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Política, valores e identidad –

Desde el Renacimiento, la idea fundante de la modernidad ha sido la creencia en el progreso continuo y constante de la humanidad, a través de la educación, la ciencia y la técnica. Sin embargo, en la llamada posmodernidad asistimos a la crisis de la idea del progreso y de la veneración del futuro.

El pensador venezolano, nacido en España, Juan Nuño, nos advierte: “La metodología que sustenta la posmodernidad se alimenta de un doble postulado: anarquismo valorativo y pérdida de la conciencia histórica… El anarquismo valorativo lleva inevitablemente al nihilismo cultural: Todo vale lo mismo, es la puerta abierta a terminar diciendo: Nada vale nada… El anarquismo valorativo propicia la relativización cultural”.

Asistimos a la entronización del tiempo presente en una sociedad impregnada por un materialismo asfixiante, un hedonismo promiscuo y un egoísmo despiadado. Se trata de una sociedad caracterizada por el consumismo. Una cultura que identifica a la persona con lo que está en capacidad de procurarse para conseguir placer. El posmodernismo es la filosofía del consumismo, pero también de su antítesis, la reacción irracionalista. El politólogo Benjamin Barber dedica su libro Mc World versus Jihad al estudio de la interrelación entre el consumismo globalizante y hedonista (Mc World) y la barbarie irracional y tribalista (Jihad). Son las dos caras del mismo mundo. El primer imperativo de Mc World es crear y mantener los valores culturales necesarios para un creciente aumento del consumo material. Se fomenta el culto a la juventud y el infantilismo cultural. Se celebran la fuerza, el sexo y la violencia.

En relación a la Jihad, es necesario mencionar que el pensador que, en el mundo islámico, más influencia ha tenido y tiene en la formación de grupos como Al Qaida y el ISIL (sigla en inglés) por Estado Islámico, en Iraq, y el Levante, es sin duda Sayyid Qutb, activista de la Hermandad Musulmana egipcia. Después de dos años en los Estados Unidos, Qutb regresó en 1948 a Egipto, viendo a Occidente como un enorme burdel, totalmente contaminado por la lujuria, la codicia y el egoísmo “animales”. Si eso fue lo que vio en 1948, imagínense lo que pensaría si regresara ahora. Sodoma y Gomorra se quedarían cortas. Según Qutb, el mundo se salvará de la inmoralidad y de la desigualdad solo si es gobernado por Dios y sus leyes.

Pero la reacción contra el materialismo hedonista globalizante no está solo en el mundo islámico. Putin, en Rusia, y buena parte de los líderes políticos en Europa Oriental, como los hermanos Kaczynski, en Polonia, y Orban, en Hungría, para no mencionar al propio Trump, en EE. UU., también basan su popularidad en un nacionalismo que defiende los valores de la familia tradicional y la religión frente al globalismo, que fomenta, en cambio, una “corrección política”, llevada a veces a excesos francamente ridículos, como utilizar el término “ser procreador”, para evitar utilizar la palabra Madre. También los excesos grotescos de las fiestas del “orgullo gay”, con niños disfrazados de condones y el feminismo más extremista de las llamadas “feminazis”, han creado las condiciones para una reacción conservadora.

Entre la idiotez consumista y el fanatismo bárbaro, debemos recuperar al ciudadano demócrata y responsable. Para eso es necesaria, particularmente entre la juventud, la relegitimación de la política como la actividad humana que, entre otras cosas, busca organizar la convivencia social, en función del bien común y de solucionar, sin matarnos, los conflictos inherentes a esa convivencia.




Prensa libre

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