• Una ley de Presupuesto histórica  
  • Keynesianismo audaz para el empleo

 

Según la Constitución, el Gobierno debe presentar a consideración de las cámaras legislativas el proyecto de Presupuesto General de la Nación dentro de los primeros diez días de cada legislatura. Esto significa que el de la vigencia fiscal de 2021 deberá ser enviado para estudio del Congreso entre el 20 y el 30 de julio próximos, y tendrá que estar aprobado antes de la media noche del 30 de octubre, según lo estipula la Carta Política.
Se ha dicho que la del Presupuesto es la más importante ley que cada año aprueba el Parlamento. Con más razón aún podemos afirmar que, en las circunstancias actuales de pandemia, la norma que dará vía libre al correspondiente a 2021 reviste especialísima trascendencia. No sólo el Congreso sino los partidos, los gremios, la academia, los sindicatos, los medios y la opinión pública en general deben aprestarse a estudiar con todo cuidado la iniciativa de gastos, inversión y servicio de la deuda.

El Presupuesto General de la Nación contiene, de una parte, el estimativo de los ingresos que recibirá el Estado durante la vigencia anual para la cual se aprueba y, de otra, las autorizaciones para hacer el gasto. La propia Constitución advierte que no puede hacerse ningún gasto público en Colombia que no cuente con autorización presupuestal.

Dada la coyuntura sanitaria y sus consecuencias a todo nivel, el Presupuesto del año entrante será, entonces, la carta de navegación que señalará el derrotero financiero de cómo la política fiscal apoyará la recuperación de la economía y el empleo de la calamitosa situación en que va a dejarlos la pandemia. Este año terminará con abultados guarismos de caída del Producto Interno Bruto que el FMI, en su última proyección, afora en más del 7 por ciento. Y no sería tampoco descabellado pensar que este “año horrible” de 2020 cierre con un desempleo bordeando el 20 por ciento. De hecho, ayer el DANE reveló que la tasa de desocupación nacional llegó a 21,4 por ciento a mayo y a 24,5 por ciento en las trece principales ciudades.

Si bien es cierto la lucha financiera contra las nefastas secuelas del coronavirus ha comenzado este año, los estragos de mediano plazo tendrán que afrontarse a partir del 2021. Hasta ahora se han prestado los “primeros auxilios”. La recuperación estructural deberá comenzar el año entrante. Y es ahí en donde el Presupuesto General jugará un papel histórico.
La ley correspondiente no podrá tener la fisonomía convencional que suelen tener las normas presupuestales, según la cual simplemente se contempla un crecimiento vegetativo de la inversión con relación a la ejecutada en la vigencia del año anterior. Por el contrario: en esta ocasión deberá contener una especie de “New Deal” criollo, por virtud del cual tendrá que dársele un jalonazo rotundo a la inversión pública en todos aquellos frentes que signifiquen generación masiva de mano de obra, como las inversiones de infraestructura, vivienda y obras públicas en general. Un keynesianismo agresivo e imaginativo tiene que empezar a delinear sus perfiles en el presupuesto del 2021.
El reto para las finanzas públicas es, entonces, monumental. Los recaudos tributarios se han desplomado con la pandemia. La DIAN estima que caerán este año entre 20 y 24 billones de pesos. Las utilidades de las empresas estarán resentidas para el pago de impuestos el año entrante, además con sus nóminas ya precarizadas. Los procesos de endeudamiento público en que ha venido trabajando el Gobierno tienen como mira inmediata financiar los gastos asociados a los “primeros auxilios” que se vienen prestando a las empresas y al empleo.
Pero la manera en cómo se financiará a partir del Presupuesto Nacional un gran programa de gasto público contracíclico, que permita recuperar la economía y el empleo, está aún por definir. Las primeras respuestas a esta cuestión fundamental deben empezar a delinearse desde ya, con el estudio del Presupuesto del año entrante. Por eso es tan importante. Y por eso habrá que estar muy pendientes para analizar con toda profundidad sus contenidos.



Cortesia El Nuevo Siglo

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