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El expresidente de Bolivia Evo Morales llegó este jueves a Argentina y pidió ser acogido como refugiado, algo que el Gobierno del peronista Alberto Fernández aceptará al considerarlo un «perseguido», pero con la condición de que no haga declaraciones políticas desde el país.

Apenas dos días después de que asumiera Fernández como jefe de Estado, el exmandatario boliviano arribó al aeropuerto de la localidad bonaerense de Ezeiza procedente de México, país que lo había asilado cuando el pasado 11 de noviembre abandonó La Paz.

Giro en la política exterior Argentina

El arribo del exmandatario confirma un giro en la política exterior argentina, ya que mientras Fernández, que ya había ofrecido darle asilo una vez asumiera el poder, reitera que Morales sufrió un golpe de Estado y lo sucedió el «gobierno de facto» de Jeanine Añez, su antecesor, el conservador Mauricio Macri, no reconoció ninguna de esas dos definiciones.

El nuevo canciller argentino, Felipe Solá, fue el encargado de, en diversas entrevistas, explicar los pormenores del arribo del exmandatario, que llegó acompañado de quien fuera ministra de Salud, Gabriela Montaño.

Según especificó, junto a su excanciller Diego Pary, el exembajador de Bolivia en las Naciones Unidas Sacha Llorenti y el exvicepresidente Álvaro García Linera, que arribará el viernes, habían solicitado asilo para entrar en el país, aunque los recién llegados tramitaron ya el pedido de refugio, que es diferente.

«Para pedir condición de refugiado hay que estar en Argentina. La condición de asilado se la di yo para que pudieran entrar en Argentina sin encontrarse con sorpresas, (como) una alerta amarilla (de detención), esas cosas que aparecen de algún juez en algún momento», afirmó Solá en declaraciones a radio El Destape.

La Comisión Nacional para los Refugiados, dependiente del Ministerio del Interior, deberá determinar si acepta dar ese estatus, aunque el ministro adelantó que será aceptado y que «desde el momento que se pide», quedarán liberados de «cualquier posibilidad de extradición».

Más de seis horas después de conocerse el desembarco de Morales, la Cancillería emitió un comunicado en el que confirmó que «los asilados pasarán a tener el estatus definitivo de refugiado» y que «una vez que se complete el trámite, el Ministerio del Interior será el encargado de velar por el cumplimiento de las condiciones de su estatus de refugiado».

Tanto Morales como Montaño firmaron la petición correspondiente al llegar al aeropuerto de Ezeiza y «en horas más tendrán esa condición».

La petición del gobierno argentino

Solá reiteró que el exmandatario será «libre de moverse» durante su estancia en Argentina y defendió la situación de refugio al considerar que el Gobierno «de facto» de Añez -al que Fernández no reconoce- «no le da las condiciones necesarias» para su vuelta al país.

Pero el canciller advirtió que el Ejecutivo argentino no quiere que Morales -que fue nombrado por su formación política, el Movimiento al Socialismo, jefe de campaña para las nuevas elecciones en el país para 2020- ni el resto de su equipo «usen» Argentina para hacer política y hagan «declaraciones públicas» de campaña.

«Se podrán ver con quien quieran, pero no podrán públicamente opinar ni generarle algún problema a Argentina en este sentido. Es un compromiso político, no lo dice la ley», aclaró, convencido de que la situación de Argentina -en recesión desde 2018- es delicada y no puede «sumar problemas».

«Sí reconocemos cuestiones de hecho, como que en Bolivia tiene que haber elecciones», enfatizó.