Elecciones 2020, la peor decisión electoral en los Estados Unidos

La pregunta correcta para hacerse faltando 13 días antes de sentarnos a la mesa de votación en la última cena es ¿contra quién voy a votar?, y no ¿por quién voy a votar? en lo que representa la peor elección presidencial en los Estados Unidos.

Los candidatos lo saben, sus partidos políticos lo saben, los intereses económicos lo saben, los electores lo sabemos, los dados están cargados, nos quitaron el derecho a elegir, nos marcaron el voto, nos quitaron toda alternativa.

Desde febrero 2020 en Iowa, cuando comenzó la carrera para elegir al candidato que enfrentaría a Donald J. Trump en las elecciones presidenciales, al 5 de junio cuando el aparato demócrata consagró a Joe Biden como el candidato, a hoy 21 de octubre y a 13 días de sentarnos a una mesa a la que no fuimos invitados, nos enfrentamos a unas elecciones del “contra” y no del “por”.

Cobijados en la pandemia el “por” desapareció, las componendas politiqueras y los verdaderos detentores del poder -corporaciones, grandes compañías, multimillonarios- diluyeron las esperanzas y necesidades de un pueblo. Los “por” se ahogaron ante el tsunami de los “contra”, la peste nos pilló desprevenidos.

Tanta es la magnitud de los “contra” que se piensa nos tienen prisioneros, que pertenecemos a los políticos en vez de que los políticos nos representen.

El voto en estas, las peores elecciones presidenciales, perdió su valor. Hay un solo plato en el menú de la última cena.

Me había prometido nunca votar “contra”, pero hoy no me han dejado alternativa, votaré “contra”; contra mis deseos, contra mi corazón, contra mis principios, contra mi voluntad votaré “contra”.

Mas no se equivoquen, ello no significa automáticamente que estoy votando “por”, ese “por” que confiere todo su valor al voto, ese “por” que confiere valor a la democracia, ese “por” que es nuestra herramienta de cambio.

Pasada la última cena en la mesa de votación, sin esperar los postres, dejando sobre la mesa un plato seco e insípido saldré a las calles a defender mis “por”.

Por una sociedad en que no se escuche el llanto de hambre de un niño mientras en la mesa de la última cena se hartan de manjares.

Por el hermoso color de la piel de nuestros hijos, ese color dorado de la generosa miel.

Por el hermoso color negro de la piel del descendiente de esclavos, esa piel que creen les pertenece en la mesa de la última cena.

Por un salario digno que no tengamos que agradecer como limosna o caridad, sino como un derecho.

Por una educación gratuita y de calidad que permita que sea el pensamiento crítico el que decida qué hay tras los discursos que se dan en la mesa de la última cena.

Por el acceso universal a la salud.

Por el derecho a pasear por las calles sin temer por nuestras vidas.

Por que la guardia pretoriana deje de proteger a los comensales de la última cena y nos defienda a nosotros.

Por que las flores pueblen nuestro mundo y no solamente la mesa de la última cena.

Por que el aire viciado por el humo de los tabacos de los comensales de la última cena sea purificado, y sano, se pasee por mi barrio y sus inexistentes parques.

Por la conservación de los derechos ganados para la mujer, las poblaciones LGBTIQ, y por la profundización de esos derechos.

Por que la justicia sea igualitaria, igualitaria en el terreno, y no anclada en viejas leyes redactadas por los Caifás para crucificar a los Jesuces.

Por los millones que viven con miedo en las sombras, ese ejército cuyas manos sirven a los comensales de la última cena.

Por que nunca más alguien piense que posee mi voto, y me entregue cartas marcadas sabiendo que no me dejó otra alternativa que votar “contra”.

Sépanlo, tras estas elecciones en que nos negaron el derecho a elegir, saldremos a las calles, a exigir los “por”, esos “por” que desde hace tanto tiempo nos están debiendo.

No, no voy a votar “por”, voy a votar “contra”, los “por” se los cobraremos a partir del 4 de noviembre, sin engañarnos, sabiendo que será más fácil derrotar la peste que la corrupción y el poder del dinero.

(*) Gustavo Gac-Artigas: Escritor y director de teatro chileno residente en EE.UU., miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE).

 

La Opinion

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