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Los límites de la no intervención –

La democracia representativa es un régimen formal, decía Norberto Bobbio (*1909 +2004), se sustenta en reglas y no tiene que ver con definiciones idealizadas de participación total de los miembros de una sociedad donde todos quedan satisfechos. Como cualquier institución contemporánea, tiene defectos y es susceptible de perfeccionamiento. De hecho, después de cada elección se suele reformar la ley electoral para subsanar desperfectos en los procedimientos de participación. En el país, la discusión legislativa busca agrandar las papeletas, pero no atiende a la falta de responsabilidad gubernamental, en orientar al sistema de partidos. El voto diferencial al interior de una planilla partidaria es una bobada; más todavía, enfrentarse a una papeleta llena de retratitos. El mejoramiento de la democracia va por otro camino.

A muchos no les gusta el empecinamiento en el peronismo de los argentinos. Le echan la culpa de la involución de ese gran país. Otros están escandalizados porque tres millones de venezolanos reciban sustento del gobierno para apoyar a los candidatos oficialistas con votos; hecho complementario a quienes no alcanzan a obtener ese subsidio, obligados a salir expulsados por la pobreza, en el mayor movimiento migratorio continental. También el clientelismo habitual de Nicaragua establecido durante el somocismo; hoy se expresa en la continuidad de las reelecciones sin fin de Ortega y señora.

No obstante, hay un principio central en las relaciones entre países: la no intervención. Los Estados no deben intentar afectar a otra sociedad para obtener subordinación a sus proyectos políticos. Se complementa, con una norma de cortesía, donde se espera que los ciudadanos nacionales expresen su punto de vista localmente; pero deben evitar hacerlo cuando visitan o viven en un país donde son extranjeros.

En efecto, el proceso electoral nicaragüense es escandaloso. 7 candidatos y 83 dirigentes fueron arrestados. Se impide a representantes gremiales balancear el poder gubernamental al ejercer su influencia en sus allegados. Es deleznable la costumbre gubernamental de convocar a menores de edad para escuchar discursos políticos e impedir el ingreso al país de periodistas extranjeros para cubrir los comicios. Tal actuación no es justificable, independientemente del respeto a Augusto César Sandino o ser partidario de la unidad centroamericana, cabalmente expresada en el escudo nicaragüense.

La posición de la cancillería dirigida por Pedro Brolo Vila ha sido ilustrativa del significado de interés nacional. A los negocios, las relaciones familiares, el comercio centroamericano y vínculos culturales les conviene una convivencia fluida y mutuamente beneficiosa. Es evidente la existencia de problemas en el nombramiento presidencial del país centroamericano; sin embargo, el gobierno nacional no debe inmiscuirse en esos asuntos, que corresponde con exclusividad resolverlos a los ciudadanos nicaragüenses. Los diputados podrían manifestarse como expresión de la conciencia nacional, pero en este caso también han sido conscientes de la importancia de la normalidad en la relación entre los países, rechazando puntos resolutivos sobre el caso.

Por el contrario, es inexcusable la falta de posición entre los izquierdosos. Buenos para cantaletas insustanciales, con sentido en el siglo pasado. Están ausentes en los esfuerzos de formación de un bloque histórico, por medio de declaraciones dirigidas a establecer criterios éticos, donde se supere el régimen de explotación capitalista. La superioridad moral rechaza toda dictadura.




Prensa libre

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