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Diego Maradona: la imborrable huella que dejó en el fútbol desde Fiorito hasta la Copa del Mundo | Noticias Argentina

Este jueves 25 de noviembre se cumple el primer aniversario de la muerte de Diego Armando Maradona (60), una fecha que conmociona a millones de admiradores de todo el mundo y que reaviva el recuerdo del astro del fútbol y su impresionante historia de vida.

Y es que antes de convertirse en una leyenda por sus descollantes hazañas en los potreros y en las canchas más famosas del globo, el “Diez” atravesó una niñez y adolescencia repleta de dificultades y obstáculos. Y no caben dudas de que los relatos de los primeros años de Diego antes de conquistar la Copa del Mundo de 86’ y tantos otros títulos nunca dejarán de erizarle la piel y causar ilusión a cualquiera que los escuche una y otra vez.

La casa de la infancia de Diego Armando Maradona, compuesta por un techo de chapa, una cocina, dos habitaciones -una para los padres, otra para los 8 hermanos-, un piso de tierra y una cerca en la entrada.

Enamorado de la redonda

Antes de convertirse en “El pibe de Oro” y empezar a ser conocido como uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, Diego Maradona supo desde su niñez que el deporte era la única opción que tenía para sacar a su familia de la pobreza y permitirse soñar en grande. Aunque en su casa siempre faltaba de todo, se permitió ser feliz con lo poco que había y los grandes gestos de apoyo y contención que había en el hogar.

«Soñaba con comer. No era fácil. Nos costaba comprar una gaseosa, y las Flecha o las Pampero que teníamos eran el único par de zapatillas para ir a la escuela, jugar, estar todo el día… Cuando llegaba la hora de la cena, la ‘Tota’ (su mamá) siempre decía que le dolía la panza. ‘No, hoy no voy a comer, porque ando mal del estómago’, repetía. Recién a los trece años, tremendo grandote boludo, me enteré de que nunca le había dolido nada, que decía eso para que nosotros pudiéramos comer«, contó una vez el millonario futbolista al recordar su infancia en Villa Fiorito, Lomas de Zamora, donde convivía en su casa con sus padres, Don Diego Maradona y Dalma Salvadora Franco, y sus otros siete hermanos.

El «10» junto a sus padres, Don Diego Maradona y Dalma Salvadora «Tota» Franco.

Diego fue el primer hijo varón de ‘la Tota’ y Don Diego, ambos provenientes de la provincia de Corrientes. Nació en el hospital Evita de Lanús el 30 de octubre de 1960. La casa en la que se crio en el conurbano bonaerense tenía un techo de chapa, por donde se filtraba la lluvia, y un piso de tierra que lo teñía todo del color marrón. Tampoco tenían agua corriente, lo que hacía que cada vez que tuvieran que lavar los platos y bañarse, el astro y sus hermanos tuvieran que caminar hasta la canilla de agua más cercana con bidones de aceite, llenarlos, y regresar.

Veía que otros chicos tenían zapatillas nuevas y juguetes, y nosotros no podíamos. Me producía una envidia sana, era lógico: el de al lado tenía la bici que yo no podía ni siquiera soñar. Pero veía que mi papá venía todos los días de laburar y le dolía la espalda. Eso me daba la pauta de que no podía esperar nada: era suficiente que mi viejo trajera la leche y que pudiéramos comer.

A los 9 años debutó en el equipo infantil de Argentinos Juniors, “Los Cebollitas”, tras años de práctica con la primera pelota de cuero que su primo Beto le había regalado a los 3 años (“uno de los mejores momentos de mi vida”, expresó alguna vez) y cualquier otro objeto que se le cruzara en la calle cada vez que salía a hacer los mandados que le pedía su mamá. Fue allí donde sorprendió más de una vez a Francisco “Francis” Cornejo, su entrenador, quien afirma con orgullo y sin pudor alguno en su libro Cebollita Maradona haber descubierto el talento oculto de “Pelusa” en aquellas maravillosas jugadas. “Enseguida se hizo famoso entre los vecinos. Venían los jubilados y no se cansaban de aplaudir. Un señor hasta le quiso regalar una bicicleta”, explicaba en uno de los relatos de su obra.

Maradona junto a «Los Cebollitas» de Argentinos Juniors.

El equipo logró cosechar un invicto de 136 partidos gracias a la inmejorable actuación de un joven Diego Armando Maradona con hambre de victorias. Y así fue que, con tan solo 16 años, pasó a integrar el plantel de Primera de Argentinos Juniors, cuando solamente habían pasado seis años desde sus inicios en el equipo infantil. De pronto, la vida del joven de origen humilde de Fiorito tomaría un giro de 180 grados.

La remontada del «barrilete cósmico»

Con 21 años de carrera profesional, desde 1976 hasta 1997, Diego jugó en tres equipos de fútbol argentinos (Argentinos Juniors, Boca Juniors y Newell’s All Boys), en dos españoles (Barcelona F.C y Sevilla F.C), y uno de Italia (Nápoli). Además, disputó 91 partidos con la Selección Argentina, de los cuales 21 de ellos fueron en mundiales.

Hasta 1980 –es decir, en 4 años- Diego llevó la camiseta de AAAJ y definió 116 goles de los 166 partidos jugados. Es por esto que, al día de la fecha, el estadio reconstruido del club hoy lleva su nombre. En el ’81, debutó para Boca Juniors contra Talleres, y su equipo ganó 4-2, siendo él quien marcara los 2 tantos. Se proclamó campeón del Torneo Metropolitano de ese mismo año, y antes de ser traspasado al Barca, jugó 40 partidos y definió 28 goles. Pero 14 años más tarde, un 7 de octubre de 1995, regresó al club xeneize y jugó otros 30 partidos, en los cuales marcó 7 tantos. Pese a la gloria de aquellas épocas en el ámbito del deporte, fue también por estos años en los que el exjugador y entrenador Carlos Fren apuntó que al “Diez” se le abrió la puerta de “la porquería que tanto le perturbó la vida”: la cocaína.

Diego Maradona, un ídolo del fútbol en todo el mundo.

En tanto, entre escándalos y excesos en el ámbito privado, Maradona jugó dos años en el Barcelona, entre 1982 y 1984. Por aquel entonces, su nombre empezaba a escucharse en bocas y oídos de todo el mundo, y por supuesto, Diego ya no era más aquel muchachito malnutrido e inocente. A la par de su carrera, su carácter y ego comenzó a escalar a grandes saltos, y llegó a conquistar no solo la mirada de los hinchas por sus maravillosas jugadas, sino también por su estrambótica, temperamental y carismática personalidad. En el equipo español ganó la Copa de la Liga y la Copa del Rey, jugó 58 partidos y marcó 38 goles.

Sin lugar a dudas, uno de los momentos más épicos en la vida del goleador y figura histórica de la Argentina fue su paso por el Nápoli, donde provocó varias alegrías y triunfos que lo llevan al más alto reconocimiento del club italiano. En la temporada 1986-1987, el equipo consiguió su primer “scudetto” y repitió el título en 1989-1990. Además, con Diego ganó la Copa de Italia del ‘86, la Supercopa del ’90, y la Copa de la UEFA 1988/89. Se despidió con 259 encuentros y 115 goles.

Aunque las gambetas históricas y las zurdas de Maradona hayan quedado impresas en el recuerdo de millones de personas que lo vieron destacarse en los distintos clubes del mundo donde jugó, es para muchos su más grande logro el haber enaltecido el prestigio de la Selección Argentina con su paso. El Mundial de 1986, que se disputó en México, es para los argentinos uno de los momentos más importantes y emocionantes del siglo. El recuerdo del capitán del seleccionado albiceleste alzando la Copa tras diseñar, entre otros, los goles más recordados en la historia de los mundiales, conocidos popularmente como el “Gol del siglo” y “La mano de Dios”, quedará impreso de por vida en la memoria colectiva de este país.

Registro del mítico gol de Maradona que quedó grabado en la historia como «La mano de Dios».

A pesar de que Diego Armando Maradona fue una de las grandes figuras de la historia del fútbol en Argentina, Italia, y gran parte del mundo, su historia también estuvo marcada por el lamentable deterioro que atravesó en medio de la fama a raíz de las adicciones a las drogas y el alcohol, que en consecuencia lo convirtieron en el protagonista de numerosas escenas de violencia física, psicológica y sexual contra víctimas mujeres –parejas y otras- que han llevado adelante denuncias públicas y judiciales, muchas que siguen vigentes hoy en día a casi un año de su muerte.



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