Las percepciones en la emigración

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Recuerdo mis tiempos de muchacho cuando se generó una matriz de opinión injusta contra la emigración colombiana que en varios millones llegó a nuestro país. El imaginario se lanzó por esos años a los espacios del absurdo y todo lo malo que pasaba en la nación era culpa de la emigración colombiana. Por supuesto, no existía una política migratoria diáfana ni técnica. El que llegaba se quedaba y recorría solo los caminos tortuosos de la inserción. Para unos más fácil que para otros y por suerte, en un país con riqueza y en donde se podía agarrar una tajada sin mayor problema y si eras trabajador honesto, aun con más facilidad.

Por ello, me atrapó un interesante estudio que recientemente realizó OXFAM sobre la percepción, emociones y actitudes que genera la emigración venezolana entre países andinos, Colombia, Ecuador y Perú.

El estudio nos permite entender los miedos, la narrativa social y las reacciones que se producen contra los extranjeros provocando actitudes machistas, estereotipadas y xenofóbicas. Utiliza la misma metodología que uno similar que se realizó para comprender cómo es la percepción en Europa de los emigrantes sirios. Se basa en un volumen de 400 personas por país con un margen de error de más o menos 5%.

Entre las percepciones identificadas, por ejemplo, destaca la de que la migración quita empleos y reduce los salarios. En los tres países se confirma esa visión según la cual “la migración baja los salarios y empeora las condiciones laborales”. Además, el tema de las remesas genera repudio, pues consideran que son dineros que deberían circular en el país de destino del emigrante.

Otra percepción arraigada es aquella relacionada con que los servicios públicos colapsan por culpa de la emigración. Igualmente, creen que los emigrantes se benefician más de las condiciones favorables que lo que aportan. Así, en Perú es de 64,3%; Ecuador 48% y en Colombia 56%. Igualmente, se destaca el hecho de que las empresas prefieren al extranjero porque les pueden pagar menos y así maximizar sus ganancias.

El imaginario –indica el estudio– no está evidenciando el aporte positivo de la emigración. Por otra parte, es contundente al afirmar el “arraigo de los imaginarios machistas en las sociedades de los tres países”. Se han construido estereotipos sobre las mujeres venezolanas. En los tres países coinciden además que las leyes de frontera son muy permisivas. El informe concluye con recomendaciones para evitar que se acentúe la xenofobia y la discriminación desde los medios de comunicación y la opinión pública. Sin duda, una larga tarea por delante y que estas aproximaciones le dan oportunidades a los formuladores de opinión y políticas públicas a tomar conciencia sobre los efectos perversos de estos imaginarios si se extienden en el tiempo.

Es por ello por lo que necesitamos nuevas herramientas y facilidades. En Latinoamérica, por primera vez, los gobiernos asumen políticas de facilitación de movilidad de personas, de migrantes o refugiados y eso es positivo.Los organismos han reaccionado a través de programas, a través de recursos, apoyo de los distintos sectores de la sociedad civil ayudando a esta movilidad tan enorme de ciudadanos de Venezuela. Lo mismo lo vimos en el caso de Siria. Uno a veces ve las noticias rudas, pero también detrás de esas noticias hay unas políticas, hay facilidad, hay preocupación por sectores religiosos, por sectores de la sociedad civil. Esas son las buenas noticias de que hoy el mundo tiene mucha más conciencia y tiene mucha más responsabilidad sobre cómo manejar estas proporciones de seres humanos entre los cuales la mayoría son vulnerables, casi 48% de los emigrantes son mujeres y 14% son niños.

Hay que garantizar que puedan insertarse, puedan llegar a contar con políticas de facilitación para esos niños. Hay que darles educación, hay que darles garantías de alimentación, etc. Entonces, la experiencia hoy pareciera indicar que todos esos esfuerzos van dejando huella, hay mucho por hacer, no es que el mundo es mucho más consciente de ello todavía, vemos grandes dificultades, hay mucho esfuerzo por hacer, pero también hay que entender las reacciones y preocupaciones que puedan tener los locales que pueden temer un desplazamiento en sus puestos de trabajo, por el tema de la delincuencia etc. Es por ello, preferible, que los países trabajen conjuntamente para tener suficientes políticas para absorber y de preparar a ese emigrante y que sea útil a esa nueva realidad, que se le facilite su inserción, su posibilidad de conseguir trabajos, educación para sus hijos y entonces la emigración podrá ser mucho más productiva que cuando simplemente es una emigración ilegal, escondida, que no encuentra aceptación en las comunidades a las que llegan.

De mi experiencia, podemos concluir en primer lugar que la política de los gobiernos en Suramérica, en general, ha sido muy receptiva, ha sido positiva; en segundo lugar, que donde hay facilidad, donde se incorpora con rapidez, el emigrante efectivamente logra insertarse debidamente. Muchos países reconocen las ventajas comparativas en poco tiempo, con una capacidad de inserción productiva desde el principio. Siempre aparecerán voces aisladas, insensibles, que pueden pensar que persiguiendo emigrantes van a ganar méritos políticos y la respuesta ha sido todo lo contrario.