• Disciplina social, principal arma anti-Covid
  • Riesgo por rumberos, paseadores e incrédulos

 

Uno de los hechos más comentados de este mes que termina fue, sin duda, el comportamiento de los colombianos en medio de la fase más crítica de la pandemia. Al comienzo de junio entre las mayores preocupaciones de las autoridades sanitarias y gubernamentales estaba la capacidad de la población para cumplir el reto de disciplina social que implicaba acatar las restricciones propias de la cuarentena parcial precisamente por la coyuntura de  tres puentes festivos consecutivos. Es evidente que si bien gran parte de la población sigue respetando las limitaciones de movilidad y otro tipo de restricciones para disminuir el riesgo de contagios del Covid-19, una parte de los habitantes desatendió esas precauciones, poniendo en riesgo su propia vida, la de sus familias así como la de la comunidad en general.

Los reportes de las autoridades de distintas ciudades y municipios dan cuenta de un gran número de fiestas en casas e incluso en sitios públicos durante los puentes festivos, en especial en los dos últimos, correspondientes al Día del Padre y el San Pedro. La Policía y otras autoridades tuvieron que multiplicarse para  intervenir estas celebraciones que, además de infringir las normas de la cuarentena, se realizaban desconociendo todas las normas de bioseguridad y de distanciamiento social. Lamentablemente se hicieron virales las imágenes de personas en alto estado de alicoramiento y agrediendo incluso a los uniformados.

Pero no fueron las rumbas los únicos actos de irresponsabilidad sanitaria durante este mes. Pese a la tajante y reiterada advertencia del Presidente de la República, los ministros, gobernadores, los alcaldes, la Policía y las Fuerzas Militares en torno a que no se podía salir de paseo hacia sitios turísticos y de descanso, fin de semana tras fin de semana se impusieron una gran cantidad de comparendos a miles de conductores y pasajeros que buscaban evadir la prohibición, en muchos casos con excusas absurdas.

Pero tan complicado como esa porción de colombianos irresponsables que se salta de manera flagrante y consciente las normas de precaución sanitaria, sin importarles que su comportamiento pueda costar incluso vidas, es el creciente número de personas que en sus círculos cercanos e incluso por las redes sociales propala información, a todas luces falsa, en torno a que la pandemia no existe o no es tan grave como lo advierten las autoridades. Pese a todas las evidencias que a diario se constatan en el mundo sobre la peligrosidad del virus, hay quienes desconocen olímpicamente esa realidad y, por el contrario, acuden a argumentos delirantes en torno a que la crisis es un “invento” o “un truco” de los gobiernos, las multinacionales farmacéuticas, las empresas de tecnología o incluso de los sectores más poderosos de país o del mundo…

Y no hay que olvidar que también en este mes que termina se dio la primera jornada del llamado “Día sin IVA”, en el cual si bien la gran mayoría de los comercios y compradores cumplió con las normas de bioseguridad, distanciamiento social y control de aforos, hubo una pequeña parte que no lo hizo, generando aglomeraciones en sitios públicos y recintos cerrados, obviamente creando un riesgo de contagio muy alto.

Hay que ser claros: buena parte de la población sí cumple con las restricciones propias de la cuarentena, pese a que la misma se ha venido flexibilizando desde mayo a medida que el Gobierno ha dispuesto la reactivación gradual de varios sectores productivos. Prueba a ello es que la obligatoriedad de usar tapabocas y mantener el distanciamiento social en las calles, los sitios de trabajo y otros lugares de tránsito de personal se acata casi de forma generalizada. El problema es esa pequeña porción de gente irresponsable que pese a todas las advertencias dadas sobre las situaciones de peligro sanitario en que no se puede incurrir, simplemente desatienden los llamados.

Algunos expertos señalan que esta pandemia está poniendo a la humanidad ante el mayor reto en su historia en materia de ética y responsabilidad individual, pues de la forma en que cada quien se comporte no sólo depende su salud y vida, sino la de su entorno y la de aquellos con que interactúa a diario en cualquier tipo de ámbito. La casi totalidad de los colombianos, pese a las grandes afectaciones económicas derivadas de la cuarentena, ha entendido y acatado ese desafío a la disciplina social. La mayor prueba de ello es que nuestro país se mantiene con buenos indicadores en el control de la emergencia sanitaria. Lamentablemente ese logro, que en materia de vidas no perdidas es muy importante, lo están poniendo en peligro los grupúsculos de irresponsables e incrédulos que, hoy por hoy, son, en toda la dimensión de término, un peligro para la salud pública nacional. Hay, pues, que reiterarles el llamado: cumplir con las medidas de bioseguridad no es un asunto de evitar sanciones ni comparendos, es una obligación de ética individual y social.

 

 

 



Cortesia El Nuevo Siglo

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here