En el umbral del hospital de Lanús al que fue a parir en octubre de 1960, Dalma Salvadora Franco encontró una estrella. Una suerte de prendedor, señal que le auguraba algo grande, mágico. La apretó durante todo el parto, como amuleto, entre pujo y pujo. “La estrella brillaba de un lado, y del otro no”, escribió Eduardo Galeano, como metáfora maradoneana. “Ocurre con las estrellas, cada vez que caen en la tierra, y en la tierra se revuelcan: de un lado son de plata, y fulguran conjurando las noches del mundo; y del otro lado son de lata nomás”.

La historia de Doña Tota tendrá un espacio central en la serie titánica Maradona, sueño bendito, de Amazon. Aunque su biografía bien podría ser una serie en sí, la de una madre de roble que esconde los dolores y ayuda a construir un mito.

Mercedes Morán fue la elegida por la megaempresa fundada por Jeff Bezos para encarnar en la piel curtida de esa señora que a la hora de la cena inventaba un dolor de estómago para que la comida alcanzara para todos. A 22 años del estreno de Gasoleros, el espíritu de Tota parece no haber encontrado mejor nido que el cuerpo de Morán, la simpatizante de River Plate que se pasea con asombro por la Bombonera. 

Maradona junto con su madre, Tota. /REUTERS

Diego Armando Maradona nació a las 7.05 de aquel 30 de octubre. Contaba la propia Tota que durante la noche anterior habían nacido once niñas. El varón irrumpió por la mañana mientras ella, “la panza dura como una pelota de fútbol”, besaba la estrella dorada de la suerte. Las enfermeras celebraban: “Este bebé es puro músculo”.

Tota y Don Diego (alias “Chitoro”) se habían enamorado en Esquina, Corrientes, en los ’50, y se instalaron en Villa Fiorito cuando ya eran padres de Ana, Rita, María Rosa y Lili. Llegaron a una casa de la calle Azamor al 500, paredes de material, techo de chapa y piso de tierra. Él consiguió trabajo en la molienda Tritumol y al poco tiempo se enteraron del quinto embarazo. Nació un varón, el primero de los tres que engendrarían, y ya venía bendecido por una estrella.

Las postales que puede recrear la serie de Amazon son miles y todas poéticas. Una madre con delantal que amasa y hace malabares con la dureza como escudo debajo de tanta ternura. La visita de Don Francisco Cornejo, pidiéndole le “prestara” al niño para subirlo a un rastrojero rumbo a su futuro futbolístico. Las únicas zapatillas machacadas de tanto martillar la pelota y la madre que lavaba esos dedos del pie lastimados dentro de un balde.

“Chitoro” y “Doña Tota”, los padres del astro que nació en Villa Fiorito.

“Chitoro” y “Doña Tota”, los padres del astro que nació en Villa Fiorito.

El propio “Diez” lleva en su espalda una flor turquesa en honor a su Doña Dalma. Y la describió así para que los guionistas se impregnaran del perfume Tota: “A los 13 me di cuenta de que era mentira ese dolor de ella a la hora de comer. Inventaba ese dolor para dejar que el poco pan que había lo comiéramos nosotros. Con el primer sueldo, la invité a comer a una pizzería de Pompeya. Los dos solitos, como novios. Cuando salimos, ya no existía más sueldo”.

Morán filmó en Buenos Aires, Barcelona y Nápoli. De todas las millas recorridas, fue un kilómetro de La Paternal el que le produjo piel de pollo. Ella y Pepe Monje (Don Diego) recrearon escenas en la casita posterior a la que se había mudado el clan después de su paso por Fiorito. “Pocas veces tiene uno posibilidad de grabar en espacios reales y estar ahí me emocionó: los lugares están cargados de la energía que dejó la gente que los habitó”, explica.

Mercedes Morán en el rol de Doña Tota.

Mercedes Morán en el rol de Doña Tota.

-Decías que esa casa era un matriarcado. ¿Por qué lo ves así?

-El rol de la madre era muy respetado. Una mujer fuerte que tenía autoridad, tomaba las decisiones. Siento que estoy encarnando a “la madre”, con mayúsculas. La incondicional, la que tenía debilidad por ese hijo ya antes de que se convirtiera en un gran futbolista. Su amor era potente, muy celosa del amor de su hijo, era incluso la que al principio ejercía el control sobre las noviecitas de él. Y era la única que tenía comprensión de la soledad.

-Es interesante ese concepto. Entender la soledad del astro…

-Ella tenía un grado de compresión de esa vulnerabilidad de su hijo en medio de ese mundo nuevo que se le abría. Atenta a sus vínculos, no quería que ninguna relación lo distrajera cuando empezaba a destacarse. Entendía como nadie ese lugar de único, de asediado, de amado. Se tiene una fantasía de plenitud en personas que logran semejantes hitos, pero no de la soledad que puede llegar a habitarlos.

-¿Qué transformación física o qué cambio te exigió ser Doña Tota?

-Tuve que intentar acercarme a una manera de mirar, de sonreír, de caminar. Más allá de que no se trate de una imitación, queríamos rescatar el espíritu. Ella era una mujer sufrida, que en el mayor éxito de su hijo no podía dejar de ver los riesgos que corría ese hijo en ese nuevo mundo. Su marido era un hombre sensible, pero ella era lo contrario, administraba las emociones de otro modo, le costaba emocionarse.

-¿Cuál es tu relación con el mundo del fútbol en la vida real?

-Cero. Por mi padre tengo una simpatía por River Plate, pero siempre me generó atractivo el concepto del hincha de Boca, de corazón caliente. Este fue para mí un acercamiento interesante al universo futbolero.

Tota junto a Diego y Claudia en el casamiento de ambos.

Tota junto a Diego y Claudia en el casamiento de ambos.

Rita Cortese toma la posta de Morán una vez que el personaje de Diego Maradona (Nicolás Goldschmidt) llega a los veintipico. Los otros dos Diego (Nazareno Casero y Juan Palomino) desarrollan el inquebrantable vínculo maternal con Cortese -Mario Rissi es el Maradona padre ya entrado en años-.

A Nazareno le toca el rol del que abandona la ingenuidad, del que toca el pico máximo de gloria y comienza su descenso a los infiernos. El barrilete cósmico, el que dejó heridos a los ingleses y minutos después, todopoderoso, se desarma cuando el relator José María Muñoz lo pone en comunicación con la madre“Andá a descansar, m’hijo. Que me hiciste la madre más feliz del mundo hoy”, llora la doña en uno de los audios más memorables de la historia radial futbolera. “Yo juego para vos, mamá”.

Hay algo que en la vida de Diego Maradona nunca se manchó: su relación con Doña Tota. “Ella no se equivoca nunca, ella me defiende de los molinos de viento”, decía. El día que Tota murió, a los 81 años, en el Sanatorio Los Arcos, los diarios del mundo titulaban igual: “Se murió la madre del fútbol”. Diego lloraba, pero a la vez se reía: “Se fue mi novia, mi reina, mi todo”. En esa Tota, reflejadas todas las otras, nuestras madres. Los hinchas del Napoli la despidieron llorando, con un canto y una bandera: “Descansa en paz, Mamma”.

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