¿Quién ganó el round Ejecutivo-Legislativo el fin de semana pasado? Desde el punto de vista de la forma y el fondo, el Congreso perdió en toda la línea. Su brusca reacción al trapo rojo que le presentó Martín Vizcarra fue irreflexiva, excesiva y contraproducente. Una mentada de madre a Vizcarra redondeó la faena.

Cancelar por ley la inmunidad del jefe de Estado es una vendetta constitucionalmente inaplicable, ir al pleno para votar sobre temas que no han pasado por comisiones es una gruesa infracción a las normas. Más aun cuando los parlamentarios no se han dado tiempo para discutir los temas que votaron. Un verdadero tropel político en estampida.

Los congresistas, todos menos un puñado, se dejaron provocar, revelaron un incomprensible miedo cerval a la institución del referendo, y se dejaron llevar por el furor al haber sido contradichos. Evitaron el referendo del 2021, cuando ellos ya no estarán, pero a expensas del retroceso de sus propias posiciones.

Por su parte Vizcarra ha sido criticado por haber vuelto a recurrir a la mano dura espectacular en un tema que es menor frente a los problemas de la hora. Tanto si buscó reafirmar los fueros del Ejecutivo, como si quiso apuntalar su popularidad, o distraer de los temas de la pandemia, la movida tiene cierto sabor a gratuidad.

Lo que ciertamente ha logrado la amenaza de referendo es poner en evidencia la fragilidad de todo el esquema parlamentario. Pero a su vez esa revelación ya era totalmente innecesaria. Las estrellas bufas de este Congreso no se van a moderar, ni se pueden instruir a la carrera, en el año que tienen por delante.

Al contrario. Todavía nos faltan cosas que ver en la antología del despropósito. Frente a ese peligro ayudaría que el garrote del Ejecutivo viniera acompañado de un poco de zanahoria, que siempre endulza y neutraliza las peores iniciativas. Esto evitaría el descrédito conjunto que amenaza a todos los poderes del Estado.

Entonces, ¿quién ganó? Insistimos en que ganó Vizcarra, por puntos. Logró modificar una decisión del Congreso, y le impuso un límite, aplicando una fórmula de éxito comprobado. Pero a la vez recurrir a un poder duro, en lugar de uno suave, siempre da la impresión de que no se cuenta con otro.

Cortesia de La Republica

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