El centenario de Federico Fellini, un genio sin temor a exageraciones – Argentina Noticias Ultima Hora

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Hace cien a√Īos nac√≠a Federico Fellini, uno de los contados cineastas a los que les cabe¬†el calificativo de genio sin temor a exageraciones. Es una fecha para celebrar porque, con su mirada, Fellini cambi√≥ la historia del cine: cre√≥ nuevos mundos, en los que la desmesura se mezclaba con la sensibilidad, lo circense con lo melanc√≥lico, y lo on√≠rico se hac√≠a imposible de distinguir de la m√°s dura realidad. El adjetivo fellinesco o felliniano se refiere a ese estilo que influy√≥ a directores tan dis√≠miles como Pedro Almod√≥var, Leonardo Favio, Peter Greenaway, Emir Kusturica, Arturo Ripstein o, incluso, Martin Scorsese, por s√≥lo nombrar un pu√Īado. ‚ÄúFellini baila‚ÄĚ, sintetiz√≥ Orson Welles.

Sus pel√≠culas ten√≠an un fuerte componente autobiogr√°fico, una caracter√≠stica que √©l admit√≠a (‚ÄúSi tuviera que hacer una pel√≠cula sobre una suela de zapato, igualmente terminar√≠a tratando sobre m√≠‚ÄĚ) y desestimaba por igual (‚ÄúTodo el arte es autobiogr√°fico: una perla no es m√°s que la autobiograf√≠a de una ostra‚ÄĚ). Muchas de sus historias tuvieron anclaje en su infancia en Rimini, la ciudad sobre la costa del Mar Adri√°tico, en el norte de Italia, en la que hab√≠a nacido un 20 de enero de 1920.

El peque√Īo Federico estaba enamorado de los circos y los artistas de vodevil que hac√≠an escala ah√≠: ‚ÄúEl circo fue mi puerta de entrada al mundo del arte‚ÄĚ, contaba. Su padre, Urbano, era un viajante de comercio en permanente gira por Italia, pero cuando estaba en el hogar trataba de compensar esas ausencias y as√≠ fue que un d√≠a llev√≥ a Federico y sus hermanos menores, Riccardo y Mar√≠a Maddalena, a la carpa del circo Pierini. El flechazo fue instant√°neo.

“La strada” (1954), uno de los cl√°sico de Fellini.

Pero los hermanos Fellini fueron criados en mayor medida por Ida, su madre. Tuvieron una rígida educación católica, de la que alguna vez Federico intentó escapar fugándose de su casa detrás de una caravana de equilibristas y acróbatas. Las huellas de esa fascinación están en La strada (1954), la historia de Gelsomina y su vida con el artista trashumante Zampano, su quinta película y la primera con reconocimiento internacional, que le valió su primer Oscar.

De esa √©poca tambi√©n data su obsesi√≥n por las mujeres exuberantes: lo hab√≠an mandado a un colegio pupilo en Fano, un pueblo costero cercano a Rimini, y en sus playas vio a una mujer gorda y desgre√Īada que se ofrec√≠a a los marineros a cambio de pescado. Le dec√≠an Saraghina, la mujer de las sardinas, a la que despu√©s transformar√≠a en uno de las criaturas de 8 ¬Ĺ (1963), su tercera pel√≠cula premiada con un Oscar.

Adem√°s de cineasta, Fellini era un gran dibujante.

Adem√°s de cineasta, Fellini era un gran dibujante.

Todos esos recuerdos fueron la materia prima de Amarcord (1973), tal vez su pel√≠cula m√°s popular, un retrato de la Italia profunda que transcurr√≠a durante el fascismo en un pueblito con aire a su Rimini natal. El t√≠o loco que se sube a un √°rbol para conseguir mujeres, una galer√≠a de profesores rid√≠culos, la sala cine como escenario de travesuras, las tetotas de la kiosquera. Fue su cuarto y √ļltimo Oscar por un filme. Una estatuilla que √©l valoraba: ‚ÄúEn la mitolog√≠a del cine, es el premio supremo‚ÄĚ.

Pero para eso faltaba mucho tiempo. Primero terminar√≠a el secundario a duras penas y en 1939 tendr√≠a que irse a Roma para estudiar Derecho, seg√ļn el mandato familiar. Pero Federico nunca se amold√≥ a las reglas. En cambio, empez√≥ a colaborar en diarios y revistas escribiendo columnas humor√≠sticas y aportando sus caricaturas. Tambi√©n escrib√≠a libretos para radioteatros, y as√≠ conoci√≥ a Giulietta Masina, protagonista de uno de esos programas, Cico y Pallina.

Fellini durante una filmaci√≥n en los estudios Cinecitt√†, de Roma, donde desarroll√≥ toda su carrera cinematogr√°fica y a los que homenaje√≥ en ‚ÄúIntervista‚ÄĚ, de 1987.

Fellini durante una filmaci√≥n en los estudios Cinecitt√†, de Roma, donde desarroll√≥ toda su carrera cinematogr√°fica y a los que homenaje√≥ en ‚ÄúIntervista‚ÄĚ, de 1987.

Se casaron en 1943 y estuvieron juntos durante 50 a√Īos, hasta que la muerte de √©l los separ√≥. ‚ÄúVivir con un genio no es necesariamente dif√≠cil -dec√≠a ella-. Debe ser m√°s molesto vivir con un imb√©cil‚ÄĚ. Ella perdi√≥ un embarazo y el √ļnico hijo que tuvieron, Pierfederico, muri√≥ al mes de haber nacido. La pareja super√≥ esa tragedia as√≠ como las constantes infidelidades de √©l: ‚ÄúEs m√°s f√°cil serle fiel a un restaurante que a una mujer‚ÄĚ era una de sus frases de cabecera.

Ella fue su actriz fetiche: juntos filmaron Luces de varieté (1950), El jeque blanco (1951), La strada, Almas sin conciencia (1955), Las noches de Cabiria (1957, segundo Oscar), Giulietta de los espíritus (1965) y Ginger y Fred (1985). Estaban tan unidos que luego de la muerte de Fellini, el 31 de octubre de 1993, ella apenas sobrevivió seis meses: están enterrados juntos, compartiendo tumba con su hijo, en el cementerio de Rimini.

Fellini (izquierda) y Giulietta Masina en 1957, con el Oscar a

Fellini (izquierda) y Giulietta Masina en 1957, con el Oscar a “Las noches de Cabiria”.

Fellini logr√≥ eludir el ej√©rcito y despu√©s de la ca√≠da de Mussolini sobrevivi√≥ gracias a un negocio en el que les dibujaba caricaturas a los soldados estadounidenses. Ah√≠ conoci√≥ a Roberto Rosellini, el √ļnico al que reconocer√≠a como maestro, y el que le abri√≥ las puertas del cine convoc√°ndolo como guionista de Roma, ciudad abierta (1945), la obra maestra que inaugurar√≠a el neorrealismo italiano.

Ya en su opera prima, Luces de variet√©, asomar√≠a su estilo: una mirada tierna al mundo de los c√≥micos de una compa√Ī√≠a teatral itinerante, entre coristas voluptuosas y n√ļmeros de cabaret. Pero es a partir de La strada, ya acompa√Īado por Nino Rota en la m√ļsica -una sociedad¬†que s√≥lo terminar√≠a con la muerte del compositor, en 1979- cuando m√°s se notar√≠a su sello.

Fellini dibujante: el porno bufo de un genio.

Fellini dibujante: el porno bufo de un genio.

‚ÄúSoy un tipo que no le teme al caos. √Čse es mi espect√°culo‚ÄĚ. Fellini no trabajaba con guiones de hierro, sino que mezclaba lo escrito con la improvisaci√≥n. ‚ÄúLa gestaci√≥n de mis pel√≠culas -contaba un poco en broma y un poco en serio- se reduce a la firma de un contrato y el cobro de un adelanto. Como no tengo ganas de devolver la plata, empiezo a trabajar‚ÄĚ.

A partir de La dolce vita (1960) y la inolvidable escena de Anita Ekberg en la Fontana di Trevi, se acu√Ī√≥ el t√©rmino felliniano para describir ese universo nuevo, hecho de imaginaci√≥n ilimitada, grotesco, nostalgia y mucho sentido del humor. Y ah√≠ surgi√≥ otra palabra legada al diccionario mundial: paparazzi, a partir del personaje de Paparazzo, el fot√≥grafo amigo del protagonista.

Marcello Mastroianni y Anita Ekberg en la escena de la Fontana di Trevi de La dolce vita (1960).

Marcello Mastroianni y Anita Ekberg en la escena de la Fontana di Trevi de La dolce vita (1960).

En La dolce vita, además, queda sellada la alianza eterna de Fellini con la ciudad de Roma, escenario de gran parte de su filmografía (incluida, por supuesto, Roma, de 1971). Y aparece Marcello Mastroianni como su gran alter ego, en el rol del periodista provinciano que recorre la Via Veneto para registrar la decadencia de una clase.

Luego, en 8 ¬Ĺ, Mastroianni ser√≠a el director angustiado que no consigue realizar su pel√≠cula. Y en La ciudad de las mujeres (1979), el hombre tras un sue√Īo femenino que se convierte en pesadilla. Las obsesiones de Fellini a trav√©s de distintos prismas, en una sociedad que tendr√≠a sus √ļltimos cap√≠tulos con las crepusculares Ginger y Fred e Intervista (1987).

Junto a Sofia Loren y Marcello Mastrioanni al recibiir el Oscar honorario en 1993, siete meses antes de su muerte.

Junto a Sofia Loren y Marcello Mastrioanni al recibiir el Oscar honorario en 1993, siete meses antes de su muerte.

Tal vez la mayor cualidad de Fellini era su capacidad de filmar pel√≠culas entretenidas para el gran p√ļblico y, a la vez, cargadas de simbolismo. En busca de las carcajadas y el llanto, no desde√Īaba el intelecto, pero sin caer jam√°s en la solemnidad. Se re√≠a de todo, incluso de s√≠ mismo, y renegaba de quienes exig√≠an un ‚Äúarte comprometido‚ÄĚ, reclamo t√≠pico de los ‚Äô60 y ‚Äô70: ‚Äú√Čse es un invento de la gente que tiene miedo de la vida en su desorden maravilloso y primordial‚ÄĚ.

Por eso, cuando una vez le pidieron que explicara pasajes de 8 ¬Ĺ, contest√≥: ‚ÄúNo me gusta la idea de ‚Äėentender‚Äô una pel√≠cula. No creo que la raz√≥n sea un elemento esencial en la recepci√≥n del arte. Las pel√≠culas tienen algo para decirte o no lo tienen. Si te emocionan, no necesit√°s que te expliquen nada. Y si no, ninguna explicaci√≥n te va a emocionar‚ÄĚ.

POS



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