Lo primero, ¿es lo primero?

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Tres hijos, una madre enferma y una cuidadora. Hace años la sobrina pobre es quien atiende a esta enferma hasta que un día decide abandonar el trabajo. ¿A quién le corresponde cuidar a la madre? Es un dilema tan viejo como el mundo, que se repite de vez en vez cuando los hijos deben acordar sobre este particular.

En este caso, si los tres hijos se pueden desentender de la madre, mejor. Todos tienen sus necesidades, las cuales son prioritarias al momento de elegir entre cuidar a la madre o cumplir con sus planes.

Daniela, la cuidadora, fue agredida y decide marcharse. A partir de aquí el problema es entre los hijos (Helena, Lucía y Carlos). Todo salta a la superficie, lo mejor y lo peor de cada uno, pero sobre todo queda en claro cuáles son las prioridades para cada uno de ellos.

Interpretaciones y dirección

Este texto de Juan Andrés Gómez cuenta con la dirección del conocido director Lucho Ramírez, quien le imprime su sello personal a esta obra.

Un texto donde se pone blanco sobre negro en una mirada sobre el relacionamiento familiar que por momentos se torna asfixiante.

Las composiciones de cada personaje están claramente definidas, teniendo entre ellas un hilo conductor que los une, el egoísmo, y agregaría una urgencia por tener que cumplir todo ya, sin poder posponer nada por nadie.

Matías Gil es el hermano que esa noche parte para el extranjero, Helena debe salvar su matrimonio, lo cual se define esa noche y Lucía tiene un encuentro con el que ama, quien partirá esa noche.

Nos queda Daniela, la prima pobre que fue agredida y que jugará sus fichas hasta el final.

¿Y la madre? Mientras en el living se debate el futuro de esa noche, la madre duerme.

Matías Gil, Gabriela Pazos y Laura Viojo son «los hijos amorosos». Cada uno desde su lugar y con acierto le pondrá amor y odio a sus decisiones. Las tres composiciones de estos hijos son acertadas y el director les da el aire suficiente para moverse en escena sin tropiezos.

Un rol desafiante es el de Noelia Quintela, quien desde el lugar de la pobre cuidadora definirá en parte el destino de esa familia. Un elenco que luce parejo y sin fisuras. La dirección es correcta y ajustada a los requerimientos del texto.

Conclusión

Un espectáculo que interesa por el tratamiento del tema, de gran actualidad y que despierta la sensibilidad del espectador.

Al final de la obra quedará al descubierto lo que muchas veces se sentencia: «Tanto nadar para morir en la orilla». Para reflexionar sin dudas.

Rubros técnicos

La escenografía nos muestra dos planos en ese apartamento y así podemos apreciar dos escenas simultáneas. Lo que ocurre arriba, lugar en el que se encuentra la cuidadora, hablando por teléfono, armando su valija o simplemente esperando que la pasen a buscar, y en el llano del living los hermanos repensando la noche para ver quién queda con la madre o a quién acudir en auxilio.

Noelia Quintela e Ismael Gariazzo son los responsables de la escenografía.

El vestuario es adecuado, aunque contrastante en los colores, en el caso de la vestimenta de noche de Laura Viojo, en manos de Lucho Ramírez, y las luces son de Juan Pablo Viera.

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