La fórmula de Bolivia

La ofensiva general desplegada por el Foro de Sao Paulo en América Latina, para recuperar la iniciativa política y tomar el poder allí donde sea posible, ha tenido un brusco frenazo con la caída del presidente autoritario de Bolivia, Evo Morales.

Por supuesto que la renuncia forzada de Evo Morales no significa que la estrategia del Foro de Sao Paulo para la toma del poder, ha sido derrotada totalmente. Pero podría tener un “efecto dominó”, o sea, que arrastre a otro régimen de la misma alianza Alba, ya sea el de Nicolás Maduro en Venezuela o el de Ortega en Nicaragua. Podría ser, y ojalá que así fuese, aunque nadie lo puede asegurar con certeza.

Evo Morales cayó del poder por la conjunción simultánea e irresistible de tres factores fundamentales: uno, la poderosa movilización popular; dos, el informe de la auditoría electoral de la OEA que demostró el gran fraude del 20 de octubre mediante el cual Evo Morales pretendía seguir atornillado al poder; y tres —lo que fue determinante—, que las Fuerzas Armadas y policiales bolivianas le quitaron el respaldo al caudillo socialista y le “sugirieron” que renunciara.

Es oportuno recordar que —como lo hemos dicho antes y lo han señalado algunos analistas—, si en Nicaragua la dictadura de Ortega no cayó como consecuencia de la gran insurrección cívica del año pasado, fue porque la Policía prefirió masacrar a los ciudadanos; y el Ejército, por afinidad ideológica, compromiso político, negocios comunes, o lo que fuese, se plegó ciegamente a Ortega en vez de sugerirle que renunciara para evitar más sufrimientos a la gente y daños al país.

La historia demuestra que cuando las fuerzas armadas dejan de apoyar a una dictadura y se ponen del lado del pueblo, este consigue liberarse. Así ocurrió en Portugal en 1974, y en 1989 pasó lo mismo en Alemania Oriental y Rumanía, para solo citar tres casos.

En sentido opuesto, o sea de aquellas dictaduras que se mantienen en el poder a pesar de las sublevaciones populares porque las fuerzas militares y policiales permanecen fieles a los dictadores, y por lo tanto reprimen sangrientamente a los ciudadanos, el caso más representativo es el de China comunista en 1989, aunque no ha sido el único.

La masacre de junio de 1989 en la plaza de Tiananmén, perpetrada por la Policía y el Ejército de China para sostener en el poder a la dictadura comunista, dejó un saldo de 300 muertos —según informó el régimen—, pero alrededor de 2,000 de acuerdo con el recuento de Amnistía Internacional y otros organismos humanitarios extranjeros.

En Nicaragua se mantiene la dictadura pero también continúa la resistencia cívica y la presión internacional por una salida democrática de la crisis, mediante elecciones libres, limpias y observadas. Lo cual se podría conseguir más fácilmente con la fórmula boliviana, o sea, que el Ejército aconseje al dictador que renuncie o acuerde con la oposición un plan para el regreso a la democracia.

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