Jorge Bucardo resucitó en Nicaragua: De ser un prospecto valorado por San Francisco a tocar fondo durante dos años

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Jorge Bucardo sabe muy bien que en el deporte no solo caben los resultados, también las lágrimas. Él pasó por dos años llorando internamente. Tenía una alta valoración. Unas publicaciones lo colocaban como el noveno prospecto en la organización de San Francisco detrás de nombres como Zack Weeler y Brandon Belt. Pasó rápidamente del éxito al fracaso cuando una maldita lesión en el manguito rotador bloqueó su progreso. No obstante, a sus 30 años Bucardo se convirtió en un ejemplo que se puede salir del fondo. Se despojó de su infierno llamado lesión y aunque terminó el sueño de ser un Grandes Ligas, empezó a dejar una huella en el beisbol nacional, llegando a ser la principal figura de la pelota nicaragüense. Ese tiro fijo que tanto se había buscado a nivel local.

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Este último año fue magistral en tu carrera al punto que le estabas tirando un juego perfecto a Cuba ¿Cómo lo recordás?

Siempre hay respeto con Cuba: la cuna del beisbol. No importa los que vengan siempre son buenos. Tuve cuidado en no equivocarme, tomando el control y estudiándolos. Aproveché cada detalle de cómo se paraban, de cómo le hacían swing a la pelota y la distancia que tomaban del plato. Eso me ayudó. Eso me lo da la experiencia. He ido aprendiendo conforme el tiempo y el receptor ayuda bastante.

¿Cuál ha sido tu mejor momento?

El año pasado porque tuve un buen desempeño con la Selección Nacional, también en el Campeonato de Primera División y en los juegos amistoso.

¿Cuál crees que ha sido el problema de Nicaragua a nivel internacional?

No hacemos los ajustes a tiempo. Se manda a hacer cosas y no terminan saliendo. Luego están los errores.

¿Cómo mezclas tus pitcheos?

Trató de tirar el sinker siempre que es el mejor, luego el cambio en dependencia del conteo y del bateador. Posteriormente, me fijo qué espera el bateador y tiro lo contrario. Yo tengo la recta, el sinker, el cambio, cutter, slider y el split finger. El cutter me gusta tirárselo a los zurdos.

¿Quién te enseñó tus pitcheos?

Yo los aprendí solo. Cuando pasas por un mal momento y te das cuenta que tus pitcheos son descifrados te surge la necesidad de aprender más para dominar. Casualmente hace tres años inventé un lanzamiento y le digo el binomio porque me coloco la pelota entre el dedo medio y el anular. No se lo he visto lanzar a otra persona.  Me ha dado resultado. Cuando le lanzaba a los zurdos de León me funcionó.

¿Siempre quisiste ser beisbolista?

Sí, siempre quise serlo. Recuerdo que mi papá me regañaba y me iba escondido a jugar con los vecinos y nos castigaba. Y ahora que le recuerdo eso le digo que eso nos mantiene y se pone a reír.

¿Qué pensás hacer cuando te retirés?

Tengo planes con mi papá en la finca en León. Ya tengo 30 años y me gustaría establecer un negocio.

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¿Cuándo te gustaría retirarte?

Si la velocidad se mantiene seguiré jugando. Ahorita estuve marcando 90 y 91 millas en el radar del Estadio Dennis Martínez, pero está dos o tres millas atrás. Así que ando en 93 millas.

¿Cómo manejás el cansancio como lanzador?

Siempre uno tiene que trabajar. Buscar sus vitaminas, proteínas y trabajar en el gimnasio. Cuando le da fatiga uno debe dejar de hacer ciertas cosas como el gimnasio. La clave es fortalecer los músculos.

¿Cuál ha sido tu peor lesión?

Cuando me lesioné el manguito rotador. Me recuperé de esa lesión a pesar de no quedar al cien por ciento.

¿Cómo sucedió?

Recuerdo que fue en 2011, me habían dado permiso para jugar en la Liga Profesional en Nicaragua. Tenía el rol de cerrador y cuando enfrentaba a Ofilio Castro le lancé un slider, lo dominé y sentí un tirón en mi brazo. No era normal. A partir de ese momento se vino lo más difícil de mi carrera.

¿Qué ocurrió después?

Traté de recuperarme en Nicaragua previo a mi viaje a Estados Unidos. Me sentía mejor y cuando llegué a reportarme en las primeras semanas me volví a lesionar. No estaba bien. Me infiltraron (inyectar medicamente contra el dolor) pero esa no fue la solución. Me volvieron a decir que me iban a infiltrar otra vez y ahí yo dije: o me operan o me dejan en libertad. Decidieron operarme. Me perdí todo ese año y el siguiente porque apenas lanzaba me dolía el brazo. Ya no era el mismo. Muchas veces quise regresarme a Nicaragua, pero mi familia me convencía de quedarme allá.

¿Cómo es el momento en que dejan en libertad?

A mí se me vencen los cinco años de contrato. Me incomodaba que ya no había interés en mí y me mandaban a ligas que ya las había superado con creces.  Recuerdo que en 2013 jugando en Clase A lancé para 1.84 en efectividad en 44 innings, y me ofrecen otro año de contrato. En 2014 estaba en Clase A fuerte, casi no me utilizaban y de repente me colocan en la lista de lesionados para mandarme a Triple A. En Ligas Menores eso significa el final. No me fue muy bien. Todavía ese año cuando se acaba el contrato me dicen que llame al número de un dirigente para la renovación. Pero ahí lo dejé.

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¿No te arrepentís de esa decisión?

No me arrepiento porque prácticamente jugar en Nicaragua y en Ligas Menores es igual a nivel salarial. Además que allá no me trataban de la mejor manera. Cuando ya no sos el prospecto o no sos la estrella la situación cambia. En el último año ya ni hielo me llegaban a poner en el brazo, lo tenía que hacer solo. Uno ve todo eso se sienta mal. Mejor decidí estar más cerca de mi familia.

¿Crees que esa fue la razón por la cual no avanzaste en el sistema de Ligas Menores a Grandes Ligas?

Tal vez no o tal vez sí. El equipo perdió cierto desinterés hacia mi persona porque estaba entre los mejores ocho prospectos del equipo antes de la lesión. Después de eso no regresé con la misma velocidad. Pasé de tirar 96 millas a 90.




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