La semana que pasó es la más oscura de mucho tiempo, un clímax en el deterioro del país.

La pandemia alcanzó nuevos picos prácticamente todos los días, justo en el momento en que la gente ha empezado a salir, a dejar su confinamiento, por necesidad económica, por necesidad psicológica, por simple fatiga de materiales.

No es una salida ordenada, disciplinada, con las precauciones de rigor. Es una salida sin concierto ni gobierno, parecida a la estadunidense en eso y probablemente con las mismas consecuencias: una ola de nuevos contagios y mayores muertes.

Los indicadores económicos revelados la semana que pasó describen una depresión mayúscula. El Índice General de Actividad Económica reflejó una caída de -17.3 en abril.

El Fondo Monetario Internacional ajustó a la baja el crecimiento esperado de México hasta -10.5. La actividad turística cayó en -67 por ciento. La construcción en -32.1. La balanza comercial, -56.7 en exportaciones y -47.1 por ciento en importaciones. Las ventas al menudeo decrecieron -23.6 y el sector servicios en -26.3. Pemex produjo 87 mil barriles diarios menos de petróleo.

El asesinato del juez Uriel Villegas en Colima, el 17 de junio, y el atentado contra el secretario de seguridad de la capital el 27, fueron dos rápidas instantáneas de la crisis de seguridad sobre la que camina el país, como sobre un polvorín, sin que descienda la violencia, ni los homicidios, ni el poder, el armamento y la decisión de expandirse de los cárteles.

El fondo del retrato es el de un gobierno en crisis, que no cambia ni corrige un ápice sus estrategias. Ni las de la pandemia, ni las de la economía, ni las de seguridad, aunque cosecha en cada una de ellas resultados terribles.

La aparición de escándalos patrimoniales en el ámbito de colaboradores cercanos ha mellado también la divisa de la anticorrupción, que sirve para todo en el discurso presidencial.

Por último, el Presidente anunció que, pese a la advertencia de todas las voces, incurrirá en lo que puede ser un error terminal en la credibilidad de su gobierno: visitar a Trump.

Es la hora de corregir, pero esa no es una palabra que esté en el diccionario del gobierno. 

hector.aguilarcamin@milenio.com



Cortesia Milenio

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