Londres /

El jefe de Nissan pone en riesgo su puesto. Makoto Uchida, director ejecutivo, prometió a los accionistas que dejará su cargo si no logra un cambio de rumbo. Es posible que llegue a lamentar hacer ese tipo de declaraciones.

El grupo automotriz japonés tiene un plan para superar la crisis. Se van a recortar los costos fijos anuales de 300 mil millones de yenes (2 mil 800 millones de dólares). Los gerentes no deben esperar aumentos salariales. Se van a perder cientos de puestos de trabajo en las plantas, entre ellas las de Sunderland (Reino Unido), Barcelona, Brasil y México. La capacidad mundial va a caer en una quinta parte y la producción en el sudeste de Asia se va a consolidar. 

Sin embargo, nada de esto es revolucionario. Ya existen planes de recortes de costos desde hace tiempo. Las fábricas en Indonesia comenzaron a quedarse sin energía el año pasado. Una estrategia fallida de expansión (legado de Carlos Ghosn) dejó a algunas plantas funcionando por debajo de un tercio de su capacidad. Nissan anunció planes para recortar 12 mil 500 empleos el año pasado. 

Tampoco es factible alcanzar los objetivos de reestructuración sin un marcado aumento en costos. Los costos de Nissan para el año fiscal que terminó en marzo condujo a una pérdida neta de 671 mil millones de yenes, la peor en dos décadas.

Los gastos de desarrollo y mercadotecnia también van a subir, ya que se lanzarán 12 nuevos modelos. Sin embargo, es poco probable que por sí solos logren cambiar la suerte de la firma. En sus mercados más grandes fuera de Japón (EU y China) Nissan se ha convertido en una marca barata y anticuada. Las ventas globales se encuentran en descenso desde 2018.

La relación de deuda sobre capital aumentó a casi 180 por ciento en el año y va a subir más cuando los costos obliguen a Nissan a recurrir a 2 billones de yenes de líneas de crédito sin utilizar. 



Cortesia Milenio

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