En las horas que se sucedieron a la renuncia de Elsa Barber, el pasado 7 de enero a la mañana, la comunidad de bibliotecarios, a través de sus diferentes asociaciones, institutos, redes sociales y referentes se movilizaron para hacerle llegar al ministro de Cultura, Tristán Bauer, un mismo pedido: que se tenga en cuenta a los bibliotecarios para el cargo de director y subdirector de la Biblioteca Nacional. Pese a la sugerencia, sin embargo, por la tarde se anunció al periodista y escritor Juan Sasturain​ como el nuevo director, quien se hará cargo de la 37° gestión de la entidad desde el próximo 8 de febrero. Un debate resurge en las últimas horas: el director de la Biblioteca Nacional –y de cualquier biblioteca, en general– ¿debería ser bibliotecario de profesión? ¿O no necesariamente?

Manuel Trelles, entre 1879 y 1884, Paul Groussac, entre 1885 y 1929, José Edmundo Clemente, entre 1978 y 1979, y Elsa Barber, entre 2018 y 2020, fueron los únicos cuatro bibliotecarios de profesión que estuvieron a cargo de la dirección de la Biblioteca Nacional en sus 210 años de vida. En cambio, escritores, editores o personalidades de la cultura, como sacerdotes, libreros, historiadores, periodistas y políticos, hubo unos cuantos más: José Mármol, Gustavo Martínez Zuviría, Jorge Luis Borges, Héctor Yánover, Horacio González y Alberto Manguel fueron algunos de los 36 directores que tuvo la institución.

Tras su designación, el periodista y escritor Juan Sasturain visitó la Biblioteca Nacional y fue bien recibido por los trabajadores. Asume el 8 de febrero. / Télam

Hubo un comunicado de la Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina (Abgra) recordando estas estadísticas y en el cual se señalaba, además, que “de los vaivenes políticos [el de director] resulta ‘un cargo apetecible’ para que los gobiernos de turno ofrezcan a sus amigos, bajo el velo intelectual y con el fantasma de un Borges del cual todos quieren ocupar su escritorio”. Al pedido, se sumaron los directores de las escuelas de Bibliotecología de las universidades nacionales públicas (Buenos Aires, Córdoba, La Plata, La Rioja, Mar del Plata, Misiones, Nordeste, Litoral y la Autónoma de Entre Ríos).

“Hay lugares en los que nadie duda que tiene que haber un profesional del área: en Salud, el ministro no va a ser un escritor. Pero en el ámbito de la Bibliotecología, no es así. Y esto se debe al prejuicio que recae sobre la profesión que dice que lo único que hace un bibliotecario es entregar libros”, explica Carolina López Scondras, vicepresidenta de Abgra, quien asegura que entre los bibliotecarios se viene trabajando fuerte en cómo reposicionar una profesión que consideran “invisibilizada”: “Cuando hay un tema vinculado a la cultura, se consulta a escritores, editores, libreros, maestros, sociólogos, pero nunca a un bibliotecario”. Además, agrega, el bibliotecario tiene un perfil bajo y trabaja solo porque suele estar rodeado de personal de otras profesiones.

Jorge Luis Borges y José Clemente. El escritor fue secundado por un destacado bibliotecario durante su gestión, entre 1955 y 1973.

Jorge Luis Borges y José Clemente. El escritor fue secundado por un destacado bibliotecario durante su gestión, entre 1955 y 1973.

Creada por Ricardo Rojas, decano de la UBA, la carrera de Bibliotecología y Ciencia de la Información se inicia en esta universidad en 1922: en la actualidad, cursan unos 600 estudiantes y, de la licenciatura de cinco años de cursada, egresan por año entre 15 y 20 bibliotecarios. A mitad de cursada, los alumnos acceden a una diplomatura en bibliotecología. “Consideramos que al frente de la Biblioteca Nacional debe haber un profesional bibliotecario o gestor de la información, porque una de las principales funciones de una biblioteca nacional es la de conservar, gestionar y preservar el patrimonio escrito de un país. Pero se parte del error de creer que la Biblioteca Nacional es como un centro cultural y que la preservación viene después”, considera Carmen Silva, bibliotecóloga y directora de la carrera de Bibliotecología y Ciencia de la Información de la UBA.

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La ausencia de bibliotecarios en cargos directivos se repite en otras bibliotecas importantes como la del Congreso y la del Maestro: mientras que en la primera se desempeña Alejandro Santa, que no es bibliotecario pero tiene buena relación con el sector; en la segunda, no hay director designado oficialmente y figura “a cuenta” Mariana Alcobre, que sí es bibliotecaria. Se conoció también en los últimos días que al frente de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), el organismo que brinda apoyo a unas 2.000 bibliotecas populares en todo el país, vuelve a estar María del Carmen Bianchi, de buena sintonía con los bibliotecarios y el sector editorial, pero psicóloga de profesión y ex diputada nacional. Se suma también que al frente del Archivo General de la Nación fue designado Marcos Schiavi, doctor en Historia.

Tras la renuncia de Alberto Manguel, Elsa Barber asumió la dirección. Había sido subdirectora de las gestiones de Horacio González y Manguel. Llegó por sugerencia de la Asociación de Bibliotecarios y fue la primera mujer en estar al frente de la institución. / Rubén Digilio

Tras la renuncia de Alberto Manguel, Elsa Barber asumió la dirección. Había sido subdirectora de las gestiones de Horacio González y Manguel. Llegó por sugerencia de la Asociación de Bibliotecarios y fue la primera mujer en estar al frente de la institución. / Rubén Digilio

Como no hay una legislación nacional que garantice que estos puestos sean ocupados por concurso, todo depende de las leyes de cada provincia y de los estatutos de cada organismo (escuela, universidad, tribunal, institución especializada, biblioteca popular o barrial) o bien de la mano política.

¿Profesión con techo?

El puesto de director de biblioteca –todavía más si es la nacional– goza de prestigio y parece ser el premio a una carrera dedicada al ámbito de la cultura. En ese sentido, parecería que la especificidad en bibliotecología y ciencias de la información les jugara en contra a los bibliotecarios o que esa profesión tuviera un techo y no llegara a llenar los requisitos para ocupar tamaño puesto. ¿Qué más tiene que tener un bibliotecario para ser director o, al revés, qué tiene que tener un aspirante a director para llegar a tal?

Escritor, historiador, crítico literario y bibliotecario, la de Paul Groussac, nacido en Toulouse, Francia, fue una gestión fundacional en la Biblioteca Nacional y duró 44 años (entre 1885 y 1929).

Escritor, historiador, crítico literario y bibliotecario, la de Paul Groussac, nacido en Toulouse, Francia, fue una gestión fundacional en la Biblioteca Nacional y duró 44 años (entre 1885 y 1929).

Por otro lado, el panorama es desalentador para los aspirantes a estudiar bibliotecología, una formación académica (terciaria y universitaria en todo el país), con oferta pública y gratuita, ¿cuál es la motivación de un estudiante de esta disciplina si sabe que su máxima aspiración –director de una biblioteca– es inalcanzable por la lógica política de la designación a dedo? ¿Y por qué estaría mal que sea elegido, en este caso, por el Ministerio de Cultura, si cada gobierno designa a sus funcionarios públicos?

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Otras voces

“El director no tiene que ser necesariamente un bibliotecario. Como decía Leopoldo Brizuela, aunque te sepas la receta, no tenés por qué saber hacer la torta. Tiene que ser alguien que esté imbuido en las relaciones públicas y una figura literaria de primer nivel. Y luego, los bibliotecarios son imprescindibles para el resto de los cargos. Sería lo ideal”, opina la escritora Luisa Valenzuela, que el mes pasado recibió el Premio Carlos Fuentes, y rememora a Paul Groussac al frente de la Biblioteca como “un bibliotecario e intelectual de nota”.

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Para José Nun, secretario de Cultura entre 2004 y 2009, abogado y politólogo, la Biblioteca Nacional tiene que tener una dimensión cultural y una dimensión bibliotecológica indispensable: “Lo ideal sería que si el director tiene una visión más cultural que el subdirector tenga una visión más especializada. No tenemos el hábito, en ningún nivel, de la profesionalización en los puestos de subdirector para abajo. Lo ideal es que no sean cargos sometidos a los vaivenes de la política. Pero digamos que uno puede admitir que el cargo es político, que el resto, entonces, sean especialistas. Siempre tiene que haber un equilibrio entre el interés por fomentar la cultura y por fomentar el desarrollo de la Biblioteca Nacional como tal”.

Escritor y editor, Alberto Manguel fue director entre 2016 y 2018. / Andrés D'Elía

Escritor y editor, Alberto Manguel fue director entre 2016 y 2018. / Andrés D’Elía

A Nun le tocó designar al director de la Biblioteca en 2004: “Fue muy recomendado para el cargo Horacio González, que conocimientos como bibliotecario no tenía, pero sí podía ser un motor cultural. Y designé como subdirector precisamente a una persona que estaba en las antípodas ideológicas de González y con conocimientos de bibliotecología: Horacio Tarcus. Al tiempo, empezaron las peleas entre ellos y Tarcus renuncia”. En ese momento, Nun le pide a la Asociación de Bibliotecarios que le propusiera un candidato; es así cómo en 2007 llega Elsa Barber a la subdirección y en 2018, a la dirección, tras la renuncia de Alberto Manguel​, convirtiéndose, además, en la primera mujer de la historia argentina al frente de la institución.

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Pese al pedido a Bauer, los especialistas en bibliotecología aclaran que no están en contra del flamante director, que respetan la decisión del Ministerio y que buscan que los tengan en cuenta en la mesa de negociación: con el resto del organigrama aún por conocerse, ahora aspiran a quedarse con el cargo de subdirector y otros vinculados a la gestión de la información. 

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Cómo es en otros países

  • Un reclamo similar se replicó estos días en Perú, donde bibliotecólogos le pidieron al Ministerio de Cultura que el director de la Biblioteca Nacional de ese país fuera un profesional de la Bibliotecología. En el puesto, fue nombrado el escritor Ezio Neyra (hermano de la actriz Gianella Neyra​, reconocida por estas costas).
  • En Uruguay, el director de la Biblioteca Nacional es de confianza política del presidente y su gestión dura los cinco años de cada administración. En este momento, la directora es Esther Pailos Vázquez, licenciada en Bibliotecología.
  • Y en España, desde que se aprobó la ley de autonomía en 2015, la dirección de la Biblioteca Nacional de España recae en alguien con formación bibliotecaria designada en un proceso abierto: en la actualidad, se desempeña Ana Santos Aramburu. De todas maneras, el puesto no deja de ser una dirección general que puede nombrar directamente el Ministerio de Cultura.

PC

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