El proyecto hidroeléctrico, ubicado sobre el río Neuquén, fue adjudicado y retasado desde 2014

Dice el portal de la Comisión de Fomento de
Los Chihuidos que el vocablo significa, en lengua mapuche, “joroba o seno de mujer”. Pues habrá que aprender cómo se escribe para la crónica diaria: ese será el nombre del proyecto hidroeléctrico,
adjudicado y retrasado desde 2014, que el Gobierno ha decidido empujar.

Ubicado
sobre el río Neuquén, en esa provincia, la obra aparece como una de las carpetas por la que más se mueven varios funcionarios, y no menos empresarios, a la hora de acercar propuestas de obra pública al Poder Ejecutivo. Empresas alemanas y dos constructores locales, Eduardo Eurnekian y Hugo Dragonetti, de Panedile, son los actores del nuevo capítulo que se empezó a escribir por estos días.

La historia de la central hidroeléctrica Los Chihuidos se remonta a fines de 2014 y hermana a los gobiernos de los presidentes Cristina Kirchner, Mauricio Macri y, ahora, al de Alberto Fernández. Hace poco más de cinco años, el 19 de diciembre de 2014, se conoció la apertura de los sobres de adjudicación del proyecto valuado en algo más de
2000 millones de dólares. El ganador fue Helport, la constructora de
Eduardo Eurnekian.

Cuentan que aquella licitación tuvo una oferta muy buena y competitiva de una constructora basada en el interior del país de nombre compuesto. Pero, por aquella época, el poder del
secretario de Obras Públicas, José López, impuso las reglas y aquellos oferentes se quedaron quietos, sin impugnar la adjudicación. El funcionario por entonces era conocido por los constructores por las represalias a la hora de frenar o acelerar pagos de contratistas; luego, el gran público lo conoció por revolear unos ocho millones de dólares en un convento de General Rodríguez.

La licitación tenía, como condición, aportar el financiamiento para la obra. Helport se hizo del contrato con la promesa de que sería un
crédito ruso el que aporte los dólares para construir la central ubicada a unos 150 kilómetros de la ciudad de Neuquén.

La presentación de la licitación récord la hizo, entonces, el ministro de Planificación Federal,
Julio De Vido y su secretario López, ambos detenidos actualmente, y el jefe de la cartera de Economía, Axel Kicillof. Los tres funcionarios destacaron la predisposición del mundo para financiar proyectos en la Argentina y la velocidad con la que habían adjudicado la obra. Eran otras épocas. El hoy gobernador hasta se dio el lujo de ejercer su función de ”
sommelier de notas periodísticas”.

“Para aquellos que dicen que la Argentina no tiene accesos a los mercados internacionales, estamos hablando de una obra que tiene ingentes recursos que los va a proveer una importante institución rusa. Hoy leía en el diario una nota, bah, una operación -se corrigió el entonces ministro Kicillof-, sobre este tema. Pero están asegurados los recursos provenientes de la Federación Rusa”. A su lado, López, sonreía.

Pero si algo puede fallar en la Argentina es el financiamiento para cualquier tipo de proyecto. Y entonces, falló.
Eurnekian jamás logró un dólar ruso y aquella certeza del fondeo ruso que expresaba el hoy gobernador bonaerense a fines de 2015 se esfumó. La obra no empezó nunca. Incluso hubo que convencer al gobierno neuquino de la conveniencia de la obra. Sucede que, en el proyecto original, la provincia tiene que poner en el curso de la obra el 15 por ciento del total. Los técnicos neuquinos habían proyectado la obra en alrededor de 1500 millones de dólares, pero de repente, el presupuesto se acercó más a los
2000 millones de dólares. Ese porcentaje que debían aportar se encareció y no fueron pocos los debates que vinieron en la provincia para revisar la conveniencia del desembolso.

Finalmente, con la obra en cero, llegó el gobierno de Mauricio Macri. A diferencia de las represas energéticas puras, que quedaron dentro del área de Energía, ésta tenía una parte que tiene que ver con el aprovechamiento del río Neuquén por lo que quedó en la órbita de la Secretaría de Recursos Hídricos que, a su vez, estaba dentro del Ministerio del Interior y Obras Públicas.

Durante cuatro años, las idas y vueltas en la secretaría eran constantes. Sin embargo, todos sabían que la licitación debió haberse anulado por una simple razón: el concurso de precios tenía como condición necesaria aportar el financiamiento. Caído este requisito, debió llamarse a otras ofertas. Pero jamás se avanzó.

Hubo un momento en el que Eurnekian puso a la venta la constructora. De hecho, hasta le entregó un mandato a una de las grandes consultoras, de las llamadas
“big four”. La compañía, claramente, tenía dos precios según el contrato de obra pública esté o no vigente.

Pasaron los cuatro años de Macri y jamás se avanzó en el proyecto, más allá de que estaba en cada una de las presentaciones que se hacían. Durante ese tiempo apareció un
nuevo actor: la compañía alemana Voith Hydro.

La firma, una empresa de la familia alemana Voith que tiene entre sus socios al gigante alemán Siemens, tuvo un 2019. Sucede que, en la agenda bilateral entre la Argentina y Alemania, se coló un tema que tenía como protagonista a Voith. Una licitación en Yacyretá por unas obras empezó a tallar en la diplomacia. Finalmente, el año pasado, la firma se quedó con una licitación en la represa binacional para instalar tres turbinas a un costo de casi 100 millones de dólares que agregarán 9% a la potencia que hoy entrega la presa.

Desde entonces, los operadores locales del contrato empezaron a mirar la posibilidad de que sea un organismo de fomento alemán el que ponga el demorado dinero.
Voith se sentó a negociar con los ejecutivos de Eurnekian y con su socio en este proyecto, Dragonetti, ambos dueños de constructoras que reconocieron haber entregado dinero a funcionarios en la causa de los cuadernos. Poco importaron estos antecedentes para la nueva asociación: el mundo del
compliance al que se someten las compañías internacionales saben cómo pasar por alto algunos requisitos a la hora de hacerse de un contrato millonario.

La firma alemana se entusiasmó. Acercó un crédito que, según trascendió, tiene una tasa de 6,67% anual, en dólares, y el contrato volvió a encender ilusiones de los constructores. El consorcio, en el que ya no hay más rusos, es liderado por Eurnekian, quien se ufana entre los socios que tiene una
inmejorable relación con este Gobierno después de años en los que no logró aceitar el vínculo con el macrismo. Tiene, al menos, dos credenciales. El expresidente de Corporación América, Rafael Bielsa, fue nombrado embajador en Chile. Y otra carta de presentación más que esgrimen sus hombres en cada reunión. Vilma Ibarra, secretaria Legal y Técnica de la Presidencia, trabajó como abogada de la corporación empresaria.

Chihuidos, aquella voz mapuche, volvió a escucharse lejos de aquellos territorios originarios. En Balcarce 50, donde reside el poder de verdad en la Argentina.

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