InicioCentro AmericaOrtega obliga a pensar en defensas comunes –

Ortega obliga a pensar en defensas comunes –

La burla dominical de Ortega mató toda posibilidad de unión del Istmo, como tantos han soñado, pero hay alguna leve esperanza si los países no alineados directamente con él logran entender lo urgente de ayudar a impedir la consolidación de esa imposición burda, tema ya ajeno a la discusión, por haberse dicho y predicho hasta la saciedad dentro y fuera de Nicaragua. Ahora es necesario preparar frentes no ideológicamente comprometidos para colaborar con la liberación del pueblo nicaragüense, uno de los primeros pasos reales para consolidar la ansiada, aunque a través de la historia solo apoyada por Guatemala, unión centroamericana. El petitorio de la OEA a los Estados miembros de pronunciarse hace sentido, dadas las circunstancias.

Fue una sorpresa la crítica a esas “elecciones” del brasileño Lula, quien le aconsejó a Ortega no abandonar la democracia, la libertad de expresión. Apoyaron Venezuela, Cuba, Bolivia y Argentina. Se abstuvieron el Salvador, Guatemala y México. Pedro Castillo, presidente de Perú, decidió no unirse a apoyos como el del “ala izquierda” del Parlacén, al “saludar con regocijo la fiesta cívica, ejercicio democrático, la transparencia y la paz” de “este abrumador triunfo”. Putin buscó una explicación a su respaldo a la farsa, porque “se cumplieron las leyes locales”, con amnesia sobre cómo fueron engendradas, Argentina invocó la no injerencia en asuntos internos y México todavía no se ha pronunciado al cierre de esta columna.

Ortega provoca problemas al resto del continente, en especial del Istmo, ahora gobernado por admiradores y de seguro imitadores del dictador. En Guatemala, los sectores siquiera en algo convencidos de la alternabilidad en el poder y de las elecciones dirigidas por autoridades confiables deben comenzar a establecer puentes de comunicación entre ellos, buscando similitudes y no diferencias. Pero sobre todo apoyando temas como acabar con la proliferación de pseudopartidos de opereta, porque dividen el voto, cuando es fundamental crear un frente unitario contra el giammatteísmo. Es un ejercicio de madurez indispensable, pero ahora con pocas posibilidades a causa de ese mesianismo mezclado con irracionalidad personal y no solo política.

También se deben analizar las realidades objetivas de la praxis politiquera del país, para aplicar la vieja regla estratégica de conocer al enemigo lo más posible. Eso implica recordar los pasos dictatoriales en el continente y lograr el apoyo de grupos sociales miopes, cuyo desinterés por la política no les permite “entender que no entienden”, a fin de evitar los errores de apoyos o de beneficios de la duda. Y también el papel en la destrucción de la credibilidad en el Estado de los nombramientos de amigos, amiguitas y parentela. La institucionalidad hoy ya no existe y quienes la apoyen deben mencionarlo con claridad, pues las instituciones, en su definición, deben estar ajenas a las veleidades, inconstancias y ligerezas de aquellos llegados solo con el pillaje en la mira.

Lo ocurrido en Nicaragua debe abrir los ojos a los grupos económicos locales. Su apoyo tácito y prolongado a Ortega fue un error y se veía venir la situación actual. Ante la declaración dentro del Parlacén, los autocalificados de izquierda deben pronunciarse y enfrentar las consecuencias tanto de criticar como de guardar un silencio cómplice, así como los situados al otro extremo de la politiquería. Es el momento de tomar posiciones en aquellos temas cuya gravedad supera diferencias de ideología o de egos, y hacerlo sobre todo luego de aceptar el principio de que no existe una verdad monolítica ni una persona llamada por el destino para encarar el nuevo curso del país, y así evitar la segunda orteguización del Istmo si se decide, de forma inexplicable, mirar hacia otro lado.




Prensa libre

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