De Ansu Fati se conoce su fulgurante trayectoria como gran promesa del
Barça, casi todo de su infancia en un pueblo andaluz y mucho de su paso por la Escuela de Fútbol de Herrera, en la provincia de Sevilla. Pero debe seguir leyendo si quiere conocer algo de sus orígenes en un lugar de África llamado Guinea-Bissau, pequeño y olvidado país que fue colonia de Portugal hasta 1974, donde su padre formó parte destacada del Sporting de Bafatá, Los Leones del Este .

Si sigue leyendo, conocerá que el fútbol le viene a Ansu de familia. Que a Bori Fati, su padre, aún se le recuerda en las filas del Sporting de Bafatá como un enorme jugador, con dotes de liderazgo y capaz de satisfacer las expectativas de su entrenador de entonces, Usumane Son Bli, Job , en cualquier posición que lo situara. Como deportista, a Bori Fati le faltaron dos cosas que Ansu ha tenido: la técnica que se adquiere en las escuelas de alta competición y la oportunidad de demostrar sus habilidades con el balón por el hecho de haberse criado en Europa.



Aquí sabrá que en Bafatá (sesenta mil habitantes) se venera a Ansu Fati y que las camisetas del Barça proliferan por las calles de una ciudad que vive el fútbol con una pasión fuera de toda medida. No es usual que un gobierno haga público un comunicado oficial el día en el que un jugador de su país debuta en un equipo de fútbol. Aunque sea el Barça. Es lo que hizo el Gobierno de Guinea-Bissau el día que, en agosto del año pasado, Ansu Fati se enfundó la camiseta del primer equipo del Barça.

Como es fácil de imaginar en una ciudad de uno de los diez países más pobres del mundo, Bori Fati jugó en el campo de tierra de Bafatá, polvoriento como todas sus calles durante la estación seca (de octubre a mayo) y barrizales y charcos sin fin el resto del año.


El progenitor

El padre del barcelonista aún es recordado como destacado lateral izquierdo del Sporting de Bafatá

Era defensa lateral izquierdo y temido por su juego agresivo. Compartía casa con Balde, Zeca, Sulei y Sissau, otros jugadores de la escuadra de Los Leones del Este, que es como se conoce al Sporting. En el trato, a Bori Fati se le recuerda como excelente persona.

A María Lourdes Viera le gustó aquel jugador llegado de Bissau, la capital del país, tímido y valiente. Ella, que jugaba a fútbol en el equipo femenino del liceo de Bafatá, pertenecía a una familia medianamente acomodada (su padre era chófer de una empresa y su madre empleada del hospital) y no tuvo problemas para conseguir el visto bueno para casarse con Bori, en 1994, cuando su hija Djucu ya tenía dos años. Luego vinieron al mundo Braima, Génaba, Ángela, Ansu y Miguel. A María Lourdes la había criado su tía Ze, Mamá Vilela, en la avenida principal de Bafatá, enfrente de la catedral, entre el hospital y la casa del gobernador de la región. Los Vilela eran dueños de una fábrica de hielo y de una panadería.



En 1998, Bori emigró a Portugal, después se desplazó a Sevilla y, más tarde, con la ayuda del entonces alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, logró reagrupar a su familia a finales del 2009.

Ansu tenía entonces seis añitos y ya despuntaba con el balón. Pero esta parte de la historia de los Fati es más conocida. Menos lo es que pared con pared de la casa de la madre de Ansu está ahora Radio Mujer, emisora creada por Periodistas Solidarios. Los promotores de esta oenegé nacida en el seno de la Asociación de la Prensa de Sevilla, llegaron a Bafatá precisamente de la mano de La Vanguardia siguiendo la historia de Laovo Cande, un emigrante que falleció a bordo de un cayuco que se dirigía a Canarias.


Orgullosos

Cuando Ansu Fati debutó con el Barça el Gobierno de Guinea-Bissau emitió un comunicado oficial

Era el año 2007 y de aquel encuentro surgió un proyecto de cooperación que ha hecho realidad dos escuelas, un centro de salud, una granja avícola, nuevos campos de cultivo, una cooperativa, pozos de agua y la citada emisora de radio hecha íntegramente por mujeres. Como era de esperar, Ansu Fati ha decidido colaborar con Periodistas Solidarios en su empeño por desarrollar su ciudad de origen. El compromiso incluye un viaje de promoción a Bafatá. Sueña hacerlo con Bori y María Lourdes y con el apoyo oficial del Barça.



Lo mismo que Angola, Mozambique, Santo Tomé y Príncipe y Cabo Verde, Guinea-Bissau logró la independencia en 1974 con la retirada del ejército portugués tras la Revolución del 25 Abril. Once años en guerra que desangraron al país, aunque siguieron diez años de vino y rosas que dieron a este pequeño país de la costa atlántica el sobrenombre de “la Suiza de África”. Llegó a tener incluso una fábrica de montaje de coches Volvo. Hasta que, en 1985, el general Nino Viera dio un golpe de Estado que metió al país en una espiral de ruina imparable, sucesivos golpes militares, gobiernos corruptos, guerras civiles y tráfico de drogas institucionalizado. Ocupa el puesto 178 en el índice de desarrollo humano. La esperanza de vida al nacer no supera los 55 años.

Con poco más de millón y medio de habitantes, Guinea-Bissau es una amalgama de culturas. Más de treinta etnias conviven en su territorio, cada una con su lengua y costumbres: balantas, fulas, mandingas, pepeles, manjacos, biafadas, mancañes… Conviven de manera ejemplar, no es extraño encontrar matrimonios entre miembros de etnias diferentes e incluso entre católicos y musulmanes. De hecho, Bori es mandinga y María Lourdes, fula.

La idea de una visita de Ansu Fati a Guinea-Bissau es calificada de “apoteósica” y entusiasma a Secu Corvo, excompañero de Bori en las filas del Sporting. El país entero se echaría a la calle. Lo corrobora Iloi Malam Sano, entonces capitán del equipo. El Gobierno en pleno les recibiría en el aeropuerto, enfatizan ambos. El gobernador de Bafatá, Cabá Sambú, que se confiesa seguidor del Real Madrid, asegura que daría a los Fati recibimiento de jefes de Estado. Porque para los aficionados de un país tan pequeño, pobre y olvidado como éste, tener a un antiguo vecino en el primer equipo de Barça se les antoja una hazaña inimaginable. La Vanguardia ha puesto en contacto, por videoconferencia, a estos tres exjugadores del Sporting de Bafatá y ha sido testigo de las lágrimas de Bori al recordar los tiempos pasados.




LA ESPERANZA

En Bafatá confían en que la familia del futbolista y el jugador vuelvan de visita

Secu abre la conversación preguntando por cada uno de los miembros de la familia. Es la tradición. Hay que preguntar hasta por la salud del mango que da sombra en el jardín. Media hora después de los saludos, Secu hace la siguiente recomendación: “Bori, no debe importarte ser conocido en el mundo del fútbol como el padre de Ansu. En Bafatá, Ansu siempre será el hijo de Bori”. A Ansu le piden Secu e Iloi que venga a conocerlos. A continuación, los viejos compañeros se enzarzan en una interminable sucesión de buenos recuerdos. El Sporting fue campeón de la liga en el 87, con Bori en sus filas, y después, en el 2005. Entonces sí que eran los Leones del Este. “Contigo, Bori, el Sporting nunca estuvo en apuros”, le dice el excapitán. Le comenta a Bori que él tenía talento natural y que si hubiera tenido escuela, sería mejor que Ansu.

Buenos recuerdos y no tan buenos porque muchos de aquellos Leones del Este tenían que entrenar descalzos. Tiempos difíciles que no han hecho más que empeorar en un país que parece condenado a la pobreza. O a la emigración como única esperanza. A Bori se le hace un nudo en la garganta y no puede disimular las lágrimas cuando se compromete a volver (no lo ha hecho nunca desde que emigró), aunque asegura que nunca ha olvidado ni olvidará a la gente de país. “Os prometo que pronto estaremos otra vez fundidos en un abrazo, compañeros”. Como en los viejos tiempos.



Cortesia de La Vanguardia

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