Coronavirus y cambio climático, repensar nuestro paso por la tierra  – Noticias Uruguay

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El confinamiento al que se ha visto obligada gran parte de la humanidad a causa de la pandemia también ha tenido efectos sobre el medio ambiente. A todos nos han llegado imágenes de ciudades desiertas sin contaminación y de animales ocupando espacios antes solo reservados para el ser humano. Hace pocos días, además, se publicaba un estudio con datos preliminares en la revista Nature Climate Change que revelaba que, entre enero y abril de 2020, las emisiones globales medias de dióxido de carbono disminuyeron un 8,6 % en comparación con el mismo periodo del año anterior.

“Es cierto que estamos notando mejoras en algunos índices de calidad ambiental, tanto en el medio urbano como en territorios más naturalizados”, nos explica el experto. “Ahora bien, eso es muy distinto que decir que este parón, tan doloroso para mucha gente, es positivo para el medio ambiente, entre otras cosas porque las tendencias a largo plazo, por ejemplo en el caso del cambio climático, apenas se han visto modificadas. Es muy importante diferenciar entre lo que es la concentración de gases con efecto invernadero en la atmósfera y lo que es la emisión: podemos emitir un poco menos pero la concentración va a seguir subiendo, porque no hemos dejado de emitir”.

Un posible efecto rebote

Una de las mayores preocupaciones en lo que a mitigación del cambio climático se refiere es la posibilidad de un efecto rebote en la salida de la crisis que haga que aumenten más aún las emisiones globales. No se puede culpabilizar a nadie por querer reactivar la economía como sea. Otra cosa es que tengamos también la cabeza lo suficientemente fría para pararnos un momento a pensar en cómo queremos hacerlo. Esta crisis no tiene efectos positivos, ojalá no hubiera ocurrido, pero podemos aprovecharla. Lo que debemos hacer es, ahora que se está pensando en cómo se van a reactivar determinados sectores, intentar hacerlo de una forma distinta.

Es importante marcar una diferencia: desde el movimiento ecologista y desde la ciencia climática se ha apuntado con insistencia en estos días que la normalidad era el problema. Eso es así: el ritmo que llevábamos antes de la pandemia es lo que estaba generando muchos de los procesos negativos relacionados con el calentamiento global. Si algo nos ha enseñado esta pandemia y nos estaba enseñando también la crisis climática es que la protección ambiental es también la protección de la salud y de las personas.

Un problema estructural

Hemos estado confinados, parece que todo se ha paralizado, y aun así las emisiones han disminuido de forma muy discreta. Esto demuestra que tenemos unas emisiones estructurales que tenemos que cambiar. La generación de energía, por ejemplo, es una de las fuentes principales de emisión de gases con efecto invernadero, al igual que el sistema agroalimentario: la gestión del suelo que hacemos los humanos en todo el planeta es la segunda causa de calentamiento global, y hemos seguido comiendo y cultivando.

Redefinir el bienestar

Para combatir la crisis climática no hace falta confinarse ni hacer grandes renuncias. Quizás ha llegado el momento de replantearnos nuestras prioridades, y la dolorosa situación que estamos viviendo con la pandemia de COVID-19 también nos ha movido a redefinir lo que consideramos bienestar. Ahora mismo, la mayoría de personas estan expresando deseos muy bajos en carbono pero muy altos en humanidad: estamos desando abrazarnos,  compartir unas cervezas, pasear, tener una cena divertida, hacer deporte juntos… son actividades muy poco contaminantes. Deberíamos ser capaces de construir un futuro distinto al que estábamos abocados a pesar de las buenas intenciones.

Luchar por nuestro tiempo

Hay una cosa muy importante: tenemos que empezar a luchar por nuestro tiempo. Por ejemplo, serían deseables otras condiciones laborales que nos van a permitir disminuir nuestra huella de carbono: semana laboral de 4 días, más teletrabajo, más conciliación, distintos usos de nuestro tiempo, más tiempo para no hacer nada… eso implica mucha reducción de huella de carbono. Una cebolla envuelta en plástico solo tiene sentido si alguien cree que no tiene tiempo para pesarla y comprarla suelta. Al final es todo una cuestión de tiempo.Fuente: Revista Muy Interesante.

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