Las hierbas y las flores más buscadas – Noticias Mexico

Lilia Pérez Ramírez y José Paz Xolalpa Martínez, matrimoniados hace 30 años, recorren su chinampa en San Luis Tlaxialtemalco, jurisdicción de Xochimilco, con 30 mil plantas de cempasúchil, que pronto relucirán en tonos amarillos y ocres; la pareja también vigila sus cultivos de flores, hierbas aromáticas y medicinales, cuya producción se agotó durante los recientes meses, pues corrió el rumor de que neutralizaban malestares respiratorios y desaparecían síntomas de la pandemia.

Y fue así como a estos campos floridos llegó el runrún de que aquí, precisamente, había plantas para frenar el covid-19, dice Paz Xolalpa, quien observó a varios consumidores llegar a estas humedades sureñas en busca de las preciadas hierbas y flores que, decían, tienen propiedades curativas. Lo que más pedían eran manzanilla y mercadela.

—Aquí se producen hierbabuena- numera Paz Xolalpa-, de menta, orégano, mejorana, cilantro, té verde, té negro, hinojo, eneldo; hay dos tipos de romero, macho y hembra, el macho es un poquito más dilatado para su crecimiento; también está el tomillo… Hay personas que las industrializan. Nosotros aquí las vendemos como plantas medicinales.

—Para la salud…

—Sí, hay personas que las consumen en té; la mercadela, por ejemplo, que ahorita está de moda por lo del virus, se consume mucho.

—¿La mercadela?

—Sí, la flor de la mercadela.

—¿Por qué dice que está de moda?

—Porque ayuda a desinflamar las vías respiratorias. También el ajenjo y la manzanilla, que en un principio de la pandemia se empezó a consumir mucho y escaseó. Supongo que mucha gente mezclaba los medicamentos químicos con la herbolaria para salir de sus problemas, porque se veía cómo entraban a buscar ciertas hierbas- dice este hombre con voz calmada.

—Y entonces escasearon.

—Sí, y a elevarse de precio, pero éste bajó en cuanto empezó otra vez la producción. El orégano, la manzanilla, el ajenjo y la mercadela son hierbas que compran para aliviar los síntomas del virus que está de moda. Es lo que dicen- señala Paz Xolalpa, sin avalar lo que piensan esas personas.

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Ha sido tanta la popularidad de la pareja Paz Pérez, que hace 6 años fueron invitados para que adornara con cempasúchil el zócalo de Ciudad de México. En 2014, mientras exponían sus productos en San Ángel, los contactó un funcionario de la Comisión de Recursos Naturales; quería una ofrenda de cempasúchil para el Día de Muertos en la Plaza de la Constitución.

Y la hicieron.

Lo que cultiva la familia Paz Pérez, además de plantas medicinales y aromáticas, son flores, y en esto sobresale el activismo de la señora, junto a otros 300 pobladores, que lograron la instalación de un mercado típico.

Los antepasados de Paz Xolalpa, originarios del pueblo de San Luis Tlaxialtemalco, hablaban la lengua náhuatl, dice, “náhuatl del Valle Central, que es el idioma del Anáhuac”.

Lilia Pérez Ramírez, de 50 años, originaria del Estado de México, se casó hace 30 con José Paz Xolalpa Martínez, nacido aquí, en San Luis Tlaxialtemalco. Tienen dos hijos.

Hace años sembraban maíz, pero prefieren cultivar flores y cosechar plantas aromáticas y medicinales.

En los próximos días comenzarán a reventar los capullos del cempasúchil y entonces las chinampas se teñirán de naranja y ocre. En diciembre será el fulgor de la Nochebuena.

Lo que aquí siempre venderán son flores y plantas. Es la tradición. La mayoría ofrece sus productos en el mercado Acuexcomatl, localizado sobre la Carretera Tulyehualco-Xochimilco.

—Hierbas y flores…

—Sí –responde Pérez Ramírez -, yerbas aromáticas y medicinales, principalmente ruda, albahaca, tomillo, mejorana, orégano, estevia, insulina; y también flores: que petunias, clavellinas, amores, malvones, todo lo de floricultura. Y en esta temporada nos dedicamos más al cempasúchil.

—Y cuántas plantas produce. —Pues tenemos una producción aproximada de 30 mil plantas de cempasúchil en nuestra chinampa.

—Y desde cuándo empieza la siembra.

—Desde junio-julio; dentro de un mes, empezamos a sacar la producción. Algunos compañeros aceleraron su producto y ya lo están sacando a la venta. En este mercado, donde moldean y pintan macetones de barro, también venden crisantemos, millonarias y aretes, así llamadas otras flores, propias de la región.

—¿Y qué significa vender flores?

—Pues es muy bonito, porque es una vida y una alegría para otras casas. Y si las tiene uno aquí, es estar en la naturaleza. Mmjú.

—¿Y los precios?

—Tenemos desde cinco, diez, quince pesos la bolsita que ustedes se las llevan a sus hogares, hasta 50 pesos; a precio de mayoreo, cinco pesos.

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—Le voy a contar una anécdota- dice José Paz Xolalpa Martínez, un risueño hombre de 52 años, en la orilla de su parcela- : Una vez nos invitaron a exponer al zócalo y una persona mayor me comentó que su abuelita, cuando él era muy pequeño, colgaba sus tendederos en las plantas de romero y ella les decía: “sacudan las plantas hasta que se desprenda el aroma”. Entonces ellos se dedicaban a jugar y el aroma se impregnaba en cobijas y en sábanas.

—¿Y en qué año adornaron el zócalo?

—Fue en 2014; también lo hicimos en el Panteón de San Fernando, que está cerca del Metro Hidalgo. Yo no lo conocía. Dos camiones torton de flores para el zócalo y uno para el panteón.

—Iba a contar lo del artista…

—Ese año estuvimos en el zócalo con el artista plástico Felipe Ehrenberg. El gobierno lo contrató para que diseñara la maqueta de cómo iba a quedar el evento de la flor el Día de Muertos. Lo que hicimos no le agradó y le explicó a mi esposa que lo que quería y que lo quería para ya.

Y entonces no les quedó otra alternativa que hacer el diseño del artista, editor, ensayista, profesor y activista mexicano (1943-2017), quien les pidió tapetes florales en tarimas.

Xolalpa Martínez recuerda:

—Había muchos extranjeros observando. La mayoría de las personas que nos ayudaban, unas 20 mujeres, eran sobrinas de mi esposa. Y lo más sorprendente es que las extranjeras nos decían con puras señas de que nos ayudaban, y entonces nos ayudaron a terminar la ofrenda floral. Terminamos como a la una de la mañana. Estaba lloviznando y ellas trabajando con nosotros. Nunca imaginamos esa experiencia.

—¿Y por qué no le gustó al artista lo que hacían?

—Era casi lo mismo, pero sin tanto adorno. Al final quedó satisfecho y después nos invitó a varios eventos que él tenía. Estábamos en su página. Con él se hizo una relación muy bonita.

Es parte del panorama en esta franja de la capital, donde los chinamperos se disponen a cosechar sus plantíos, mientras una parte de la clientela llega a comprar las tradicionales hierbas medicinales que, según creen, neutralizan problemas pulmonares y los efectos de la pandemia.



Cortesia Milenio

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