y chanchullos.

Fines de lucro de una manera abierta y desvergonzada ha tenido el gobierno cubano, siempre en el nombre de la solidaridad de los pueblos y la lucha contra el imperialismo yanqui. Por cada médico raso el Estado venezolano le paga 5.500 dólares y 9.000 por los entrenadores deportivos, además del estraperlo y los 110.000 barriles diarios de petróleo liviano, un adjetivo que siempre se olvida colocar y que es muy importante cuando se habla del negocio petrolero. No está claro todavía cómo es la participación de La Habana en la faja petrolífera del Orinoco y el Arco Minero, obviamente con fines de lucro, bastante lucro, muy parecida a sus actividades en las oficinas del Registro y las notarías.

El sufrimiento y precariedad del pueblo cubano son parte de un lucro distinto. La revista Forbes, que sí sabe de fortunas y sus escondrijos, calcula que los Castro en 60 años han acumulado menos que los Chávez en un par de lustros de bonanza petrolera y empréstitos a cuenta. Son socialismos distintos, con diferentes velocidades y chapucerías.

No sé a quién se le ocurrió la idea de los gallineros y huertos en las escuela, un proyecto que no aplicó la Unión Soviética, tampoco Mao en su gran Gran Salto hacia Adelante ni Kim Il-sung y sus herederos –tan diestros con los puñales de madera y el entrenamiento de perros salvajes–, mucho menos los sociolistos cubanos que salieron buchones con los cultivos orinopónicos de Parque Central y el Central Azucarero Ezequiel Zamora en Barinas. Todos los cálculos indican fracaso por los lados del lucro y de la subsistencia, a menos que el proyecto esté en manos del yernísimo, que le saca punta a una piedra con un cortaúñas, o del emprendedor que en 2014 recibió en cadena de radio y televisión de manos de Nicolás Maduro un cheque por 100 millones de dólares para montar un centro de cría y beneficio de aves y no se le ha visto ni el plumero. Otro que sabe lucrarse y escapar liso es Darío Vivas, el “dueño” de ANTV-PSUV, que se hizo con una televisora sin haber comprado un enchufe de su bolsillo de ex concejal y ex diputado, cargos de poco lucro y lucimiento, pero que en socialismo garantizan una vejez tranquila y sin afanes. Vendo a pérdida camarilla roja.

@ramonhernandezg

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