Era el «arrepentido» que presumía de tener más pruebas de los actos de corrupción de Cristina Fernández de Kirchner. Era un testigo protegido que, ironías de la Argentina actual, no tenía protección policial a la vista ni «custodios» que le cubriesen las espaldas. Era, hasta ayer que se encontró su cadáver, Fabián Gutiérrez, el exsecretario privado de la viuda de Néstor Kirchner. Detuvieron a los criminales que confesaron el asesinato, presuntamente, por motivos pasionales combinados con un supuesta intento de extorsión.

Desde el pasado jueves se desconocía el paradero de Gutiérrez, recluido hasta ese día en su casa, donde cumplía con el confinamiento obligatorio por el coronavirus. Su madre había denunciado su desaparición a la Policía, que, en un registro de su vivienda, descubrió restos de sangre. La víctima vivía en El Calafate, ciudad en la que la expresidenta y actual vicepresidenta también tiene su residencia, lindante a uno de sus hoteles que ahora está clausurado. Los agentes siguieron diferentes pistas hasta dar con cuatro sospechosos a los que detuvieron y durante los interrogatorios terminaron confesando el crimen y el lugar donde ocultaron el cuerpo. En el domicilio de uno de estos los agentes hallaron una televisión y otros efectos de Gutiérrez.

El juez Carlos Narvarte declaró que hallaron el cadáver en la parte trasera de una casa del barrio Aeropuerto Viejo. «Estaba enterrado» y «envuelto en una sábana blanca», precisó. De acuerdo a las inspecciones realizadas, observó que se apreciaba «un golpe en la cabeza» y «heridas de arma blanca» que terminaron seccionando el cuello.

Supuesto chantaje

El hallazgo del cuerpo se produjo por la mañana, luego de que los presuntos autores, jóvenes de entre 19 y 23 años, confesaran el crimen. Según su declaración, uno de ellos, el menor se había acercado a Gutiérrez para seducirle con el fin de ganarse su confianza. El plan era, declararon, chantajearle posteriormente, sonsacarle información y dinero. Siempre según su testimonio, como no lograron su objetivo le golpearon brutalmente y le cortaron la garganta.

El juez dio a conocer la secuencia que terminaría con la vida de uno de los cuatro exsecretarios de Cristina Fernández que conocía, con todo lujo de detalle, los movimientos y actividades de su exjefa a la que había delatado a cambio de inmunidad. «Pareciera –explicó el magistrado– que el hecho ocurrió en el domicilio de Gutiérrez y luego fue trasladado hasta acá (la casa mencionada) en la camioneta blanca que también estaba en su domicilio·. Dicho esto, añadió: «Estamos frente a un caso inédito por la edad de los chicos que, presuntamente –insistió–, participaron del hecho. Eso es muy llamativo. Había, aparentemente, una amistad más profunda entre uno de ellos y Gutiérrez», confirmó.

Fabián Gutiérrez era testigo protegido de «la causa de los cuadernos», un diario detallado sobre entrega y cobro de sobornos con destino a las arcas y domicilios del matrimonio formado por Néstor y Cristina Kirchner. Los «cuadernos» los escribió de puño y letra Óscar Centeno, chófer de Roberto Baratta, número dos y mano derecha del exministro de Planificación Julio de Vido. Se procesó y detuvo a un importante número de altos cargos del Gobierno de Cristina Kirchner y a importantes empresarios. El juez Claudio Bonadío realizó la investigación, posiblemente, la más importante sobre corrupción de la democracia argentina.

El asesinato de Fabián Gutierrez desató una avalancha de especualaciones y comparaciones con la muerte del ex fiscal Alberto Nisman, cuyo cuerpo apareció sin vida la víspera de que fuera a explicar al Congreso las razones de la acusación a la por entonces presidenta de Argentina por el presunto encubrimiento de los autores del atentado a la sede de la AMIA, principal institucional judía de Argentina.

Cortesia de ABC

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