No es tan obvio considerar la cultura como una riqueza económica. Barack Obama, en un encuentro en Wisconsin con unos jóvenes pasado a la historia, les exhortó a buscar calificaciones en materias que le permitieran “ganar más dinero que una licenciatura en Historia del Arte”. También Giulio Tremonti, el polémico ministro de Economía de Silvio Berlusconi, hace años dijo que “con la cultura no se come”, salvo desmentir la frase después de las polémicas que generó en un país que hace de la cultura una de sus banderas.

Las cifras indican todo lo contrario: antes de la pandemia, las industrias creativas en el sentido más amplio (libros, televisión, radio, diseño, publicidad, arquitectura, música cine, videojuegos, edición y artes escénicas) representaban el 2,6% de la riqueza mundial, según datos de la Unesco y daban trabajo a 30 millones de personas. Sus ingresos, 1,9 billones de euros, superan incluso a los de la industria de telecomunicaciones a nivel global.



Un momento de la ceremonia de apertura del Atlàntida Film Fest 2020
(CATI CLADERA / EFE)

En Europa, los sectores relacionados con la creatividad suponen casi el 4,2% del PIB europeo, de acuerdo con datos de la Comisión. En bolsa, el índice MSCI World Media and Entertainment, que agrupa a varios valores de este sector, llevaba una curva ascendente desde el 2009 y en el 2019 había registrado una apreciación de más del 30%, como muestra de la fortaleza económica de esta industria. De acuerdo con el último estudio de PwC, se esperaba del sector entertaiment and media un crecimiento anual de los ingresos del 4,3%. para este año En España las previsiones también eran buenas, con el objetivo de superar los 32.000 millones de euros en negocio para el 2023.


Cambio de tendencia

Sin embargo la Covid lo ha cambiado todo y el sector se está lamiendo las heridas. Y es probable que lo haga durante mucho tiempo. No hay cifras oficiales sobre el impacto de la pandemia, pero, por poner un ejemplo, según el estudio Covid-19’s impact on the arts en EE.UU. las cifras son devastadoras: el 96% de los eventos cancelados, con pérdidas de 8.750 millones de euros, al incluir también menores compras y restaurantes relacionados con el acto y con el 62% de los artistas que han ido al paro.

Asimismo, para las televisiones y los medios de entretenimiento, la cancelación de festivales y de eventos, incluso los deportivos (como los JJ.OO., que generan una enorme audiencia) supone rehacer las cuentas. El Foro Económico Mundial, en un informe de mitad de marzo cuando la pandemia empezaba a azotar Europa publicó sus pronósticos para el futuro de la industria cultural.



(Dado Ruvic / Reuters)

En el caso de un nuevo confinamiento, es de suponer un aumento del consumo del vídeo on demand así como de los videojuegos. Durante el primer lockdown de la pasada primavera, solo en China aumentaron las descargas de aplicaciones un 40% respecto al año anterior y los juegos un 80%.

En cambio, el futuro a corto plazo de la televisión por cable es sombrío. “Dependen en gran parte de la publicidad y eventos como la Eurocopa de fútbol y los JJ.OO. no son fáciles de sustituir”, advierte el estudio. “Su cancelación definitiva puede poner en tela de juicio también los acuerdos de patrocinio y los eventos promocionales”, añaden. Por último, “con la reducción de los gastos fuera del hogar y los límites a las reuniones sociales el negocio de los cines puede verse afectado, pero también la radio, ya que parte de su escucha tiene lugar en los desplazamientos y cuando hay movilidad”.



En cuanto a las pautas de consumo, el estudio de PwC hacía el siguiente retrato: “las compañías deberán lanzar contenidos que nos son para audiencias millonarias, sino para millones de individuos. El consumidor parece absorto en su experiencia personal. Consume contenidos bajo demanda y exige nuevas experiencias, para luego dedicarse a compartir”. Una hoja de ruta postpandemia para sobrevivir.



Cortesia de La Vanguardia

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here