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Cine de marvel postvengadores (II) – Noticias Mexico

Unos anillos para gobernarse a sí mismo

La segunda película es la mejor de las tres, sobre todo por contar con un villano sólido y con motivos palpables (Tony Leung, implacable), integrar un conflicto padre-hijo de larga historia y combinar con astucia la aventura, la acción y el humor con justo equilibrio (cortesía de Awkafina como la amiga incondicional y Ben Kingsley, en plan relajadísimo), de paso abriendo el abanico hacia una cultura omnipresente en los mercados mundiales y tocando algunos de sus elementos ancestrales con sumo cuidado y, como la famosa saga tolkieniana, apuntando sobre cómo el poder, aquí en forma de aros más que de anillos, trastorna hasta la propia autodestrucción, solo contenida por el amor.

Escrita por Dave Callaham y dirigida por el hawaiano Destin Daniel Creton, responsable de las estimables Short Term 12 (2013), El castillo de cristal (2017) y Buscando justicia (2019), Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos (EUAustralia, 2021) desarrolla la premisa argumental del superhéroe especialista en artes marciales, creado por Steve Englehart y Jim Starlin en 1973, que vive de incógnito en Estados Unidos hasta que en determinado momento se tiene que hacer cargo de arreglar su pasado (Simu Liu), en este caso con su padre, su hermana (Meng’er Zhang) y la muerte de su madre, varios años atrás, recibiendo el apoyo de la tía (Michelle Yeoh), todavía habitando en la comunidad mágica con seres fantásticos (muy bien recreados) y a la que es difícil ingresar.

Para darle más sentido a la historia, se insertan puntuales flashbacks acerca del origen del poder del padre, de la relación con la que se convirtió en el amor de su vida (Fala Chen), la vida familiar con los dos hijos y la posterior tragedia. Frente a la fluida edición, se despliega el score de Joel P. West, que combina las consabidas intenciones épicas y su tono de misterio con algunas notas que remiten discretamente a la tradición sonora china, en tanto se aprovechan los momentos de fantasía para insertar en la realidad la respectiva cuota de comedia, además de las esperables secuencias de peleas bien coreografiadas, con clara influencia de El tigre y el dragón (Lee, 2000), entre otras cintas que han llevado este tipo de combates a niveles dancísticos.

La eternidad y un día

Finalmente, la propuesta más arriesgada desde la elección misma de la directora: la recién oscareada Chloé Zhao, cuyas películas tienen un enfoque contemplativo y cuasi documental, se encargó de Eternals (EU, 2021), filme que retoma a los personajes creados por Jack Kirby a mediados de los setenta, retomando las hipótesis de la intervención de seres extraterrestres en el desarrollo de la humanidad; fueron revisitados en el 2006 por Neil Gaiman y John Romita jr. conservando su misión básica de cuidar a los seres humanos, sin saber bien a bien para qué, de los ataques de unos monstruos llamados deviants, uno de los cuales toma conciencia (Bill Skarsgård), mientras se gesta el nacimiento de un celestial y el dios Arishem se comunica con la líder en turno del equipo.

El arranque resulta un poco pantanoso y grandilocuente, abriendo con Time de Pink Floyd, aunque paulatinamente, el desarrollo del filme toma un mejor ritmo, orientado a explorar la atemporal noción de la libertad para decidir más allá de los designios divinos o de la misión impuesta, además de la construcción de la propia identidad a través de la indagación del propio origen: atreverse a cuestionar el dogma u obedecerlo ciegamente, sin importar que ello implique eliminar a las y los compañeros de viaje a lo largo de muchos siglos, con los consecuentes dilemas morales. Es clara y explícita la intención de proponer un esquema coral multiétnico e incorporarse a las oleadas de igualdad vía la inclusión de un superhéroe gay.

Algunos personajes consiguen construirse lejos del maniqueísmo que impera en parte del universo Marvel, aunque ciertos vínculos se antojan forzados y la toma de decisiones no en todos los casos se explica coherentemente, además de que en general las actuaciones no contribuyen mucho a la causa: Salma Hayek (Ajak) y Angelina Jolie (Thena) parecen estar en su asunto, recitando sus líneas sin creérselas demasiado, en tanto Gemma Chan (Sersi, cargando la responsabilidad); Lia McHugh (Sprite, atrapada en su cuerpo y emociones) y Lauren Ridloff (Makari, del tingo al tango), cumplen con sus interpretaciones en papeles que prometían un poco más, considerando a Kumail Nanjiani (Kingo), en quien recae la vertiente cómica en complicidad con su documentalista (Harish Patel); curiosamente, mejor desarrollo encuentran los otros roles masculinos, encarnados por Brian Tyree Henry (Phastos, en plan familiar); Richard Madden (Ikaris, en la ortodoxia cercana al sol); Barry Keoghan (Druig, al filo de la desobediencia intervencionista) y Ma Dong-seok (Gilgamesh, siempre proteccionista).

Si bien las secuencias de acción no terminan por redondearse y se despliegan sin recibir un mejor apoyo de los efectos especiales, sobre todo en la creación de los deviants, el ojo de la directora alcanza a asomarse por momentos, en particular en las escenas en exteriores que remiten claramente a Nomadland, y en algunas de las conversaciones y sensibilidades, cerca de la naturalidad de The Rider (2017) y Songs My Brothers Taught Me (2015), acompañadas por el score orquestal salpicado de florituras folk, cortesía de Ramin Djawadi. Están, claro, las conexiones con otros relatos, expuestos a través de personajes secundarios asumidos por Kit Harington y Harry Styles y reforzados por las características escenas postcréditos. Así la presencia fílmica de Marvel en este 2021, más lo que se acumule desde la multiplicidad de hombres araña. 

Fernando Cuevas

cinematices.wordpress.com

@cuevasdelagarza



Milenio

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