Formentera reabrió sus puertas al mundo la semana pasada. Habían pasado 100 días exactos desde la declaración del estado de alarma hasta el 22 de junio, situación que dejó a la isla aún más lejos del mundo de lo habitual. Se establecieron unos servicios de transporte marítimo reducidos a la mínima expresión y únicamente hacia el puerto de Ibiza para toda persona que quisiera llegar o salir de esta pequeña isla de 83 kilómetros cuadrados que no tiene aeropuerto ni aeródromo, pues una instalación aérea de este tipo ni está ni se le espera.

Formentera, que no tiene ni un semáforo, una longitud de 20 kilómetros y en su parte más estrecha mide tan solo 2.000 metros, es un territorio en el que se vive la llamada doble insularidad. Esto implica que para llegar desde cualquier lugar hasta allí hay que pasar por una segunda isla donde cambiar de barco o tomar un avión como parada intermedia, algo similar a lo que ocurre en otras islas españolas como La Gomera, El Hierro o La Graciosa. Hace unos años, la naviera Baleària rompió esta doble insularidad en Formentera ofreciendo una línea directa desde el puerto de Denia, en Alicante, al de La Savina.



La Vanguardia pudo tomar uno de los primeros barcos directos entre la península y Formentera, el Ramón Llull, un fast ferry de fabricación italiana con capacidad para casi 500 viajeros y un centenar de coches que une ambos puertos en poco más de dos horas. Desde que se ha retomado esta operación, los embarques son diferentes y la habitual fluidez se ha ralentizado y adaptado a los nuevos tiempos, tanto para los viajeros que viajan con vehículo o embarcan por la terminal de la naviera en Denia, que es también su sede central.

Diferentes empleados de la compañía toman la temperatura a los viajeros con billete con termómetros digitales. Si se detectan fiebre o síntomas compatibles con el coronavirus, se deniega el embarque. Todos los viajeros y tripulantes han de llevar máscara a bordo y la naviera también ha establecido un protocolo de limpieza y control a bordo en el que se incluye un área de aislamiento de pasajeros con síntomas de Covid19 y voluntariamente ha reducido el número de butacas para facilitar mayor distancia entre los viajeros.

Pasarelas y mar en Ses Platgetes, Formentera
(C.I. Formentera)





Un mar y un puerto diferentes

Lluís Torres, capitán de la marina mercante y vecino de Sitges, está actualmente al mando del Ramon Llull. Reconoce que desde que han retomado la operación ha visto un mar cambiado, con mucho menos tráfico, sobre todo en el paso de los Freus, entre Ibiza y Formentera y viendo las aguas más transparentes, si cabe, en una zona que es conocida precisamente por ello gracias a las enormes praderas de posidonia que limpian de forma natural estas aguas y cuya importancia a veces no se entiende por parte de muchos barcos que fondean en la zona.

La travesía pasa rápida y la costa oeste de la isla aparece enseguida por estribor. La maniobra en el puerto de La Savina se ejecuta con suavidad y poco después de las 10 de la mañana el barco queda atracado en el dique de abrigo. Como todo es cuestión de proporciones, los 83 metros del Ramon Llull son notables en este puerto, aunque en otros ya no impone igual si queda amarrado junto a los 186 metros del Hedy Lamarr o los 190 del Abel Matutes, ambos de la misma naviera.

Estos días, las aguas de La Savina tienen un aspecto singular: están lejos de su ritmo habitual, pues en circunstancias normales hay más de 100 movimientos de barcos comerciales al día, a los que hay que añadir los deportivos, de recreo y pesqueros. En el muelle, y siguiendo un protocolo establecido por el gobierno de Baleares, la habitual llegada holgada de pasajeros se convierte en una larga cola para someter a todos los viajeros a un control sanitario si no llegan desde Ibiza: de nuevo se toma la temperatura a los recién llegados y se ha de rellenar un formulario con datos de contacto por si el viajero ha de ser localizado durante su estancia.




Tranquilidad que vuelve a arrancar

Caló des Mort, en Formentera, aun sin turistas
Caló des Mort, en Formentera, aun sin turistas
(C.I. Formentera)

La Savina, el punto por donde pasa prácticamente todo lo que entra y sale de la isla, no tiene la intensidad habitual de viajeros, aunque se nota que ya se ha recuperado cierto ritmo: desde hace unas semanas los habitantes de Baleares ya podían moverse entre todos los territorios de la comunidad autónoma y eso ha animado algo la movilidad interinsular.

El presidente de Baleària, Adolfo Utor, también ha aprovechado la tranquilidad de la isla para pasar la festividad de San Juan allí. Llama la atención ver a Adolfo Utor sin traje. Lo localizamos en camiseta con gafas de sol y barba sobre una pequeña moto circulando por Sant Francesc, la capital de Formentera. Uno de los principales armadores de España y una de las voces más escuchadas del sector naviero y turístico se relaja aquí, donde viaja, reconoce, desde que tiene ‘uso de razón’ y es el lugar del mundo donde se siente realmente relajado.



No es el único al que esta isla le tranquiliza, aunque este esté casi permanentemente conectado y tenga a su empresa siempre en la cabeza: detenta el 57% de las acciones y sabe dónde está navegando cada barco y prácticamente cada persona que trabaja en la empresa. En esta línea, adelanta que en unos días Formentera perderá en otro frente su doble insularidad, pues se establecerá también una línea directa entre los puertos de Palma y La Savina que se cubrirá en unas tres horas de navegación con el mismo buque que cubre la línea de Denia. De este modo se facilita la llegada de mallorquines a Formentera y la salida de locales a la capital del archipiélago.


Turismo local

Una de las cosas que más llama la atención en estos primeros días post-estado de alarma en Formentera es que de manera casi exclusiva se oye el catalán (o mallorquín o formenterenc) y el castellano. La lengua italiana se oye ahora esporádicamente, cuando desde hace muchos veranos se había convertido en idioma predominante y no hay prácticamente turismo extranjero. Llegará en los primeros días de julio.

Para el barcelonés Carlos Bernús, director de promoción turística de Formentera y residente en la isla desde hace 14 años, la situación vivida estos últimos meses ha marcado a una isla que, aun bajando notablemente su ritmo de noviembre a abril, nunca se había visto y vivido tan tranquila. Bernús, enamorado desde pequeño del lugar en que ha echado raíces, trabaja para el Consell Insular vendiendo la isla por el mundo y conoce perfectamente el comportamiento de los mercados nacionales internacionales, tanto por experiencia propia como por los informes que le llegan sobre el interés que suscita y reconoce que para el visitante este puede ser uno de los veranos más interesantes vividos en una isla más tranquila de lo habitual y con el grueso de visitantes de procedencia española.



“Si nada se tuerce, el arranque de estos primeros días va a crecer enseguida y tendremos una temporada razonablemente buena. Nos van llegando datos que son alentadores”, reconoce tras una máscara que se ha convertido en un objeto tan habitual en Formentera como en cualquier otra ciudad de Europa. Llama la atención ver esa protección higiénica en contraste con el tono informal de la mayor parte de gente que circula relajada en atuendo y actitud por una isla tranquila. Muy tranquila.


Aguas como hace décadas

Un pescador en las aguas tranquilas de Formentera
Un pescador en las aguas tranquilas de Formentera
(C.I. Formentera)

Otro residente en Formentera (y a caballo con Ibiza) es Manu San Félix, biólogo marino, propietario de la academia de buceo Vellmarí, en pleno puerto de La Savina y director de fotografía subacuática de la organización National Geographic. Conocedor de las aguas de la isla desde hace décadas y radical defensor del cuidado de las praderas de posidonia, reconoce que nunca había visto sus aguas tan limpias como en los últimos tiempos. “La actividad humana ha bajado a mínimos históricos y eso se ha visto en un brevísimo espacio de tiempo en las aguas de Formentera: transparentes como nunca.



“Ya no es solo la navegación, sino el propio uso de depuradoras, los ruidos… hay un montón de factores que han hecho que viésemos unas aguas y una variedad de vida en los fondos que hacia años o quizá décadas que no presentaban este aspecto. Da mucho que pensar y hay que actuar en este sentido: tenemos que cuidar las cosas para cuidarnos todos”. El biólogo también reconoce que fuera del agua también se ha vivido una época de naturaleza exultante y que estos meses de parada le han sentado realmente bien a una isla en la que, si bien el 80% del territorio cuenta con protección, es un entorno tan especial como atractivo y delicado.


Playas tranquilas, locales aun por abrir

Circular estos días por la PM-820, la carretera principal de la isla es un placer, como también lo es desviarse desde ella a norte y sur, llegar a playas y calas o a los faros de Barbaría (elevado a leyenda fotográfica desde ser el coprotagonista del cartel de ‘Lucia y el Sexo) o el de La Mola, venerado por su localización y por ser, inspiración de Julio Verne para su novela Héctor Servadac, aunque nunca estuvo allí.

Otro que tampoco estuvo allí, aunque también elevó la leyenda de Formentera como lugar inspirador fue Bob Dylan, personaje imán para muchos y del que se dijo que en una época de reencuentro consigo mismo pasó una temporada allí. El veterano Carmelo Convalía, delegado del Diario de Ibiza en Formentera desmontó la historia tras un intenso trabajo en busca de cualquier prueba… que no halló y así lo publicó en 2016.

El ferry Ramon Llull que lleva a la isla de Formentera desde Denia ha vuelto a funcionar con nuevos procedimientos y medidas de higiene
El ferry Ramon Llull que lleva a la isla de Formentera desde Denia ha vuelto a funcionar con nuevos procedimientos y medidas de higiene
(Javier Ortega Figueiral)

Pocas personas conocen tan bien a toda la población local como la farmacéutica Marta Pons, que desde el establecimiento de Sant Francesc Xavier, capital y único municipio de la isla, ha visto pasar prácticamente a todos los habitantes durante el período de alarma. “Al contrario que la calma general de Formentera, aquí hemos trabajado sin parar. Ahora las sensaciones son más tranquilas y afrontaremos un verano muy diferente a los que hemos vivido en los últimos años”, comenta, mientras anhela salir de la isla en cuanto pueda para ir a uno de sus paisajes favoritos: la Cerdanya catalana. “Esta isla es singular: somos muy pocos y hay una fuerte sensación de pertenencia a un sitio que hay que defender para que continúe teniendo ese atractivo”, dice.

El atractivo de la isla comentado por Pons, unido a la poca incidencia que ha tenido la Covid-19 en el territorio, ha hecho que Formentera haya recibido una atención mediática que no hubiera previsto siquiera una campaña de marketing al más alto nivel. La presidenta del Consell Insular, Alejandra Ferrer Kirschbaum, se ha convertido en las últimas semanas en un rostro habitual en televisiones, en coincidencia con la desescalada del confinamiento, en la que La Gomera, El Hierro, La Graciosa y Formentera han ido a la cabeza a nivel estatal.

Iglesia en San Francesc Xavier, capital de la isla de Formentera
Iglesia en San Francesc Xavier, capital de la isla de Formentera
(C.I. Formentera)

El pasado 15 de junio Ferrer cumplió un año en el cargo, y en aquel momento subrayó que el objetivo de su presidencia y su política era clara: “conseguir que todos seamos más felices”, dijo. Al asumir la responsabilidad política más alta de la isla prometió trabajar para proteger el entorno e identidad de Formentera, facilitar el acceso a la vivienda, promover una economía justa y bien distribuida y conseguir una Isla para las personas. Esto último ya es realidad en eset territorio, pues en las próximas semanas y meses, quien visite Formentera la conocerá a una escala mucho más humana y aun más tranquila de lo habitual.

En todo caso, Formentera es inspiradora, única y aunque de ella se ha dicho que es ‘el Caribe del Mediterráneo’ no le hace falta compararse con ningún lugar: es importante en sí misma y un territorio especial, único, pequeño y donde todo fluye de un modo diferente al resto del mundo. Aquella pequeña isla que en los 60 se convirtió en obligada peregrinación para una generación en busca de paraísos perdidos, sigue manteniendo muchas de esas claves, aunque ahora lo hace con más confort, mejores conexiones marítimas y hasta con una fibra óptica que llega a todas partes, Tras una cuarentena que ha tenido y tiene al mundo en casa, esta es una pequeña isla que evoca la libertad y la vida en mayúsculas. Ni más ni menos.

Cortesia de La Vanguardia

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