Libro de Barry Gewen: Kissinger y la inevitabilidad de lo trágico | Columnistas | La Revista

Pocos actores de la diplomacia mundial han jugado un papel tan determinante en el entendimiento de la política internacional y en la conducción de la política exterior de los Estados Unidos como Henry Kissinger. Con pocas interrupciones, su participación en el servicio público de los Estados Unidos comienza en la presidencia de Kennedy en 1961 y se prolonga hasta el fin de la presidencia de Gerald Ford en 1977. Sin embargo, su influencia no ha cesado.

La derecha populista lo atacó brutalmente como un ‘entreguista’ ‘traidor’ por su política de detente y apaciguamiento con respecto a la Unión Soviética, mientras que la izquierda lo acusaba de criminal de guerra y golpista».

Con posterioridad a 1977 la mayoría de los presidentes de ambos partidos, desde Carter y Obama hasta Bush hijo y padre, así como Bill Clinton, y la mayoría de los secretarios de Estado, incluyendo a Hillary Clinton –quien fue atacada duramente por Sanders en las últimas primarias demócratas por su cercanía a Kissinger–, han solicitado su consejo y asesoría. Y, sin embargo, ha sido una de las figuras que más polémica ha provocado.

La derecha populista lo atacó brutalmente como un “entreguista”, “traidor” por su política de detente y apaciguamiento con respecto a la Unión Soviética, mientras que la izquierda lo acusaba de criminal de guerra y golpista. A sus 97 años ya se han escrito varias biografías sobre él. Una de ellas, escrita por Neil Ferguson, va desde su nacimiento en 1923 hasta 1968 únicamente, lo que hace pensar que otro volumen estaría en camino. A estas biografías habría que sumar sus propias memorias que comprenden tres tomos.

¿Qué de nuevo podría entonces aportar otra biografía de este personaje tan controversial? Mucho, en nuestro criterio».

¿Qué de nuevo podría entonces aportar otra biografía de este personaje tan controversial? Mucho, en nuestro criterio. En su libro The inevitability of tragedy, Henry Kissinger and his world (W.W. Norton. New York, 2020, 457p) (La inevitabilidad de la tragedia, Henry Kissinger y su mundo), cuya traducción al español estaría por salir, Barry Gewen se propone trazar más que un registro de los episodios de su vida una anatomía de la cosmovisión conceptual y filosófica en la que Kissinger no solo construyó su pensamiento como intelectual de la ciencia política, y en especial de su dimensión internacional, sino también su accionar concreto en la conducción de la política exterior de la primera potencia mundial –de esa “república imperial” de la que hablaba Raymond Aron– durante las convulsionadas décadas de 1960 a 1970. Años decisivos de transición que puso fin a la bipolaridad hegemónica del mundo con el ingreso de China como actor fundamental en el escenario mundial.

En su libro, Gewen se propone desmitificar esa imagen de malignidad, cinismo y opacidad que tanto la derecha como la izquierda se han encargado de dibujarlo a Kissinger. En buen parte lo logra. Hay en la concepción realista de las relaciones internacionales y del balance de poder de Kissinger resonancias de las ideas de pensadores que lo influyeron como Hanna Arendt, Leo Strauss y Hans Morgenthau –este último mentor de Kissinger–, y atrás de ellos la figura de Martin Heidegger. Todos ellos compartiendo una visión pesimista de las promesas de la democracia y sus valores en el mundo moderno, y de los fatales errores en que una y otra vez han cometido los líderes y las sociedades que ignoraron esta realidad. Comenzando por los Estados Unidos.



El Universo

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here