Mientras el mundo entero espera la vacuna contra la COVID-19, diversas instituciones sanitarias buscan fórmulas que detengan la pandemia. Una de las medidas novedosas que se vienen planteando en algunos países es el pasaporte de inmunidad, pero consigo trae una gran polémica.

Dicho pasaporte funcionaría como un documento para certificar que la persona ha pasado la enfermedad y, por consiguiente, habría desarrollado inmunidad contra el virus. En teoría, la idea de este pasaporte es que las personas que los posean no deban cumplir con algunas de las restricciones que impuestas debido a la pandemia, lo que controvertido por más de un motivo.

Aún así, diversos países como España, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido e incluso Chile se han llegado a plantear el impulso de este documento de inmunidad. Diversos centros científicos y organismos sanitarios de todo el planeta han rechazado tajantemente la propuesta, pues no lo consideran ético y salubre para la sociedad actualmente. Advierten que esta propuesta no garantiza una protección eficaz contra la COVID-19.

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El pasaporte inmunitario no es sinónimo de inmunidad

Para demostrar que hemos pasado satisfactoriamente el proceso viral de la COVID-19, tendríamos que hacernos una prueba que certifique a ciencia exacta esto. De momento, los test disponibles son poco fiables, pues podría darse el caso -como ha sucedido- que de un falso positivo. La idea con un certificado de inmunidad es que nuestro sistema generó los suficientes anticuerpos para luchar contra el virus en el presente y futuro, para así llevar una vida cotidiana sin miedo a rebrotes.

En el caso de estos tests, muchos de estos consisten en sacar una pequeña muestra de sangre del dedo, pero tienen todavía un porcentaje muy alto de falsos negativos. Es decir, el test no detecta los anticuerpos cuando sí los hay y viceversa.

Por otro lado, estudios recientes señalan que, aunque muchos pacientes recuperados de la COVID-19 tienen anticuerpos contra el virus, todavía no se sabe si todo el mundo puede producir los anticuerpos suficientes que garanticen esta supuesta inmunidad.

Implicaciones de carácter ético

Las implicaciones éticas que trae esta propuesta es otra de las cuestiones que abren el debate. Muchos expertos alertan que este tipo de documentación puede abrir nuevas formas de estigmatización y discriminación, pues su uso sería incompatible con la protección de los derechos de las personas.

Con el pasaporte de inmunidad podrían llegar a darse casos de discriminación laboral. Es decir, las empresas podrían contratar antes a una persona con anticuerpos y que estigmatizasen a las personas no inmunes, que serían calificadas como “no-empleables”, en base a lo dictaminado desde el Instituto de Salud Global de Barcelona.

Cortesia de La Republica

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