La Unidad Especial de Investigación y Litigación del caso Ayotzinapa dio a conocer que en el lugar conocido como “Barranca de La Carnicería” encontraron restos óseos en noviembre de 2019. Después del análisis genético, uno de esos restos óseos resultó coincidente con el ADN de uno de los 43 normalistas, Christian Alfonso Rodríguez Telumbre.

Consideremos que el anuncio en sí no es una nueva narrativa de lo que pasó, sin embargo, representa un avance significativo para el esclarecimiento de los hechos y, sobre todo, del paradero de los normalistas que, hoy en día, continúan desaparecidos.

Hay quienes consideran que con el anuncio no se descarta la versión oficial ofrecida por la PGR de Jesús Murillo Karam. Minimizan el hallazgo porque no hay una explicación de lo que pasó, o por la cercanía del sitio del hallazgo con el basurero de Cocula, entonces asumen que la verdad histórica continúa vigente. Para llenar ese vacío, los encargados del caso deberán continuar con la investigación hasta dilucidar los cabos sueltos.

Después de la noticia sobre la identificación del resto óseo de Christian Alfonso, hay más preguntas que respuestas. La acción del titular de la Unidad que investiga el caso no es un acto político que intenta desvirtuar la versión oficial, sino un acto de rendición de cuentas para las familias y la sociedad. Si esto pone a prueba nuevamente la versión de la administración pasada, es otra cosa. Instituciones internacionales de derechos humanos ya habían dado suficientes argumentos para desestimarla: el GIEI, el EAAF, la ONU, e incluso el Poder Judicial mexicano.

La Barranca de la Carnicería es un lugar del que la PGR de Murillo Karam tuvo conocimiento desde 2014 e incluso, tenía una averiguación abierta de la misma. En el segundo informe del GIEI se precisa que el EAAF solicitó a la PGR se revisara la Barranca porque los padres de los normalistas habían obtenido información sobre ese lugar. El GIEI afirma que la PGR le respondió que “la investigación de este lugar hacía parte de una averiguación previa diferente al caso de Ayotzinapa porque no tenía relación con estos hechos”.

Después de la negativa, el GIEI solicitó reiteradamente a la PGR tener acceso a las actuaciones ministeriales e investigaciones que se estaban realizando sobre La Carnicería, pero nunca tuvieron respuesta satisfactoria. Sobre este lugar, el GIEI siempre tuvo inquietudes, que la PGR nunca resolvió.

Casi seis años después aparece el hueso de un estudiante justo en la Barranca de la Carnicería. Lo que hace necesarias algunas preguntas: ¿Por qué la PGR de Murillo Karam se negó a realizar averiguaciones en ese lugar, aludiendo a que era un espacio vinculado a investigaciones de otro caso? ¿Fue falta de voluntad o solo una limitada diligencia lo que les impidió agotar todas las líneas de investigación? ¿Quiénes son los responsables de no buscar más allá del Basurero de Cocula? ¿Será este hallazgo relevante para las nuevas rutas de investigación que por lo pronto salieron ya de la delimitación del basurero?

@maiteazuela



Cortesia Milenio

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