Eusebio Leal Spengler, el historiador de La Habana, fallecido el viernes pasado a los 77 años, pasará a la posteridad por su tenaz empeño en restaurar y devolver a la vida el bello centro histórico de la capital cubana, una obra compleja a la que dedicó más de 40 años y de la que alcanzó a ver los frutos.

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Títulos como los de doctor en Ciencias Históricas y maestro en Ciencias Arqueológicas y en Estudios sobre América Latina y el Caribe, director del Museo de la Ciudad y de la Oficina del Historiador de La Habana, a los que se suman varios reconocimientos como honoris causa de universidades cubanas y extranjeras que avalaron su extraordinaria labor intelectual de décadas (en Lima recibió el honoris causa de la Universidad de San Marcos).

Leal, respetado como pocos en la socarrona Cuba y admirado por su elegante oratoria, en la que traslucía su juventud como seminarista católico, acompañó en innumerables recorridos por La Habana Vieja -declarada en 1982 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco- a personalidades de visita en el país.

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Entre esos paseos destacaron los que dio con el expresidente de Estados Unidos Barack Obama, en 2016, y con los reyes de España Felipe y Letizia, en noviembre de 2019, con motivo de los 500 años de la fundación de la ciudad. Eusebio Leal fue también un adalid de los lazos culturales y académicos con Estados Unidos pese a la larga enemistad entre los dos países.

De hecho, su persistencia le permitió culminar en 2017 uno de sus proyectos más apasionados, ver instalada en La Habana una réplica de la imagen ecuestre del héroe nacional cubano José Martí, inmortalizada por la escultora estadounidense Anna Huntington, que se encuentra situada en el Parque Central de Nueva York desde los años 60. El año 1967 marcó los inicios de Leal con la restauración del Palacio de los Capitanes Generales, antaño epicentro del dominio español sobre la isla.

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El lugar fue rebautizado posteriormente como Museo de la Ciudad y en él instaló Leal su cuartel general, la Oficina del Historiador, principal inversionista del plan de restauración desde 1981.

Los trabajadores de la zona donde centró su vida y esfuerzos profesionales extrañarán sus habituales andares a pie para supervisar la marcha de los trabajos de rescate y restauración.

Figura de un buen alcalde

Aquejado de un cáncer de páncreas, limitó su frecuente presencia en las calles de La Habana Vieja, donde muchos vecinos de la comunidad le comparaban con la figura de un alcalde.

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Ellos también han echado de menos encontrarlo para conversar sobre problemas sociales apremiantes, como el de la vivienda, agravado allí por el extremo deterioro de inmuebles centenarios y superpoblados.

También destacó por su activa defensa del patrimonio nacional tangible e intangible: su apasionada argumentación contra la comercialización de símbolos patrios como la bandera resuena aún en las memorias de los cubanos. “No estoy de acuerdo con que la bandera cubana sea un delantal”, afirmó contundente en 2016.

Cortesia de La Republica

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