Anécdotas y curiosidades sobre Rubén Darío desde su infancia hasta su trágica muerte

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«Presiento que será un gran poeta”, vaticinó el maestro José Rosa Rizo Moreno, cuando Darío solo tenía 9 años; tres años después el mismo poeta expresó que el mundo le aplaudiría; a los 16 años decía que se sabía de memoria el diccionario; en 1888 publica su emblemática obra “Azul…”, años después España le reconoce como una de los más grandes poetas renovadores de la lengua castellana.

En esta lista de anécdotas y curiosidades el poeta revela sus precoces amoríos, se obsesiona con la trapecista norteamericana Hortensia Buislay, luego mantiene un romance fugaz con Rosario Emelina Murillo Rivas. El poeta también habla de su muerte: “Quiero que mis despojos sean para Nicaragua. Ya que mi patria no me guardó vivo, que me conserve muerto”.

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Esto y más nos comparte el historiador matagalpino Eddy Kühl, autor del libro “Rubén Darío según un paisano Matagalpa”. Kühl también ha publicado: “Salomón de la Selva: aportes para su biografía”, “Los buenos y los malos en la historia de Nicaragua”, “Choiseul-Praslin en Nicaragua”, entre otros títulos.


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Aquí sus anécdotas y curiosidades sobre Rubén Darío desde su infancia hasta su muerte:

“Presiento que será un gran poeta”

El maestro José Rosa Rizo Moreno, en 1876, indujo Rubén Darío en su niñez escribir poesía, entonces el poeta-niño tenía 9 años de edad. Fletes Bolaños recogió una charla entre doña Bernarda Sarmiento de Ramírez y Rizo Moreno, cuando aquella se quejaba que Rubén pasaba mucho tiempo escribiendo versos, éste le explicaba a doña Bernarda:

“Le aconsejo a Ud. que no se alarme. Que Rubén siga con sus versos, porque presiento que será un gran poeta, pues el profesor Felipe (Ibarra) no le está enseñando a hacerlos, porque esto no se enseña señora”  (Carmen Conde,  p. 70).

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Ángela Rizo Corrales, recuerda que su abuelo Rizo Moreno (nacido en Jinotega,  1850) fue magistrado de Justicia en León y Chinandega en 1880, y en esos años director del Colegio San Fernando donde tuvo como alumno a Darío, después que este perdió el apoyo económico en el colegio de los jesuitas  de parte de su tío político Pedro J. Alvarado.

Darío a sus 12 años: Me aplaudirá el mundo”

Se dice que a los 12 años, su primo Pedro Alvarado Darío regresaba de Europa donde había aprendido a tocar el piano magistralmente, entonces sus padres, Pedro Alvarado y Rita Darío, ofrecieron un concierto en su elegante casa en León.

Su tío que también se llama Pedro Alvarado,  año antes le había retirado la beca a Darío en el colegio de los Jesuitas, la razón era que su hijo Pedro Alvarado Darío se había peleado con Darío, por lo que el poeta-niño tuvo que pasar a la escuelita San Fernando, administrada por José Rosa Rizo Moreno.

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Entonces los padres habían puesto toda la atención en su hijo. Después del concierto los invitados aplaudieron fuertemente, entonces otro familiar para molestar a Darío le dice: “¿Viste como aplauden a tu primo?”, Darío contestó: “A Pedro lo aplauden aquí, a mí me aplaudirá el mundo”.

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Una trapecista fue su primer amor erótico, a los 13 años

La primera mujer que despertó en Darío una pasión erótica fue la adolescente norteamericana Hortensia Buislay (Darío recuerda su nombre en su autobiografía). Ella era una saltimbanqui o trapecista de 13 años que trabajaba en un circo que llegó a León hacia 1880. Rubén asistía a las funciones todas las noches.

Como no tenía dinero para pagar la entrada se unía a los músicos y entraba como parte de ellos cargando la caja del violín o las partituras. Cuando el circo se va de León, Rubén quiere irse con el circo para estar cerca de Hortensia y se ofrece como payaso, pero no pasa la prueba.

Cuando Rosario Emelina Murillo conoció a Darío, en 1882

El doctor Emilio Álvarez Montalván conoció a Rosario Emelina Murillo Rivas, viuda de Darío, cuando regresó graduado como médico de Chile, en 1948; entonces Murillo Rivas vivía cerca de su consultorio médico en Managua.

Dice Montalván que Murillo Rivas fumaba mucho, por los cual tenía una voz de “tabaquismo”. Una vez le preguntó que había sentido cuando conoció a Darío, ella le respondió: “Sentí como que fui a encontrar al sol con un sombrero de seda”.

LA PRENSA/Arnulfo Agüero/Archivo

 La genial memoria de Darío, bibliotecario a los 16 años

Darío, siendo un joven de 16 años de edad, trabajó en la recién inaugurada Biblioteca Nacional de Nicaragua en Managua en 1883. En los ratos libres aprovechaba para leer los libros.

Una vez en una reunión con el director de la Biblioteca Agustino Aragón, Darío le pide: “Don Agustino, pregúnteme cualquier cosa de este libro”. Éste al ver el grueso libro le dice al jovenzuelo: “Pero Rubén? este es un diccionario!”. El poeta  cortésmente riposta: “Precisamente Señor Director, dele viaje!”

“¿Será Ud. acaso Rubén Darío?”

La pintura de la cubierta de mi libro “Rubén Darío según un paisano Matagalpa”, un óleo por el joven pintor jinotegano Mauricio Rizo Centeno, muestra un episodio de una anécdota de la llegada de Darío a la estación de tren en Santiago, Chile, en 1886, en que el elegante anfitrión, vestido en pieles no le reconoce por su juventud, 19 años, modo de vestir, y su maletita de madera.

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Al quedar solo en la estación aquella persona elegante, que llega a traerlo en coche de caballos y con su valet, se le acerca dudoso y el pregunta: “¿Será Ud. acaso Rubén Darío? El jovencito nica una poco apenado, le contesta con otra pregunta ¿Acaso ser Ud. el señor Castelar Albano?.

Dos años después, en 1888, ese joven poeta sería el más grande escritor de la lengua hispanoamericana al publicar “Azul…”, relevante obra de poesía y cuento del modernismo.

Elogió incluso a sus críticos

En 1893 el poeta colombiano José María Vargas Vila se había contrariado porque Darío aceptó ser nombrado por el ex presidente Rafael Núñez como cónsul de Colombia en Argentina, pues Vila creía que Núñez era un dictador.

Incluso Vila y Darío estuvieron a punto de encontrarse en Nueva York en 1893 cuando José Martí invitó a ambos a una recepción. Se dice que Vila no atendió para no encontrarse con Darío. Años después Darío vio en los periódicos una “noticia que Vila se había suicidado en Siracusa delante de una actriz griega”, apesarado  Darío escribió un artículo lamentando la muerte de Vila y elogiando su obra como escrito.

Como la noticia era falsa, y Vila leyó el sincero reporte de Darío, quedó impresionado a su favor, y desde entonces fue uno de sus mejores amigos, hasta escribió el valioso libro “Rubén Darío”.

Reconocido en España por su genio y su lección a Unamuno

Una vez en Madrid, el poeta Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca, una de las más antiguas de Europa,  dijo que a Darío “Se le veían las plumas de indio debajo del sombrero».  Darío no contestó entonces.

Pero meses más tarde cuando era reconocido en España por su genio. Un 5 de Septiembre de 1907 Darío le escribe: «Mi querido amigo: Ante todo para una alusión, es con una pluma que me quito debajo del sombrero, con la que le escribo». Apenado Unamuno le contesta por escrito el 26 de Septiembre: “Lo tomo como una lección y la acepto”. Moraleja: “contestar cortésmente no quita lo valiente”.

Profesor en un barco trasatlántico

Esta anécdota me la refirió el mismo protagonista cuando le di un aventón en mi carro de Matagalpa a Managua en 1967. Se trata de Carlos Hayn Goldberg (1885-1979) natural de Stuttgart, Alemania. Él trabajaba en Milán, para la compañía Mercantil de Ultramar.

En 1907 esa compañía le pidió que viniera a colaborar en su sucursal en Matagalpa, Nicaragua.  Era entonces un joven soltero de 22 años de edad, aceptó la oferta y se embarcó en Génova en el vapor Provence con rumbo a ese misterioso país, Nicaragua. Entre los pasajeros que  habían abordado en España y Francia habían algunos que  hablaban castellano, Darío era uno de esos, hasta ofreció corregirle sus lecciones de español.

Refería que su voluntarioso profesor se sentaba enfrente de una mesita en la cubierta del barco debajo de un techito de lona. Allí con lápiz y papel ilustrado amigo se dedicaba a escribir notas en un cuaderno, cuando él llegaba suspendía sus anotaciones y comenzaba a ayudarle con sus clases, le enseñó un buen lenguaje lo cual él  agradeció hasta sus últimos días.

Cuando llegaron al puerto de Corinto,  notó un gran movimiento de gente y autoridades en la plazoleta frente al desembarcadero, estudiantes de escuela uniformados, bandas de música, y  funcionarios  locales que llegaban a recibir a un personaje que venía  a Nicaragua en ese barco.

Entonces empezó a escudriñar si llegaba algún Jefe de Estado, embajador o político famoso. Cuál fue su sorpresa al ver que el centro de atracción en el puente de desembarque era su amigo de viaje, aquel que le había enseñado lecciones de español, quien le había dicho llamarse simplemente: Rubén Darío.

“Cortesía se corresponde con cortesía»

Contaba el embajador de Costa Rica en Washington Mauricio Messen, que en enero de 1915 cuando él se dio cuenta que Darío estaba en Nueva York viajó para allá para buscarle. Al encontrarle Darío le invitó que le acompañase a una recepción ofrecida en un elegante restaurante de Nueva York en enero de 1915 por el famoso periodista Frank Crane en honor a Darío.

Cuenta Messen  que ya tarde en la noche Crane tuvo que ausentarse, pero ordenó al Chef que les sirvieran lo que los amigos de Darío quisieran. Un vez que Crane se hubo retirado uno de los presentes dijo en voz alta: «Cantinero, pónganos del mejor Champagne!»; entonces Darío se levantó un poco molesto y les dijo: “No señores, no vamos a pedir nada, cortesía se corresponde con cortesía».

Su amigo, el poeta y periodista méndigo en Nueva York

El 7 de abril de 1915 escribe de nuevo desde su hospedaje en la Casa Méndez, aquí le ayuda Juan Arana Turrol quien, según el mismo Darío, ha hecho hasta de méndigo.

Este era Juan Arana Turrol, poeta y periodista colombiano, editor de Las Novedades, le extiende la mano para  ayudarle a pesar que vivía “ras con chinche”, dicho con palabras de Darío: “Que ha sido aquí méndigo y jefe de redacción de La Prensa… parece un Don Quijote que llevara en la diestra, en lugar de la lanza una pluma encantada, para legar al mundo una obra maestra, por lo raro, sublime y disparatada.”  (Pedro Henríquez Ureña, Intelectual, filólogo, crítico y escritor dominicano).

Salomón de la Selva “es de la patria de Darío”  

Cuando Darío ya había partido de Nueva York hacia Guatemala allá por junio de 1915, entonces hubo en Nueva York una reunión de intelectuales latinoamericanos y acababa de llegar a residir allí el famoso pensador dominicano  Pedro Henríquez Ureña, éste en esa reunión notó que un grupo rodeaba a un joven poeta de unos 22 años de edad, se trataba de Salomón de la Selva.

Ureña no le conocía, le entró curiosidad y preguntó de donde era ese joven. “¿Será de Argentina, o de México?”, “No señor”, le contestaban,  uno de ellos que le conocía, dijo: “Es de la patria de Darío”.

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“Ya que mi patria no me guardó vivo, que me conserve muerto”

En carta a Román Mayorga en 1896 estando en Chile Darío le dice: “Jamás he visto días tristes como estos días, jamás he comprendido lo que es la ausencia de la patria, por chica que esta sea. Jamás he creído ser más extranjero”.

Santiago Arguello refiere que una vez en Francia, Darío le dijo: “La república Argentina fue una tierra de gloria para mí. Hablase ya de conservar mi cadáver. Lo agradezco. Pero quiero que mis despojos sean para Nicaragua, Ya que mi patria no me guardó vivo, que me conserve muerto”.

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El genio y la escultora

Edith Grön, la escultora que creó la cabeza de mármol de Darío que se encuentra en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío, nació en Dinamarca en 1916, el mismo año que el poeta moría en León.

Darío llegó en carreta en el vientre de su madre Rosa Sarmiento a Metapa en enero de 1967, cuando iban hacia Olominapa (El peñón de los guapotes, en lengua Matagalpa) la finca de su tía Josefa Sarmiento.

Edith también llegó a Metapa en carreta de bueyes en septiembre de 1923 en la caravana de daneses en su ruta a otra finca en Matagalpa.




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