Quito –

“Estamos trabajando para ayudar a los ecuatorianos a salir adelante y consolidar lo que es más importante: la paz, un entorno de paz, de desarrollo y de derechos humanos”: lo dijo Arnaud Pera, quien fue el mediador (facilitador) en la jornada de diálogo entre el gobierno ecuatoriano y el sector indígena que se efectuó la tarde y noche del 13 de octubre en esta ciudad.

Es un economista francés de 48 años, Coordinador Residente, representante del Sistema de las Naciones Unidas en el Ecuador y delegado del Secretario General de la ONU y actúa como líder del Equipo de País de las Naciones Unidas, instancia conformada por todas las Agencias de la ONU presentes en el Ecuador. Peral comenzó en México en 2006 como Representante Residente Adjunto-PNUD; luego fue Director de País del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Colombia y antes había sido asignado en Brasil. En el Ecuador ha estado vinculado a las tareas de la Comisión Internacional de Lucha contra la Corrupción y ha mantenido reuniones en la Cancillería por la crisis humanitaria de los venezolanos.

¿Cómo se dio este proceso para que el gobierno y Naciones Unidas lleguen a la mediación?

Empezó el lunes 7 de octubre, con un contacto verbal de parte del gobierno: preguntaban si podíamos facilitar un diálogo. Era un momento complejo y tenso; se estaban movilizando muchos los sectores. Estaba anunciado el paro para el 9; días antes, hubo un paro de los transportistas. El gobierno nos solicitaba facilitar encuentros con sectores con los cuales el diálogo no era tan fácil. Y aunque mantenían la puerta abierta, se había roto la confianza. Ese día empezamos a establecer puentes y ese es el rol que tuvimos. Contactamos con varios sectores para ver si había condiciones para generar un diálogo. Una primera pregunta que hicimos fue sí aceptaban nuestra facilitación. Y dijeron: sí. Vinieron a hablar con nosotros y comenzamos a ver cuáles serían las condiciones para desactivar lo que estaba pasando en el país y evitar un mayor conflicto. Nuestra finalidad era que se puedan sentar a dialogar.

¿Y costó mucho sentarles a los sectores en conflicto?

Costó porque el contexto era muy difícil en esos días. Uno de los elementos que pedimos a las partes fue gestos de buena voluntad, como, por ejemplo, en el caso de la marcha indígena del día 9. Pedíamos que la marcha no se tope con la fuerza pública o con otros grupos y que pueda ser una marcha pacífica.

¿Otro gesto de buena voluntad fue que se aceptara que el diálogo del domingo 14 sea televisado?

Sin duda. Ese fue un elemento que aceptó el Presidente (Lenín Moreno) y una condición que ponían los movimientos. Era un momento muy tenso entre los dirigentes y sus bases. Había mucha desconfianza. La tensión estaba dándose a todos los niveles y la condición como para que pueda haber esta mesa se estableció que el diálogo sea televisado.

¿Usted cree que estuvo bien televisar ese diálogo?

Por experiencia internacional: a veces ha salido muy mal, otras veces ha salido muy bien.. Al final de cuentas, yo no lo calificaría porque hay muchas interpretaciones y mucha controversia: quién ganó, quién perdió. Lo que estamos valorando es que pudieron sentarse a la mesa y en un contexto que era muy crítico. En ese mismo domingo se sentía cansancio de las partes y se estaban sumando los heridos, los muertos, la opinión pública también estaba muy tensa. Habían personas que estaban con mucho miedo ante la escalada de violencia y algo tenía que acontecer y aconteció. Hubo un acuerdo entre las partes que permitió desactivar el conflicto. De nuestro lado, se logró que se sentaran a la mesa, con lo que se pudo desactivar el conflicto y retornar a un ambiente de calma.

¿Cuando se hizo la pausa ese domingo y se demoraron en salir, qué pasaba por su mente?

Durante ese momento, en ese sitio, estaban diversos actores. Representantes de las diferentes funciones del Estado; el rector de la Universidad Central, si bien me recuerdo; representantes de la sociedad civil; algunos colegas de Naciones Unidas; dirigentes indígenas. Había bastante gente. ¿Por qué se demoró? Se vio que algo estaba en construcción. Fue muy difícil llegar a la mesa y se estaban encontrando por primera vez después de una semana de muchísima tensión, de muchísimas acusaciones, preocupación y violencia. Y no es fácil discutirlo todo en cadena nacional. Y estuvieron discutiendo hasta encontrar una fórmula que era aceptable para las partes. Y les dejamos como suficiente tiempo para que lleguen a un acuerdo. El país estaba esperando buenas noticias. No una noticia intermedia en la que hubiéramos salido a decir: avanzamos pero seguimos mañana.

Usted quería ir más rápido y por eso dio 48 horas de plazo para que las partes acuerden una solución…

La expectativa era de que podía ser más rápido. El símbolo que había llevado a esta crisis era el famoso decreto (883), pero hay mucho más que salió en la discusión y había mucho más que discutirlo. Y todavía hay en el país muchos otros temas que tienen que ser discutidos. Las razones profundas que generaron el malestar iban más allá del tema del decreto, peor por lo menos si se esperaba que el “símbolo” si se podía trabajar en un período muy corto para resolverlo.

¿La facilitación de las Naciones Unidas sigue sólida?

La facilitación tuvo esta primera fase del 7 al 13 de octubre. Luego tratamos de facilitar un trabajo más técnico para implementar el acuerdo del domingo 13 para la elaboración de un nuevo decreto. Hubo reuniones a otro nivel como más técnicas entre el gobierno y el movimiento indígena. Desde el inicio vimos que no iba a ser fácil esta conversación porque son temas también muy técnicos. Y las partes necesitan ver sus escenarios, sus estrategias. Y de ambos lados, plantearon la necesidad de ampliar estos diálogos con otros sectores y agregarle otros temas. Pero eso era como fuera de lo que había facilitado en su momento. Hemos intentado ayudar a esta comisión técnica lo más que pudimos, ahí con la Conferencia Episcopal tratando de hablar para hacer acercamientos.

Hicimos un informe el 22 de octubre indicando a las partes de lo que había pasado desde el 13 de octubre sobre los intentos que se hicieron en esta comisión y que lamentablemente se habían levantado. Primero se levantó la Conaie el 16, si bien me recuerdo, diciendo que no podían continuar una discusión técnica, uno por el tema de los procesos judiciales contra sus líderes y que también querían escuchar otras voces y por eso convocaron al parlamento de los pueblos. El Gobierno quería continuar esta discusión, pero como ésta comisión no continuaba como tal lo ampliaron de otra forma.

Creo que es importante no cerrar el diálogo. Pero como Naciones Unidas no hemos estado ni participando en el parlamento de los pueblos ni en los otros diálogos que lleva el gobierno. Son otros escenarios. Y en el informe del 22 de octubre, hemos reiterado nuestra disposición a seguir ayudando si fuese necesario. El jueves 31 nos solicitaron ser testigos de la entrega de un documento preparado por ellos y el Gobierno aceptó sentarse en esa mesa y recibir el documento.

¿Y cómo ve la situación actual?

De un lado, son importantes los gestos que se han dado en búsqueda del diálogo. Se pudo evitar la marcha del 30 de octubre que fue un gesto de buena voluntad del movimiento sindical. Así lo vio el gobierno también y pudo haber diálogo. Había que evitar el riesgo de que esa marcha pacífica se pudiese descarrilar. Esos gestos de sentémonos a la mesa y hablemos es bueno. ¡Podemos estar en desacuerdo en muchos temas, pero hablemos! Los esfuerzos que está llevando el gobierno de escuchar muchas opiniones sobre diversos temas son importantes. Estamos viendo también esos esfuerzos de multiplicar el diálogo del sector privado, de la academia.

Esta crisis abrió heridas, quizás profundas que tiene el país; desconfianzas y se requiere diferentes espacios y escenarios de diálogo a todo nivel para generar condiciones para convivir. Nosotros vamos a mantenernos dispuestos a apoyar esos esfuerzos. Vino la semana pasada, un enviado especial del Secretario General de la ONU, el embajador, Juan Gabriel Valdez. Hablamos con las partes y con otros sectores. y se reiteró el mensaje del secretario general de que aquí para ayudar en caso de que sea necesario. La facilitación es nuestro rol y en el caso de un nuevo escenario de tensión ahí estaremos para facilitarlo. Siempre vamos a privilegiar e invitar a esos gestos de buena voluntad para que haya diálogo directo porque también hay un desgaste de la facilitación como estamos viendo en los medios de comunicación y en las redes sociales y es importante que los actores del país hablen directamente. Nuestro rol es generar condiciones, remover obstáculos, generar confianza para generar diálogo directo.

¿Ha sido la facilitación más complicada que usted ha tenido?

En la carrera de las Naciones Unidas, la facilitación ocurre en muchos escenarios y en mi carrera he tenido escenarios complejos, en México, Brasil. En Colombia estuve durante todo el proceso de La Habana en la negociación con las FARC; en varios diálogos nacionales con la Cumbre Agraria, la Mesa Única de Garantías, etc. Este fue, particularmente, complejo porque se daba en un escenario de violencia, de tensión. Y cada día que pasaba era el riesgo de un colapso institucional, de una escenario de más violencia y más muertes y sufrimientos.

Las pérdidas económicas y las pérdidas de vidas humanas aumentaba. Había como un factor de urgencia muy importante para el país. Lo hicimos con buena fe y responsabilidad. Y hoy (en Ecuador) estamos en un escenario más favorable, pero que sigue siendo frágil. Un conflicto que llega a estos extremos deja muchas heridas en los cuerpos y en los corazones, y recuperar la confianza para volver a sentarse y considerar que el otro está actuando de buena fe no es fácil. Sobre todo en un contexto que se vuelve a politizar con las elecciones del 2021. Muchos actores están viendo este escenario político lo que hace más complejo.

¿En lo personal que ha sido lo más importante para usted?

Lo más importante fue que a partir del 13 de octubre, el Ecuador pudo regresar rápidamente a un escenario de paz; creo que nunca me he sentido más feliz de estar encerrado en el tráfico el día 14 de octubre, en Quito, cuando vi que los autos volvían a la ciudad y sus actividades… y los buses y los taxis y la gente volviendo a sus tareas y los esfuerzos de jóvenes, policías, indígenas limpiando las calles. Este reencuentro como sociedad ha sido, realmente alentador. Y eso también ha permitido al Sistema de Naciones Unidas en el Ecuador retomar todas nuestras actividades.

¿Cómo cuáles?

Estamos apoyando temas estructurales, que son quizás los no resueltos por la crisis y que están en provincias. Tenemos un programa de país para el periodo 2019-2021 que redondea los 200 millones de dólares, trabajando en temas como cierre de brechas territoriales, igualdad de género, programas de bienestar en la Amazonia como “Proamazonia”, donde tratamos la lucha contra el cambio climático, la estabilización, la protección y el desarrollo de los derechos humanos en la frontera.

Retomamos el diálogo con el INEC para la preparación del censo para el 2020 y que se hace cada 10 años. El censo es la base fundamental para el diseño de la política pública para saber en qué país estamos, cómo se identifican las personas. Este es un trabajo técnico que tiene muchas implicaciones para la toma de decisiones; el escenario de movilidad humana. Por ejemplo, la crisis de movilidad humana proveniente de Venezuela no ha terminado y siguen habiendo personas que llegan; hay escenarios de rechazo de xenofobia; hay nuevas historias de acogida.

Hay  que evidenciar más los aportes de migrantes y refugiados porque al final de cuentas aportan económicamente al país, ayudan a generar empleo. He visto asociaciones de talentos entre ecuatorianos y venezolanos que se ayudan en negocios. Nuestro enfoque es trabajar con todos para que los beneficios sean para todos.

¿Ustedes sienten que los venezolanos tienen el apoyo de Naciones Unidas?

Hay que reconocer que el gobierno ecuatoriano, como los otros de la región, ha hecho enormes esfuerzos. Pero ha sido una crisis de movilidad humana jamás vista en la región. Estamos hablando de millones que han salido en apenas dos años. No es fácil acoger a tantos, aunque sea solamente como país de tránsito. Y es una población que sale con desespero. Nadie deja su país, su casa, sus amigos, sus familiares por gusto. Lo hacen por desespero, buscando protección, acogida y la posibilidad de tener una vida digna y sin violencia.

El esfuerzo de solidaridad es fundamental. Es complejo cuando hay una situación de fragilidad social, económica, donde hay cifras importantes de desempleo y para todos los países ha sido un reto enorme tanto para los gobiernos como para la población el recibir a los hermanos venezolanos. (I)