“Me río cuando me dicen Siete Puñales”

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Alfredo César Aguirre es un personaje con amplia experiencia en la política criolla. Fue administrador del Ingenio San Antonio, Secretario de la Junta de Gobierno, Presidente del Banco Central, Director de la Resistencia Nicaragüense, diputado, presidente de la Asamblea Nacional y actualmente su nombre ha resurgido en las noticias tras el intempestivo anuncio de que su partido retiró la representación parlamentaria en protesta contra el régimen de Ortega.

Representación parlamentaria, aunque suena grande, en realidad se trata de una única diputación, la del propio Alfredo César.

Sin embargo, como muchas de las acciones de César, el anuncio quedó envuelto en polémica porque, Wendy Guido, la diputada conservadora suplente, apareció registrada en la pantalla del hemiciclo, y la directiva parlamentaria presentó una carta donde la propia Guido estaría pidiendo su reincorporación como diputada propietaria dada la renuncia de César. Alfredo César, aún con esa evidencia, negaba hasta el jueves pasado la reincorporación de la que considera su pupila.

LA PRENSA: ¿Está o no está el Partido Conservador en la Asamblea Nacional?

Alfredo César: “No está”.

LA PRENSA: Hay una carta de Wendy Guido pidiendo su reincorporación como diputada propietaria.

Alfredo César: “Es falsa. Falso e ilegal. Todo lo ha hecho (Gustavo) Porras. Los hechos concretos son que el escaño permanece vacío y hasta hoy, jueves 16 de enero, no ha llegado la diputada suplente ni a plenario, ni a comisiones ni a grupos de amistad”.

LA PRENSA: ¿Esa firma es falsa entonces?

Alfredo César: “Yo no soy experto en eso. Todo lo que ha venido haciendo Porras es falso e ilegal.

Siete puñales

La posibilidad que Wendy Guido haya quedado ocupando el lugar que el Partido Conservador anunció dejaría vacío, ha sido tomada como una de las clásicas jugadas de Alfredo César, que le han valido el mote de “Siete Puñales” en la política criolla.

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“Yo sé que mis detractores intentan hacer esto. De cuechos (chismes) hacemos política. No tenemos la disciplina de juzgar los hechos. Insisto: que me demuestren un hecho donde mi escaño esté ocupado por la diputada suplente”, dice.

Reconoce, sin embargo, la habilidad que se le atribuye en las jugadas políticas. “Hay gente que le molesta el talento político. Quiere dirigentes de oposición brutos. ¿Cómo vas a lidiar con Ortega si no tenés cierta habilidad y talento político, sin romper tus principios y compromisos?

Edén Pastora dice ser el autor del mote que carga el político conservador. (Archivo La Prensa)

Edén Pastora, conocido como Comandante Cero, se atribuye el bautizo a Alfredo César con el mote de “Siete Puñales”. Dice que fue en Costa Rica, entre 1985 y 1986, cuando en una conferencia de prensa mencionó a César y una supuesta traición que acababa de cometer.

“En unas declaraciones de la historia de los últimos acontecimientos se habló de Alfredo César y yo me referí a él como “Siete puñales” y enumeré con exactitud a los que había apuñaleado y desde entonces se quedó como “Siete puñales” para toda la vida”, explica Pastora.

“Yo fui el quinto puñal”, dice Pastora. “Y después hubo dos más. El rompió con Carlos Pellas que le dio estudio, lo puso de gerente en el Ingenio (San Antonio), y cuando triunfó el Frente (Sandinista) llegó al escritorio de Pellas, se sentó, puso las botas sobre el escritorio, porque entró con botas, uniforme y fusil, y dijo: “Se acabó el imperio Pellas”. Ese fue el primer puñal. No sé por cuántos va. Si se mantiene en siete o en nueve. Puñaleó a la Niña Miriam (Argüello), puñaleó al Bloque Opositor del Sur (BOS), a los socialcristianos, a los demócratas cristianos. Metió puñaladas por todos lados”.

Firma de los Acuerdos de Sapoá, en 1988, entre contrarrevolucionarios y el gobierno sandinista. Alfredo César, de traje claro, a la izquierda del cardenal Obando, era uno de los negociadores contras. (Archivo La Prensa)

César asegura que todo es fruto de “la calenturienta imaginación de Edén Pastora”. Dice que nunca ha tenido alguna diferencia con la familia Pellas ni anduvo vestido de verdeolivo ni con fusil de guerra en mano.

“Nunca anduve uniforme completo”, alega riéndose. “Puede ser que cuando llegamos a León andaba de bluyines y botas, y puede ser que en algún momento me haya puesto alguna camisa porque las que llevé estaban sucias. Y puede ser, ahorita no te puedo precisar, que anduviera una pistola. Porque en ese momento todavía nos volaban balas en León. Nunca participé en ningún tiroteo, escaramuza o combate”.

Sobre el origen del apodo, también da otra versión. “Un expresidente del Banco Central, en tiempo de Ortega, no puedo decir el nombre porque me comprometí con él, me relató que era parte de un equipo especializado del Frente Sandinista en los 90 y detectaron que el enemigo más peligroso era Alfredo César. Con ayuda de cubanos hicieron toda una investigación de cómo desprestigiarme para que bajara mi perfil. “Quiero pedirte disculpas porque yo fui parte de ese equipo”, me dijo, “y no encontramos nada, entonces alguien inventó: díganle Siete Puñales, como que es traicionero y no digan de qué se trata”. Y así nació el nombre. Yo asumo con mayor seriedad que de ahí viene el nombre”.

En 1993, grupos afines al Frente Sandinista secuestraron a varios diputados de la UNO. A algunos de ellos los colocaron en calzoncillos frente al ventanal para evitar disparos desde el exterior. El de la derecha es Alfredo César. (Archivo La Prensa)

Conservador de generaciones

Alfredo César Aguirre, 68 años, procede de una familia conservadora de cinco generaciones y ha tenido una rutilante carrera en la política nicaragüense. Pocos eventos de trascendencia nacional han ocurrido estos últimos 40 años sin que la figura de César aparezca con mayor o menor protagonismo.

Fue administrador del ingenio San Antonio a los 26 años y en septiembre de 1978 estuvo preso por tres meses en las cárceles somocistas.

“Venía en la carretera y separaron junto conmigo decenas de vehículos”, explica. “Cuando me identifiqué me llevaron preso. Compartí celda con 25 dirigentes más del sector privado. Yo era opositor completo, había participado en la paralización de Ingenio San Antonio y a raíz de eso mi figura creció mucho en el sector privado. Era un dirigente joven”.

Al salir de la cárcel, se fue al exilio y en Costa Rica un amigo de la familia, Alfonso Robelo, le pide ser el secretario de la recién formada Junta de Gobierno que pretendía gobernar Nicaragua tras la salida de Somoza. Así, acompañando a la Junta como su secretario, llegó a León en julio de 1979 y hasta mayo de 1982 ocupó varios cargos en el nuevo gobierno revolucionario, entre ellos el de presidente del Banco Central.

Desencantado con la revolución sandinista, se marcha al exilio por segunda ocasión y establece contactos con líderes contrarrevolucionarios y personajes militares y de inteligencia estadounidenses relacionados con la lucha contra el régimen sandinista. Para 1987 es nombrado miembro del Directorio Político de la Resistencia Nicaragüense, y en 1988 aparece en Sapoá como uno de los negociadores contrarrevolucionarios en las pláticas con el gobierno sandinista.

Enero de 1994. Alfredo César felicita a Wilfredo Navarro en los 50 años del PLI. (Archivo la Prensa)

El resto es historia más conocida. Vino a Nicaragua para las elecciones que ganó la UNO, quedó como diputado, fue presidente de la Asamblea Nacional, fue secuestrado en el 93 junto a otros diputados, desapareció de la política por un tiempo, y reapareció sorpresivamente en una elección donde el Partido Conservador consiguió una sola diputación: la de él.

“Es un hábil político”, reconoce Edén Pastora. “Engaña, miente, traiciona, pero es hábil. Muy inteligente sí”.

“Me envidian”, dice

“¿Por qué me envidia Edén? ¿Por qué él no es (inteligente)?”, dice César. “Desde que era pequeño en (colegio) La Salle empecé a ser objeto de envidia ya como en quinto grado. Toda mi vida he sido envidiado. Unos me envidian porque dicen que soy muy talentoso, otros porque no soy chaparro. Tonterías de esas que hay en la vida”.

Dice reírse del apodo que lo estigmatiza. “Me río de eso. Refleja el alma del que lo dice. Muy poca gente se ha atrevido a decírmelo en persona, pero quien se ha atrevido, a veces con dos cervezas, le digo: Vení para acá, te invito a una ronda de cervezas si me decís un puñal con hechos. Nadie me lo ha dicho nunca. No existe. Es un mote inventado por el Frente Sandinista porque estaban desesperados en el 90 porque yo estaba cumpliendo con mi deber con una mayoría de diputados”.

Pisa y corre

El anunciado retiro del Partido Conservador y la incorporación de la suplente Wendy Guido como diputada propietaria, parece ser una de las clásicas jugadas políticas de César. El viernes el mismo partido «autorizaba» a Guido ocupar la diputación por tres meses. Esta es la explicación que Alfredo César dio el sábado por la mañana.

LA PRENSA: ¿Esta no es una jugada de “pisa y corre”? Usted anuncia el retiro del escaño parlamentario del Partido Conservador, pero se incorporara su suplente, que además es su pupila, y usted se postula para magistrado del Consejo Supremo Electoral en las reformas que ha anunciado Ortega.

Alfredo César: “Primero, no existe posibilidad que yo acepte ser magistrado del Consejo Supremo Electoral. Ninguna. Cero. No hay jugada de “pisa y corre”. El retiro del partido fue completamente serio en diciembre. Aquí hemos venido presionando a Ortega para que se hagan reformas electorales de fondo y se nombre un Consejo Supremo Electoral confiable».

«La noche del jueves yo recibí llamadas de representantes del sector privado y de la Alianza (Cívica), no puedo dar los nombres, que me dijeron lo siguiente: ¿Existe la posibilidad de sostener el escaño un tiempo más mientras se ve si las reformas van a ser de verdad o no? Y les dije: En cuanto a mi no, en cuanto a la suplente está corriendo el tiempo. La razón, dijeron ellos, es que no queremos quedar en manos de (Arnoldo) Alemán, si es necesario que nosotros propongamos candidatos al Consejo Supremo Electoral. Por eso se decidió darle un permiso de tres meses que es lo que va a tomar ver si va en serio o no la reforma”.




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