Julio Lamas y la increíble experiencia deportiva y social de dirigir a Japón – Argentina Noticias Ultima Hora

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No pasarán más que unos segundos antes de que Julio Lamas tome entre sus dedos los pequeños pedazos que quedan de los sobrecitos de azúcar y edulcorante, los apriete haciéndolos bollitos minúsculos y los acomode a un costado de la bandeja que acaba de dejar la mesera.

Dice que es una costumbre que adquirió en Japón, donde dirige al seleccionado de básquet desde la segunda mitad de 2017: “Ahora participo de la limpieza en los lugares comunes; es decir, no solamente me preocupo por no no ensuciar yo: si estoy un lugar que no es mío, pero puedo colaborar con la limpieza, lo hago”.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

Al cabo, el experimentado entrenador aprendió del ejemplo. “Si vamos a comer, y somos ocho, todos limpian todo -explica-. Pero pasa en todos los ámbitos, eh. En un entrenamiento, si cae una gota al piso, se tiran de paloma. Y no te hablo del personal de limpieza: lo hace un jugador, la kinesióloga, el médico…”

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-¿Incorporaste más cosas?

-No interrumpir al otro cuando habla (risas).

A los 53 años, y pese a haber dirigido a la Selección Argentina o al Real Madrid, Lamas se embarcó en lo que no duda en llamar “el desafío más grande como entrenador y líder de un grupo”.

Hoy, con 55 velitas, justifica tamaña definición: “He tenido que adaptarme a los cambios, crear herramientas y aprender cosas en un escenario totalmente distinto. Cuando termine la etapa de 3 años después del Juego Olímpico (de 2020) creo que habré crecido como profesional y como persona. Es una experiencia súper interesante”.

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-¿Qué te sorprendió socialmente, aunque hoy quizás ya lo tengas naturalizado?

-Si a mí un día se me ocurre ir antes a trabajar y los empleados llegan después que yo, al día siguiente van a ir dos horas antes aunque no deban. Mi relación con los jugadores es distinta: a un argentino le miro la cara y probablemente sepa qué le pasa; allá no lo interpreto. Hay pocos gestos, yo no los conozco, hay un respeto muy grande por la jerarquía y una formalidad en el lugar de trabajo que hace que yo tenga que buscar esas respuestas de otra manera. En el momento de trabajar son muy estructurados y no es fácil acercarse; entonces intentaba juntarme a tomar un café o comer con ellos.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

-¿Y qué reacciones encontraste?

-Mirá, si yo le hacía así (hace el gesto de tomar del brazo), el jugador se retraía. Ellos no se tocan en el espacio laboral. Unos meses después, les expliqué que era una muestra de confianza, un decirles “sos mi jugador, vamos, estamos juntos”. Es una manera de comunicarnos, también. Les dije que si no les molestaba, era una forma mía de transmitir. Ellos lo aceptaron y así fuimos construyendo la relación y el vínculo.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

En ese conocimiento mutuo, que hoy está mucho más aceitado pero que comenzó en forma de pasos muy pequeños y progresos que, al inicio, eran apenas visibles, hubo una llave vital que poco sorprende: los pibes.

“En Argentina, si yo mandaba a que un jugador llevara su marca hacia la derecha, y él pensaba que era mejor llevarlo a la izquierda, me decía ‘Julio, mirá que me parece que es mejor así'. Acá tuve que generar ese clima -explica Lamas-. Una hora antes del entrenamiento estoy para que vengan a hablarme; en otros casos armo reuniones para que se abran… Lo logré con los jugadores más jóvenes: los que tienen 23 o 24 años ya dieron ese paso. Los más grandes todavía no. Los chicos hasta se animaron a hacer alguna broma”.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

-¿Por dónde pasaron los mayores desafíos en este marco de aprendizaje mutuo?

-Por conocer no sólo el básquet japonés sino la cultura del país, y recién a partir de ahí empezar a tomar decisiones. La forma de ser del jugador japonés y su personalidad son totalmente opuestas a las del argentino. Entonces tuve que adaptarme a ellos y modificar cosas, en mi sistema de gestión y liderazgo, buscando que lo que hiciera le fuera útil al proyecto.

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-Así como buscaste meter algunas pequeñas cosas “latinas” en el vínculo, ¿qué cosas orientales introdujiste en tu dinámica de trabajo?

-Las reuniones son al estilo japonés: largas. El staff entero participa del entrenamiento y necesitan saber permanentemente qué va a pasar. No está en su ser el desconocimiento de algo, por más que no sea su área. Si algo los sorprende, están incómodos. Acá muchas veces se programa el entrenamiento del día siguiente según cómo fue el del día de hoy; allá es muy difícil que suceda eso.

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-La vida cotidiana y social, ¿te sigue resultando muy diferente?

-En lo que es ir a comer o al supermercado, ya es como hacerlo en Buenos Aires. Hoy mi vida es completamente normal. Mi vida social está más ceñida a las relaciones laborales, pero tengo a mi compañero en esta aventura que es Hernán Mándole, mi segundo entrenador, que está casi todo el tiempo conmigo y vive en el mismo edificio que yo.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

La familia de Lamas suele visitarlo en algunas etapas del año, momentos en los que, según sus propias palabras, está “todo como uno quiere”. Dice: “Cuando llego a casa y están mi esposa y mis hijos, y compartimos esta experiencia cultural, es estupendo. Con las visitas se arman los paseos familiares, las milanesas, el mate, el jugar al Uno…”

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

El sushi encabeza su predilección porque ya le gustaba de antemano, pero ahora conoce un sinfín de variedades. Cuando comienza a nombrarlas (“de atún, de anguila, de pez globo, de pulpo” y siguen las formas) parece meterse en la piel de Benjamin Bubba Blue, el entrañable amigo de Forrest Gump en la película homónima. No le queda mal el traje: queda claro que lleva la actuación, esa pasión descartada a regañadientes, en la sangre.

El Japón basquetbolero

-Así como aprendiste cosas culturalmente, ¿tuviste que ser una suerte de docente deportivo en algún momento?

-No desde la mirada del “ellos no saben”. Sí quizás a la hora de provocar algunos cambios. En Japón se miraba mucho básquet norteamericano; hay cosas del básquet FIBA que tuve que tratar de instalar. En FIBA hay más contacto que en la NBA; tuve que introducir a los jugadores y al equipo en el mejor uso de los contactos legales: en la defensa, en el bloqueo, en ataque. No le escapaban al roce, sino que no lo tenían incorporado. Ahí les mostramos el camino. Y no queremos que jueguen como argentinos: los hacemos jugar a la manera japonesa.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

-¿Y cómo sería?

-Ellos son inteligentes, disciplinados, trabajadores. Yo tuve que empujar al equipo a que se anime a tomar más decisiones aunque ello implicara cometer errores. Y tratar de desafiar más a los rivales que se sabía que eran mejores, pero también desafiarnos a nosotros mismos.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

-Es como que ibas probando qué tanto se podía hacer e incidir un poquito, ¿no?

-Claro. Yo trataba de no modificar nada si no estaba convencido de que era algo imprescindible para mejorar. Elegí las tres o cuatro cosas que sabía que sin ellas no podríamos crecer, por ejemplo aumentar talla, poner al pivote de ala-pivote; al ala-pivote, de alero; al alero, de escolta; y así. En agosto de 2017 jugamos un primer torneo con una talla de 1,91 (metros) de promedio y al Mundial pasado fuimos con 1,96.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

Julio Lamas, entrenador de la selección de básquetbol de Japón. Foto: Gentileza familia Lamas.

-¿Por qué creés que te eligieron para conducir este proceso?

​-Ellos pudieron haber contratado un norteamericano pero fueron bien claros: pensaron primero en el básquet FIBA, porque no tienen la misma condición atlética de los norteamericanos. Luego pensaron en España, Serbia y Argentina como las fuerzas dominantes. Y terminaron buscando un entrenador argentino porque este país hizo cosas muy grandes para los recursos con los que cuenta.

Basketball - FIBA World Cup - First Round - Group E - Japan v Czech Republic - Shanghai Oriental Sports Center, Shanghai, China - September 3, 2019 Japan coach Julio Lamas reacts REUTERS/Aly Song

Basketball – FIBA World Cup – First Round – Group E – Japan v Czech Republic – Shanghai Oriental Sports Center, Shanghai, China – September 3, 2019 Japan coach Julio Lamas reacts REUTERS/Aly Song

-¿Y cómo sigue ahora? ¿Ya hablaste con los dirigentes japoneses sobre el futuro?

-Estaremos en Tokio 2020 y en el Mundial de 2023 también como organizadores. El paso que sigue es el más exigente, porque tenemos que acercarnos a los equipos de América y Europa. Hace unos meses me ofrecieron renovar hasta 2023; yo quise estirarlo hasta el Juego Olímpico y acordamos eso. Ahí terminará mi contrato y será ese el momento para estudiar la situación de ambos lados.



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