¿Quién estará para indultar al pavo? – – Noticias Guatemala

Faltan menos de dos semanas, doce días para ser preciso, para que se realicen las elecciones generales en EE. UU., el 3 de noviembre. Algunos analistas y políticos exclaman con dramatismo que serán las elecciones más importantes y decisivas en la historia del país, que se decanta entre la libertad y el socialismo, el progreso y la ruina, la salvación del medioambiente o su destrucción; en fin, la luz y la oscuridad. Quizás exageran, pero sí tendrá consecuencias significativas para EE. UU. internamente, en el equilibrio de fuerzas geopolíticas y el mundo. Las instituciones formales y la organización del gobierno de los EE. UU. fueron diseñadas por sus fundadores y redactores de la Constitución, para blindarlas de cambios súbitos profundos al servicio del humor político del momento. Esto se conjuga en el balance de poderes entre la Presidencia, el Congreso, el Senado y la Corte Suprema de Justicia. El balance se fortalece con el federalismo; EE. UU. es, en efecto, una federación de estados soberanos.

El “verdadero” Joe Biden, el que ha estado en política por 47 años, tiene trayectoria de ser relativamente conservador en política exterior y de izquierda moderada en política doméstica. Sin embargo, el partido demócrata ha sido impactado y de cierta forma capturado por su ala más radical, personificada por políticos como Bernie Sanders, Elisabeth Warren, Alexandra Ocasio Cortez e Ilhan Omar, y empujado aún más hacia la izquierda por movimientos como Black Lives Matter y el tenor de los disturbios urbanos que se han visto en los pasados seis meses en EE. UU. Si gana Biden y los demócratas toman control de ambas cámaras legislativas, es probable que emerjan más programas masivos de gasto público asistencialista, acentuando los alarmantes niveles de deuda. Aumentaría impuestos y la regulación social y a empresas, especialmente en temas ambientales y de identidad. La política externa se tornaría más suave y menos combativa; sería cuestión de meses para que países como China, Rusia, Irán y Corea del Norte pusieran a prueba el temple de Biden.

Trump tiene el camino cuesta arriba, está debajo de Biden en las encuestas y tiene en contra a la gran mayoría de medios de comunicación y operadores de redes sociales. El New York Times, Washington Post, CNN, NBC, CBS lo vilifican las 24 horas del día. Twitter se ha dado a la tarea de bloquear todo lo que refleje mal sobre Biden o exalte a Trump. Basta contrastar el tratamiento que tuvieron ambos candidatos por parte de los moderadores de los cabildos abiertos que realizaron simultáneamente las cadenas ABC y NBC. Biden fue tratado con guantes de seda y Trump fue atacado con saña. El primer debate fue un desastre para ambos candidatos, más para Trump, que fue incapaz de controlar sus exabruptos. Hoy será el segundo debate; Biden solo tiene que mantenerse despierto, y si Trump no hace un buen papel le saldrá caro en las urnas.

En el fondo, hay una clara diferencia en lo que representan ambos candidatos. Trump representa el excepcionalísimo de EE. UU., que cree en sí mismo, el país de la justicia y oportunidad, la idea que sus instituciones, tradiciones, cultura y economía son un faro para el mundo. Trump es originalista. Biden representa al país que ya no cree en sí mismo, que duda de sus valores y tradiciones, en el apologismo, la idea de que EE. UU. es el problema, no la solución, que EE. UU. es una sociedad injusta, racista, que necesita cambios profundos.

Pronto se sabrá quién estará en la Casa Blanca los próximos cuatro años para la tradicional ceremonia de indultar al pavo para el Día de Acción de Gracias.




Prensa Libre

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