Inicio Centro America Yuri Knórosov, el epigrafista ruso que descifró la escritura maya –

Yuri Knórosov, el epigrafista ruso que descifró la escritura maya –

Los Knórosov pusieron en práctica en su familia el método pedagógico del psiquiatra, neurólogo y filósofo ruso Vladimir
Béjterev (1857-1927), quien hizo significativos descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro y postulaba que la educación debía basarse en las capacidades y creatividad individuales de cada menor. Los niños Knórosov recibían una educación integral que incluía música, pintura y escritura de poemas.

Yuri, el último de ellos, era un joven autodidacta introvertido que comenzó a escribir antes de los 5 años, cuando creó su “enciclopedia de animales” y primer cuento. Terminó la escuela secundaria en 1937 y se inscribió en la Escuela de Medicina para estudiar Psiquiatría.

“Sin embargo, los médicos egresados en ese entonces obtenían automáticamente grado militar, pero por problemas de salud Knórosov fue declarado como ‘no reclutable’”, indica Galina Ershova, discípula y cercana colaboradora por 20 años del famoso epigrafista, quien además tiene un doctorado en Ciencias Históricas y es directora y fundadora del Centro de Estudios Mayas Yuri Knórosov (Cemyk), con sede en Guatemala y Mérida, Yucatán, y del Centro de Estudios Mesoamericanos Yuri Knórosov de la Universidad Estatal Rusa de Humanidades.

Aunque Yuri no pudo cumplir su sueño, en 1939 ingresó en la Facultad de Historia de la Universidad de Járkov, donde estudió solo dos años, pues los alemanes invadieron territorio soviético en junio de 1941. Por razones de salud, como se mencionó, no pudo enlistarse en el Ejército, así que tanto a él como a otros estudiantes los enviaron a hacer trincheras. Las fuerzas militares de Alemania ocuparon Ucrania.

En 1943, luego de que las tropas soviéticas liberaran Járkov del asedio, Knórosov se dirigió a Moscú, donde continuó y concluyó sus estudios superiores en Historia en la Universidad Lomonosóv, en 1948, con maestría en Etnografía.

Su tesis versaba sobre el chamanismo de Asia central, titulada La versión centroasiática de la leyenda de Sansón, calificada de excelente. Se le recomendó publicar un artículo basado en ella, titulado Mazar Shamun-nabi, en la revista Etnografía Soviética (1949).

Su primer contacto

Cuando era estudiante de tercer año leyó el artículo del renombrado mayista alemán Paul Schellhas (1859-1945) titulado ¿El desciframiento de jeroglíficos mayas es un problema sin solución? (1945), que obsesionó a Knórosov.

En 1948, Knórosov encontró en la Biblioteca Nacional de Lenín tres ediciones de la obra de Diego de Landa Relación de las cosas de Yucatán (1566-1568) y las tradujo del español antiguo al ruso, así como copias de los códices mayas —de París, Madrid y Dresde— y comenzó sus investigaciones para descifrar la escritura maya que halló en esos documentos. El científico admiró toda su vida a Landa, por la precisión y minuciosidad de sus datos. “Yo sigo al obispo”, decía.

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Su profesor, Serguéi Tokarev, quien lo motivó a adentrarse en la epigrafía maya, aseveraba que en ese año Knórosov, de apenas 26 años, había logrado un hito histórico que fue infructuoso para muchos especialistas. El argumento que usaba para describir su trabajo era esta disquisición famosa: “Lo creado por una mente humana puede ser resuelto por otra mente humana. Desde ese punto de vista, no existen y no pueden existir problemas no resueltos en ninguna área de la ciencia”.

En el momento cúspide de su carrera científica pasó por un episodio amargo, pues a pesar de que se graduó brillantemente de la universidad, no lo dejaron cursar el doctorado por el hecho de haber permanecido en territorio ocupado por los alemanes, un concepto ideológico imperdonable para los soviéticos, así que se fue a Leningrado —hoy San Petersburgo—, donde continuó su trabajo de investigación en el Museo Estatal de Etnografía de los Pueblos de la Unión Soviética, y trabajó como curador de la colección asiática.

Vivía en una pequeña habitación en ese lugar para pulir sus estudios sobre el desciframiento de la escritura maya, sin siquiera haber salido nunca de la Unión Soviética.

En 1952, la revista Etnografía Soviética publicó su primer artículo dedicado a los resultados de sus investigaciones titulado Escritura antigua de Centroamérica, traducido al inglés y al español en 1953, el cual fue un éxito, pues llegaron a compararlo con Jean-Francois Champollion (1790-1832), lingüista francés que descifró la escritura egipcia.

Portada de su primer artículo sobre su método de desciframiento, “Escritura antigua de Centroamérica”, revista “Etnografía Soviética”. (Foto Prensa Libre, cortesía de Galina Ershova)

Metodología

Para descifrar la escritura maya Knórosov estableció cuál era la diferencia entre el desciframiento lingüístico científico, que es la identificación de la correlación entre los signos y la exacta lectura fonética de cada jeroglífico, y los intentos de adivinar el significado de los signos separados, lo cual era común para los investigadores de aquel tiempo como el arqueólogo británico Eric Thompson (1898-1975), cuya concepción sobre la escritura maya era errónea, pues consideraba que los glifos mayas representaban anotaciones astronómicas sin componentes fonéticos en ellos.

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Knórosov separó las nociones del desciframiento de los antiguos sistemas de escritura, como el maya, cuyos signos llevan un orden natural, pero su lectura e idioma están olvidados, del de los códigos cifrados, cuyo orden está alterado, pero el idioma está vivo.

Creó el método de “estadística posicional” de escrituras antiguas, al basarse en los trabajos teóricos del lingüista británico Michael Ventris (1922-1956) en la primera mitad del siglo XX.

El método desarrollado por Knórosov establecía el tipo de escritura de los mayas, según el número de signos utilizados, y llegó a la conclusión de que estaba compuesto por 350 signos fonéticos y silabo-morfémicos, que significa que cada signo se leía como una sílaba y estas podían coincidir con morfemas. Luego de este descubrimiento, se dedicó a leer y traducir los códices mayas.

En el Alfabeto de Landa logró identificar 29 signos, lo que resultó clave para descifrar la escritura maya. Ese método fue comprobado en las décadas de 1940 y 1950, y también se utilizó para descifrar la escritura de la Isla de Pascua y de los textos protoindios.

Tesis doctoral

No fue sino hasta 1955, a sus 33 años, cuando se le permitió defender su tesis doctoral titulada La relación de las cosas de Yucatán, de Diego de Landa, como fuente etno-histórica, por la cual se le concedieron simultáneamente los dos grados doctorales que existen en Rusia, una proeza para cualquier investigador. Casi de inmediato comenzó a preparar la publicación global de sus principios y resultados del desciframiento.

“Knórosov descifró la única escritura del continente americano, y que los religiosos españoles intentaron descifrar en Mesoamérica, cuyos vestigios más antiguos de inscripciones iniciales en piedra se encontraron en Río Blanco —Veracruz, México—, creados por los olmecas”, dice Ershova. “Por primera vez se leyeron textos jeroglíficos escritos por los mayas, lo que daba entrada directa a sus conocimientos y que antes constituían una incógnita. Knórosov reveló toda esa cultura americana”, subraya.

Defensa de su tesis doctoral, en 1955, sobre escritura maya, expuesta con brillantez y elogiada por oponentes y catedráticos. (Foto Prensa Libre, cortesía de Galina Ershova)

Polémica

Los lingüistas franceses, como Leon de Rosny (1837-1914), iban por el camino correcto con sus intentos de desciframiento, pues dedujeron que la escritura maya se basaba en un sistema ideográfico y silábico, pero no lograron recopilar el sistema completo.

Después comenzaron las sanciones a lingüistas estadounidenses por parte de Eric Thompson, quien llegó a prohibir a sus colegas que se dedicaran a estudiar el desciframiento de la escritura maya y hasta los ridiculizaba, pues pensaba que solo él tenía derecho de hacerlo, pero esas sanciones no aplicaban a Rusia. “Era todo un personaje, que estudió menos de un año en la universidad, pero tenía amplia experiencia. Logró estudiar las fechas e inscripciones calendáricas, pero para descifrar la escritura necesitaba muchos conocimientos que no tenía. Se ponía histérico porque no lo lograba”, señala Ershova.

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Knórozov publicó en 1957 los resultados de sus investigaciones epigráficas en la monumental monografía La escritura antigua de los mayas, en la cual se incluía la descripción de la escritura maya, el catálogo de signos y las traducción de algunos textos, se indica en el libro Semiótica étnica de Yuri Knórosov, de Galina Ershova y Alejandro Sheseña (2020). Thompson le envío una carta ese año al mayista estadounidense Michael Coe (1929-2019), en la cual manifestaba su enojo y se refería a Knórosov como “desgraciado ruso” a quien señaló de manera absurda de usar métodos “marxistas”.

En sus cartas a los colegas occidentales, Knórosov les pedía expresar su opinión y hacer comentarios y críticas sobre sus investigaciones. “Cuando Coe —que mantenía comunicación con el epigrafista ruso— entendió que Knórosov había descifrado la escritura maya, entonces Thompson lo aceptó”, expone Ershova.

Retrato más famoso del epigrafista y etnógrafo ruso Yuri Knórosov, en el que aparece con su amada gata siamesa Asya, (Foto Prensa Libre, cortesía de Galina Ershova)

“Los estudiosos serios reconocen los aportes de Knórosov, pero todavía hay quienes no mencionan su nombre y actúan como si la escritura maya se hubiera descifrado por sí sola”, se lamenta Ershova, quien enfatiza que su legado no se ha valorado de manera adecuada.

“Era una persona a la que no le gustaban las intrigas y ataques y no sabía defenderse”, recuerda Ershova.

Al referirse a los dramas de su vida, solía decir: “El sentido del humor es lo que siempre me ha salvado”. Siempre encontraba lo paradójico en cualquier situación. “Knórosov a veces me hablaba de su ‘envidia’. ‘Usted es una persona feliz, todavía no ha leído tantos libros’”, refiere Ershova en su obra El último genio del siglo XX, Yuri Knórosov: el destino de un científico (2020), la biografía más completa del epigrafista y que representa 20 años de investigaciones de la lingüista e historiadora.

Al parecer, durante toda su vida le gustaron mucho las novelas policíacas como las de Arthur Conan Doyle y Agatha Christie, las cuales se sabía de memoria, añade.

Asimismo, amaba a los animales, desde su niñez, en especial a los gatos, y se llevaba bien con los niños. “Los hijos de todos los colegas lo adoraban”, asevera Ershova.

Después de la aparición de su monografía, en 1957, Knórosov continuó preparando numerosos artículos con materiales basados en textos mayas como El panteón de antiguos mayas (1964), Las concepciones religiosas de los indígenas mayas, según los datos de Bartolomé de Las Casas y otras fuentes (1966), Historia tardía de Yucatán (1967) y la serie Notas sobre el calendario maya (1971 y 1973).

Jacobo Árbenz (1951-1954) fue uno de los primeros admiradores del descubrimiento de Knórosov, a quien conoció en San Petersburgo. “Tuvimos el honor de conocer al amable científico soviético Yuri Knórosov, a quien nuestro pueblo maya debe tanto”, escribió Árbenz.

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En Guatemala

Knórosov admiraba de la cultura maya su sistema propio de escritura, pues fue creado en un continente aislado del Viejo Mundo sin haberse basado en el de otra civilización. Le fascinaba su modelo de desarrollo de acuerdo con sus condiciones climáticas, sociales y políticas, y con cada cosa que él descubría, precisa Ershova, quien narra cómo fue la visita del epigrafista a Guatemala, el primer país de Latinoamérica que visitó y al primero que viajó.

“Raquel Blandón —esposa del entonces presidente Vinicio Cerezo (1986-1991)— hizo una visita a la Unión Soviética en 1990 y lo invitó oficialmente a venir a Guatemala. Él no creía que por primera vez saldría al extranjero, después de haber estudiado a los mayas durante 40 años. Estaba feliz”, añade.

Momento en que recibe del gobernante Vinicio Cerezo la Gran Medalla del Presidente de Guatemala, durante su visita al país. (Foto Prensa Libre, cortesía de Galina Ershova)

“Tikal era el sitio arqueológico que le parecía más interesante y fue al primero que lo llevaron. Fue bonito, casi no había gente y quedó fascinado; no se imaginaba que la gente quería conocerlo. Hablaba poco, tenía la espalda encorvada y fumaba mucho. Se sentó en silencio, se puso a fumar e imaginaba cómo era la vida en ese lugar y a los personajes que aparecían en los textos, su carácter y relaciones dramáticas. En Petén se sentía como en su casa”, cuenta Ershova.

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“Nunca se podrá olvidar aquella increíble expresión de su rostro cuando se subió a la pirámide Gran Jaguar en Tikal. Por cierto, fue la única a la que subió; después, ya no se atrevió más a algo similar… en la cima permaneció durante mucho tiempo solo”, expone la discípula.

“Estaba obsesionado con conocer Tak’alik Ab’aj, pero en aquel entonces era un sitio desconocido. Él consideraba que ese era un lugar clave para la formación de la cultura mesoamericana”, detalla Ershova, quien añade que no pudo visitarlo. En Guatemala fue a museos, impartió conferencias y conversó con arqueólogos e historiadores nacionales y extranjeros que llegaron para conocerlo. Siempre quiso regresar al país, pero nunca se concretó el viaje.

Junto a la pirámide Gran Jaguar, en Tikal, Petén, la única que se atrevió a subir hasta la cima, en 1990. Tenía 68 años. (Foto Prensa Libre, cortesía de Galina Ershova)

Mente brillante

Ershova comparte que Knórosov, además, creó el método de análisis que llamó semiótica étnica, en la que aplicaba conocimientos multidisciplinarios de astronomía, lingüística o matemática para llegar a la verdad y encontrar explicaciones. Sus conocimientos eran enciclopédicos.

Los resultados de sus estudios sobre los antiguos sistemas de escritura del mundo, en realidad, le servían para confirmar teorías generales sobre el papel de la comunicación y sus medios de transmisión, cuyas posturas Knórosov reunió con el concepto de semiótica étnica.

A él le interesaba, también, la capacidad de la mente y del cerebro humanos, por lo que le atraían los ritos shamánicos para entender los métodos empleados por los shamanes como la hipnosis y clarividencia. “Desde su niñez le atraía este tema, pues cuando era menor curaba padecimientos a vecinos mediante la imposición de las manos”, añade.

Knórosov falleció en 1999 por un accidente cerebrovascular en tiempos difíciles para Rusia. “Viajé de Moscú a San Petersburgo e hice los preparativos del funeral. Al Gobierno no le importó este deceso, por la crisis que atravesaba el país”, sostiene Ershova.

umba de Yuri Knórosov, fallecido en 1999, con estilo de arquitectura maya, con una estela con la efigie del científico, en el cementerio de Kovalevo, San Petersburgo. (Foto Prensa Libre, cortesía de Galina Ershova)

Knórosov fue condecorado con el Águila Azteca; la Gran Medalla por el Presidente de Guatemala, entregada por Vinicio Cerezo, y el premio estatal de la Unión Soviética. La Universidad de San Carlos de Guatemala le otorgó el grado de doctor honoris causa in memoriam en el 2018.

Legado continúa

En el referido centro fundado por Ershova en Moscú, en 1998, se forman estudiantes en cultura maya, para seguir el camino de Knórosov, quien no pudo hacer trabajo de campo ni en México ni en Guatemala. “Puedo decir que hemos logrado salvar el patrimonio científico de Knórosov, que está vivo y funcionando”, dice.

Ershova expresa que entre los proyectos que han llevado a cabo mediante los referidos centros está el Atlas Epigráfico Maya, uno de los más voluminosos y uno de los sueños de Knórosov, a cargo del arqueólogo ruso Dmitri Beliaev. “Se trabajó con las inscripciones de Tikal y Quiriguá y se editó el primer tomo de dicho atlas. Fotografiamos la escritura sin tocar los monumentos para no hacerles daño al calcarlos, mediante un método que se utilizó por primera vez, y que hemos puesto al acceso de quien quiera implementarlo”, indica.

Con Galina Ershova, su discípula y más cercana colaboradora por 20 años, fundadora de centros de estudios mesoamericanos en Rusia, Guatemala y México, para seguir el legado de su maestro. (Foto Prensa Libre, cortesía de Galina Ershova)

Otro de sus proyectos de investigación relevantes versa sobre las pinturas rupestres de la Casa de las Golondrinas, en el valle de Antigua Guatemala, dirigido por la arqueóloga Patricia Castillo, codirectora del Cemyk en Guatemala (baker.cemyk.org), en el que se han registrado, probablemente, el mayor número de estas representaciones en Mesoamérica y que datan de mil años antes de Cristo.

Para ello, se empleó un método que optimizó la localización de estas. En ese lugar se ha identificado un mapa con indicaciones astronómicas que señala el trayecto directo del río Guacalate desde donde nace, en Chimaltenango, hasta llegar al Océano Pacífico.

“Es importante que países como Guatemala y México conozcan el patrimonio de sus antepasados y que toda la población pueda aprender los principios básicos de la epigrafía maya, con el apoyo del gobierno”, enfatiza Ershova, autora de 15 libros sobre culturas mesoamericanas, incluida una obra para aprender el método de epigrafía de Knórosov.

La Universidad Estatal Rusa de Humanidades abrió este año su filial en Guatemala, con metodología de enseñanza a distancia, para estudiar licenciatura y maestría en Historia de Mesoamérica y poder especializarse en el método de Knórosov. Para más información, escriba a guatemala@rggu.ru



Cortesía Prensa Libre

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