Sin duda dejó en evidencia la necesidad de facilitar más ampliamente las interacciones digitales y las debilidades en la materia en relación a capacidades institucionales de gestión, niveles de formación de los docentes, equipamientos de estudiantes, docentes y ámbitos institucionales, existencia de recursos de aprendizaje, así como los niveles de apoyo o la existencia de protocolos claros, al igual que también develó las carencias en los equipamientos y los niveles de conectividad en los hogares.

Pero al mismo tiempo, y casi contradictoriamente, revalorizó la educación presencial, en lo que refiere a la creación de competencias, a la realización y supervisión de las prácticas de laboratorio, así como en las actividades tutoriales de apoyo y sin duda a las interacciones sociales y de asistencia tutorial y atención individualizada del docente, así como incluso de la libertad de los padres para poder realizar sus propias actividades sociales.

Y sin duda, también mostró la existencia – aún- de algunas limitaciones tecnológicas como la dificultad de realizar los exámenes y otras evaluaciones en línea con suficiente garantía de la identificación de los participantes.

Aunque mucho se ha avanzado en los sistemas de verificación del plagiarismo, y de los sistemas de evaluación automatizada del tipo de selección múltiple, aún faltan desarrollos de escala masiva y a precios realmente asequibles de la verificación de la identidad de los estudiantes, bien sea de iris, huella o rasgos faciales.

LO MEJOR DE AMBOS MUNDOS

De hecho, se develó una complementariedad y un necesario equilibrio entre los dos componentes -presencial y virtual-, o sea mediado por tecnología, que hizo poner la mirada más atentamente, a modelos que permitieran combinar, lo mejor de ambos mundo.

La búsqueda de las mejores eficiencias didácticas para alcanzar los mejores aprendizajes es el objeto de la pedagogía, pero que en el contexto de la pandemia y del lento regreso a las clases especialmente en el nivel universitario, se transformó en una prioridad de política pública.

A ello se agregan además las tradicionales demandas de una mayor flexibilidad de los procesos de enseñanza, de una mayor centralidad educativa en el aprendizaje y no tanto en la enseñanza, así como la búsqueda de un uso más intensivo de la virtualidad en los procesos de enseñanza y del aprender haciendo, todo lo cual ha colocado una atención mayor por parte de los niveles más altos de los actores educativos, de la necesidad de facilitar a futuro una educación híbrida.

Hace tiempo que múltiples equipos académicos hemos venido sosteniendo la necesidad de una nueva articulación de los procesos de enseñanza entre el trabajo docente director y las tecnologías de comunicación para alcanzar los mejores niveles de calidad y eficiencia.

En el año 2014, el Informe de NMC Horizon Report: 2014 Higher Education Edition, dedicado a analizar las tendencias de la tecnología en la enseñanza ya identificó a la educación híbrida como uno de los escenarios que se iban a desarrollar en los siguientes años y ponderaba como uno de los más importantes avances a esta modalidad educativa.

Aun cuando ya era un tema de reflexión y atención por múltiples equipos e investigaciones, desde ese momento, la reflexión pedagógica e intelectual fue acelerándose sobre el significado de dicho concepto y sus alcances e implicaciones en los pedagógico, lo organizativo y en sus características como un modelo propio más allá de sus componentes de trabajo docente presencial y de insumos tecnológicos y de trabajos docentes y técnicos interdisciplinarios mediado por redes digitales.

Actualmente se concibe a la educación híbrida más que el mero resultado de la mezcla de métodos de enseñanza y de formas de gestión presencial y virtual. Más allá de esta simbiosis, se lo visualiza como un modelo propio pedagógico y no fragmentado entre componentes presenciales y virtuales y como el más idóneo en el contexto de la actual disrupción digital para alcanzar con mayor cobertura y calidad.

Su eje no son criterios sanitarios buscando el establecimiento de la distancia física requerida, sino que son conveniencias educativas, de articular eficientemente las enormes posibilidades de lo digital con las interacciones presenciales educativas, la realidad con la simulación de las realidades, la transferencia de la información y la superación de las distancias físicas y los traslados o las carencias de infraestructuras, junto con los beneficios tutoriales y docentes.

LA NUEVA PEDAGOGÍA HIBRIDA

Los avances de las tecnologías digitales, han creado escenarios de mayor interacción e incluso de representación de la realidad como la realidad aumentada o simulada, brindando múltiples oportunidades a los procesos de enseñanza.

La convergencia de texto, imagen y sonido, junto a la programación, no sólo permitió el desarrollo de multimedia, sino de los llamados MOOCs que permiten concebir nuevos roles en los ambientes de aprendizaje tanto en la red como en las aulas, y con ellos nuevas interacciones educativas.

Igualmente, el uso de videos, laboratorios informáticos vinculados también a la nube, aulas invertidas y muchas otras formas didácticas o de recursos de aprendizaje, permiten mayores niveles de flexibilidad, atención y colaboración, que logran articular eficientemente un modelo de educación híbrida y al tiempo permitir los niveles de asistencia personal docente necesaria en forma sincónica y asincrónica para mejorar los aprendizajes.

La educación hibrida, implica la construcción de una nueva pedagogía, formas de gestión diferenciadas con uso de formas sincrónicas, asincrónicas, automatizadas y manuales, y dinámicas más flexibles de atender la creciente demanda de acceso y promover la creación de diversidad de ambientes de aprendizaje ajustados a las singularidades de los diversos campos profesionales, del conocimiento y sociales.

La educación híbrida expresa una articulación entre el trabajo docente y los ambientes virtuales, y al tiempo mejora las experiencias estudiantiles y docentes y crea interacciones pedagógicas más acordes a las realidades sociales.

El regreso a la normalidad es un proceso continuo que no será lineal, sino que como muestran las recientes experiencias de otros países, tendrá sus marchas y contramarchas.

Pero, sin duda, no tendría sentido luego de este enorme avance, especialmente en el nivel universitario e incluso en educación media, de desarrollo de procesos de enseñanza mediados por ambientes digitales, hacer un borrón y cuenta nueva y volver atrás.

El camino es seguir avanzando hacia una educación hibrida, construir una nueva dinámica educativa con una nueva articulación entre lo presencial y lo digital y superar los modelos hiper saturados de las aulas con un enfoque catedrático y memorístico.

Esta es la oportunidad para introducir, a partir de los beneficios de los enormes esfuerzos docentes, técnicos e institucionales realizados gracias a la pandemia, para consolidar la educación híbrida, e incluso, de paso, también instalar definitivamente algo de educación a distancia que el país aún carece y que muchas personas necesitan.

Cortesia de La Republica

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