La gran mentira del socialismo

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La ausencia de la democracia en Venezuela es notable. Entre muchas cosas que la caracterizan, el régimen la hace propia de manera mentirosa y finge mediante declaratorias públicas que somos un país democrático, que mantiene la libertad de expresión y difunde tener el mejor sistema de gobierno, usando esa gran mentira como arete formidable para la dominación total y ejercicio del poder en función de sus intereses particulares y regionales.

Gran mentira, construida con las mejores técnicas cognitivas. Someten a los medios y los canalizan hacia sus objetivos apoyados en ficciones legales logrando levantar un muro de contención hacia las expresiones de la verdad y de la real política neutralizando el razonamiento. El régimen despliega todas sus artimañas mediante la propaganda engañosa y ejerce el control intoxicando a la comunidad con cadenas y  mensajes repetidos hasta el cansancio para intentar transformar la realidad dentro del marco de su propia fantasía ideológica y pretende ocultar una gobernanza incompetente, pero todos saben que tienen otros intereses, tales como: la exportación de la revolución comunista en nombre del amor, la paz y del progreso, el ocultamiento de la corrupción, complicidad con el tráfico de drogas, mantener su privilegiada clase oligarca soportada por el poder militar, directrices y la complicidad de países antidemocráticos que desean controlar al globo.

El régimen es una dictadura con todos sus efectos destructivos en la sociedad. Sus actuaciones deliberadamente provocan el éxodo masivo de la población, inimaginable en este continente para desembarazarse de una juventud mayoritariamente profesional y contestataria que dejó los espacios políticos libres de la natural resistencia interna a una dictadura que ejerce el control social sobre la propiedad, provocando desempleo y pobreza a niveles insoportables a través de la aplicación de un modelo ya experimentado por los países comunistas que inducen el sometimiento de los pueblos y los convierte en personas muy cercanas a la ruina, abúlicas; sometidas a la desatención en la salud, generando muertes innecesarias, persecución y cárcel a los disidentes o rebeldes. Estimulan la ignorancia con pésima educación y ofertas profesionales engañosas. Como si fuera poco, convierten a la gente en empleados públicos obligados, sometidos al carnet de partido llamado eufemísticamente “carnet de la patria”, o en milicianos tarifados dejando a las fuerzas emprendedoras abandonadas a su suerte, alimentando de recursos infinitos a sus dirigentes, ahora oligarcas que sin esfuerzo alguno son ahora potentados y seguidores fieles.

La construcción de sus lineamientos y consecuente ejercicio del poder los proyecta hacia la opinión pública con la ayuda de estrategias geopolíticas del Foro de Sao Paulo y de la mentira intelectual de dirigentes internacionales conocidos por su extremismo, reunidos en el Grupo de Puebla, asociación de oligarcas socialistas privilegiados que sin escrúpulos han asumido la propaganda de ser un movimiento “progresista”, cuando en realidad son activistas que suministran las directivas adecuadas con alcance continental cuyos efectos se sienten en varios países latinoamericanos con la consabida destrucción de bienes organizadas por banda mercenarias confundidas en la protesta pública, que por cierto pueden tener fundamento, pero que fue penetrada y desvirtuada con propósitos perversos del terrorismo y la desestabilización de la democracia.

Esta estrategia es la de provocar el desprestigio de los modelos democráticos, la búsqueda del poder regional, legitimación aparente por la vía fraudulenta electoral con la ayuda del dinero, fuente inagotable producto de las menguadas reservas venezolanas, y las muy abundantes de la comercialización de los recursos naturales y de la droga, protegida como en los mejores tiempos por equipos itinerantes de mercenarios apertrechados, militarmente  equipados por rusos, cubanos, chinos y del islam que actúan bajo el juramento comunista de “patria o muerte” o de “Alá es grande”.

Toda esa forma de actuar ha penetrado los estamentos partidistas, algunos actúan últimamente como una reedición de agrupaciones en decadencia que surgen con la fuerza del oportunismo haciéndose cómplice de una supuesta negociación de paz y de sugerir cuestionados diálogos para resolver la crisis venezolana mediante elecciones parlamentarias sin cambiar significativamente el sistema.

Otros partidos tradicionales han perdido de manera importante la militancia; siguen activos en la Asamblea Nacional, muchos de sus militantes ascendieron a cargos diplomáticos interinos como consecuencia de los acuerdos internos con el régimen dentro de la gran mentira de un gobierno de transición, el cual perdió lamentablemente el piso y se mantiene con un discurso sin credibilidad popular, con sentido pragmático y de apariencias. Sobreviven con el régimen y logran algunas concesiones para continuar en el sistema bajo cualquier circunstancia.

La dirigencia de tales partidos se desconectó hace tiempo de su militancia y en general de la población como se puede verificar fácilmente con el resultado de varias encuestas que retratan claramente la pérdida de ascendencia popular, que desconfían de ellos, que los ignora en sus gestiones de mentira y la de intentar potenciar la cuestionable salida mediante una elección violando sus propio preceptos del condicionamiento de la salida del usurpador, de un gobierno de transición y elecciones libres. Si el acuerdo se impone habrá una formidable abstención si no hay un cambio en el proceso electoral donde no esté claro el papel de nuevos rectores independientes, un registro electoral completamente revisado y un sistema de procesamiento manual claro y transparente.

Los partidos políticos que han acordado esa odiosa complicidad dicen representar a un sistema verdaderamente democrático, pero lo que no dicen es que se sustentan en un poder ilegitimo ya que sus dirigentes tienen el mismo tiempo como directivos que el régimen chavista en el poder, que no convocan elecciones internas y se erigen como jefes de sus partidos cuya militancia también migró para engrosar la fila de los que dicen que no se meten ya en política, decepcionados de tanto engaño. Esos dirigentes ignoran la gran presión de los  nuevos líderes y rápidamente los hunden en el tremedal de los intereses particulares. La apariencia de defensa del sistema democrático los ve luchando peleas perdidas con los veteranos de siempre que incluso irradian su influencia hacia instituciones, gremios y sindicatos cuyos dirigentes tiene docenas de años en los mismos cargos negando el derecho de sustitución, cual dictadores de segmentos sociales. Con ese entorno ¿cómo se puede esperar el cambio del modelo político?

No estamos rendidos ante el avance de los intereses perversos del régimen y de los países antidemocráticos que lo apoyan cuyo objetivo es el apoderamiento regional con el uso del terrorismo internacional y el estímulo a las protestas planeadas para desestabilizar a los gobiernos democráticos y expandir su influencia perversa cediendo al crimen internacional organizado los mecanismos ilícitos para coadyuvar al apoderamiento  de gobiernos, instituciones, empresas y grupos usando sin discriminación nuevos métodos empleados por las dictaduras posmodernas tales como: la mentira, la propaganda de una falsa visión progresista, justa, democrática y cultura de paz. Falsamente han creído que las potencias del Este, apoyándose en la cabecera de playa lograda en Venezuela, pueden extenderla al resto del continente americano para concretar sus utópicos sueños de dominación.

La resistencia popular y la demostración de la verdad van a llegar muy lejos en el rescate de la libertad. América no será socialista, adversada por una sociedad de honestos que hasta ahora luchan en sus propias burbujas, escribiendo, denunciando y diciendo la verdad demostrada.

Llegó la hora de que diversas agrupaciones en Venezuela que han hecho todos los diagnósticos del caso, comunicados, denuncias, que han aportado pruebas contra los engaños y la corrupción generalizada; que han desarrollado multitud de iniciativas sociales que necesariamente requiere que se agrupen en un movimiento ciudadano que rescate a los partidos, sean referencia válida y multitudinaria; de que sus miembros más prominentes éticos y capaces converjan hacia factores comunes y logren desarrollar una referencia de política avanzada que haga contrapeso a los directrices socialistas en este desastre de país; de que contribuyan a frenar la expansión bolchevique en América y que sea referencia válida para un gobierno de transición que necesariamente nos debe sacar del caos y rescatar la dignidad de las personas.

Una gran mentira cuyo manto esconde ideas de dominación debe ser enfrentada sin rubor, con la verdad y con soluciones pragmáticas que pongan fin al desastre humanitario. Como la resistencia al cambio por parte del régimen es muy poderosa, entre otras cosas, por el riesgo de ser juzgados y sentenciados por los crímenes cometidos, la intervención multinacional adquiere gran relevancia en nombre de la democracia y de sus preceptos fundamentales. No debe entonces tenerse miedo a su aplicación para desalojar la usurpación.

Existen formas de impedir las limitaciones a la libertad política; no existen técnicas para implantar la democracia a menos que se defienda, cerrando el paso a los ardides del chavismo, de los llamados “progresistas” y de las murallas de contención de los partidos comprometidos. La crisis de este país amerita una intervención humanitaria de los países democráticos ante la gravedad de las penurias de la gente y la destrucción de la democracia sino también del peligro de un continente que es invadido silenciosamente.

La libertad se logra con el fruto de la rebelión civil y la ayuda de países democráticos. Hay otra alternativa antes de que la destrucción se complete y es que sean neutralizados por una solución militar, reeditando viejos tiempos bien conocidos en América Latina. Los líderes de la democracia no pueden permanecer indiferentes y usar solo la retórica y observar con mirada indiferente, como lo hace el denominado imperio, que no puede seguir viendo su patio trasero arder en los fuegos provocados por los intereses socialistas en nuestro país y en la región.

Como decía García-Trevijano: “La libertad es ilusoria si los hechos no son verídicos, el engaño es más difícil de abatir que la dictadura”.