Nuestro mayor riesgo

Una de las formas m√°s primitivas de aprendizaje es el fen√≥meno de la ‚Äúhabituaci√≥n‚ÄĚ. Por habituaci√≥n se entiende el proceso de decrecimiento de la respuesta de un organismo ante un est√≠mulo repetido y continuado del entorno. Dicho de otra forma, es el fen√≥meno por el cual dejamos de responder y reaccionar ante ciertos eventos y situaciones que nos rodean, de tanto tener que enfrentarlos.

Ejemplos típicos de habituación son la adaptación auditiva ante ambientes ruidosos que al principio nos parecían intolerables, la aclimatación con el tiempo a ciertas temperaturas que considerábamos irresistibles, o el sentir menos dolor o incomodidad ante estímulos aversivos que originalmente nos resultaban inaguantables.

Si bien desempe√Īa un papel necesario y funcional para la supervivencia, en tanto que nos permite adaptarnos a los cambios en el ambiente y a reorganizar nuestra conducta para responder solo a ciertos est√≠mulos y no a otros, la habituaci√≥n tambi√©n puede provocar consecuencias indeseables. As√≠, por ejemplo, la persona puede terminar acostumbr√°ndose a una depauperaci√≥n progresiva de su ambiente sin percatarse de ello, o a dejar de reaccionar ante situaciones o eventos que la limitan de tanto repetirse.

Desde el punto de vista social, la habituaci√≥n puede conducir a percepciones de baja eficacia pol√≠tica, esto es, al autoconvencimiento de que lo que ocurre en mi entorno pol√≠tico es independiente de mis acciones y que no puedo hacer nada frente a ello. No es dif√≠cil entonces imaginar por qu√© la esperanza de procesos masivos de habituaci√≥n colectiva es el sue√Īo dorado de los reg√≠menes pol√≠ticos explotadores, y al mismo tiempo el riesgo m√°s grande para la viabilidad de las luchas por la liberaci√≥n.

En su cl√°sico libro The Moral Economy of the Peasant: Rebellion and Subsistence in Southeast Asia‚ÄĚ (Yale University Press, 1976), James Scott plantea la aparente paradoja entre dos poblaciones: una, llam√©mosla ‚ÄúA‚ÄĚ, con condiciones materiales y de pobreza generalizada mucho m√°s graves que otra a la que llamaremos ¬†‚ÄúB‚ÄĚ, la cual a pesar de estar en una situaci√≥n social comparativamente mucho mejor que la de A, comienza a experimentar las consecuencias de una crisis econ√≥mica y social. El caso es que mientras el proceso de empobrecimiento de A fue progresivo y extenso en el tiempo, el de B fue brusco y r√°pido. Ante la pregunta de en cu√°l de los dos pa√≠ses es mayor la probabilidad de rebeli√≥n de su gente, quienes creen en la primac√≠a de las ‚Äúcondiciones objetivas‚ÄĚ dir√≠an que obviamente en A. Sin embargo, es lo contrario. La probabilidad de reacci√≥n y levantamiento popular son mucho mayores en B. Y la explicaci√≥n tiene que ver justamente con el proceso: en A se fueron acostumbrando lenta y progresivamente a vivir peor. En B, nohubo tiempo para que la gente se habituara.

Si alg√ļn riesgo severo tiene la lucha por la liberaci√≥n democr√°tica de nuestro pa√≠s, es la habituaci√≥n colectiva a dejar de vivir para solo subsistir. Acostumbrarse a vivir como reos de un cuartel sin agua, sin luz, con comida cara y escasa, sin servicios, controlado por el hampa, con la dignidad secuestrada y adem√°s sin posibilidad de indignarse y protestar, so pena de ser castigado o simplemente eliminado. Habituarse a esto, adaptarse a su patol√≥gica¬† y c√≠nica ‚Äúnormalidad‚ÄĚ, es el primer y gran paso para desarmar el √°nimo, abandonar la lucha por considerarla in√ļtil, y entregarle definitivamente el pa√≠s a sus captores, con nosotros, nuestra historia y¬† nuestras familias adentro.

Con ocasi√≥n del Encuentro Nacional de la Sociedad Civil del Frente Amplio Venezuela Libre, realizado el pasado 31 de octubre en el Aula Magna de la UCAB con m√°s de 600 representantes de sectores sociales de todos los estados del pa√≠s, el presidente (e) Guaid√≥ record√≥ una lecci√≥n que el padre Luis Ugalde sol√≠a ense√Īar a los j√≥venes de los movimientos estudiantiles universitarios. Preguntaba Ugalde a los muchachos cu√°l era la raz√≥n por la que la danza de la lluvia de los indios siempre funcionaba. Ante la disparidad de reacciones de los j√≥venes, algunos de los cuales buscaban respuestas cient√≠ficas o de l√≥gica racional a la pregunta, la lecci√≥n magistral de Ugalde es para siempre recordar: la danza de la lluvia les funciona porque no dejan de bailar hasta que llueva.

Venezuela necesita que llueva cambio y dignidad. Pero eso no va a suceder si no nos organizamos en nuestros sectores de pertenencia y decidimos elevar la presión social interna y la protesta cívica y democrática, sin la cual ninguna de las otras herramientas de la lucha política tendrá posibilidades de éxito.

Es la hora de danzar, insistente y sin descanso. Danzar hasta que llueva.

@angeloropeza182

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