Alexis Salinas se refiere a aquella noche como «el accidente» y divide su existencia entre lo que pasó antes y lo que vino después. Su vida de después lleva ocho meses en sus 23 años desde aquel sábado 2 de noviembre de 2019 cuando una bala disparada desde un auto que transitaba por el barrio Villegas de Laferrere donde se encontraba junto a sus amigos lo impactó en el ojo izquierdo, le afectó también el derecho y le quitó la visión. Por entonces Alexis estaba por debutar en la Primera de Arsenal. Ahora su objetivo es volver a jugar y comenzó a prepararse para hacerlo en Los Murciélagos.

Comenzó a jugar a los cuatro años en el Barrio 22 de enero de San Justo, donde nació y se crió. Acompañaba a su papá, Fabián, en los partidos que jugaba con sus amigos y se pasaba las horas pateando sin parar. «Cuando mi viejo empezaba a jugar yo me quedaba en algún lugar peloteando contra alguna pared y cuando terminaban no me quería ir, entonces mi papá se quedaba conmigo un rato y bueno… un día me tuvo que llevar a un club». Así empezó todo en la vida de Alexis.

Alexis Salinas se prepara para jugar en la Selección Argentina de no vidntes, Los Murciélagos

Las estaciones de su carrera deportiva fueron el club El Tambo, de San Miguel, el José Hernández, de Mataderos, Chicago y Argentinos Juniors, la primera señalizada en grande. Llegó a los 12 años y allí hizo las inferiores desde pre-novena hasta la orilla de la Primera División porque llegó a hacer pretemporada con el plantel profesional en 2017. De La Paternal pasó a Arsenal de Sarandí, donde estuvo un año y medio y se preparaba para hacer su gran debut «cuando pasó el accidente…»

-¿Cómo atravesaste estos ochos meses?

«Fueron meses (ndr: «años», dijo en primera instancia y se corrigió) de sufrimiento. Los primeros días sólo quería dormirme y no despertarme, no estar en la realidad. Sólo quería estar acostado y dormir».

-¿Y ahora?

«Ya pasaron ocho meses y estoy bastante tranquilo. Tengo el apoyo de mi familia y de mis amigos, me agarro de eso para empezar a ser independiente».

-Pasaste de no querer despertarte a llevar un mes de práctica para tratar de comenzar a entrenarte con Los Murciélagos. ¿Cómo fue esa transición?

«Desde que me pasó esto mucha gente me empezó a hablar de Los Murciélagos. Yo primero no quería saber nada pero hace poco tuve una charla con mi papá, hablamos de lo que ya no podría hacer pero sobre todo de lo que sí, y le dije que tenía ganas de levantarme, de estudiar para ser alguien, de hacer cosas y ahí él me dijo que Martín Demonte (ndr: técnico de la selección argentina de futbolistas no videntes) había llamado y que estaba interesado en mí».

-¿En qué parte del proceso estás?

«Empecé hace poco, sólo un mes. Estoy trabajando en mi casa, haciendo los ejercicios que me mandan Martín los profes y me puse ese objetivo que es difícil porque al no ver se complica, pero él me pidió unos videos de cada tarea que me va dando. El primero fue envolver la pelota con una bolsa y tratar de llevarla y así me va siguiendo».

-¿Cómo fue el reencuentro con la pelota?

«Después del accidente yo no había vuelto a tocar una pelota, ni siquiera con la mano, porque me hacía mal pero con las indicaciones de Martín empecé de nuevo, envolví la pelota, la tiré, escuchaba el ruido y salió, hasta yo me sorprendí de mí mismo. Martín me dijo que estaba muy contento, que estaba muy bien lo que hacía y todos los días voy aprendiendo cosas nuevas».

-¿Qué sentís cuando practicás?

«Cuando termino de jugar me agarra una emoción muy grande. Me dan ganas de volver, de estar en un torneo, de chocar con un rival. Me emociono mucho pero trato de manejarlo con calma porque sé que es un trabajo largo y difícil pero lo voy a lograr porque quiero tratar de salir adelante».

-¿Quiénes te acompañan?

«Mi mamá, Cristina, mi papá, Fabián, mi hermana Shirley y mi gran compañera que es Sandra, mi novia, ellos me acompañan todo el tiempo y tengo todo su apoyo, ellos son los que todos los días me dan ánimo. Pero fundamentalmente está mi hijo Ezequiel, de 5 años, que es mi cable a tierra, una de las personas principales».

Alexis junto a su papá y a su mamá (IG: @alexiisalinas)
Alexis junto a su papá y a su mamá (IG: @alexiisalinas)

-¿Cómo es la vida con Ezequiel?

«Es un genio, está conmigo, está contento, entiende todo, me cuida, me guía, me lleva. Hay algo que cada vez que me lo dice me rompe el corazón. Hay veces que me lo choco porque no lo veo y él me dice: ‘No pasa nada, papi’, y eso me mata. Tiene un corazón enorme».

-¿Te acompaña la gente del fútbol que conociste?

«Sí, todos me llaman, se preocupan. Mi papá me enseñó a caminar con la humildad de un lado y el respeto del otro, por eso la gente tiene aprecio por mí. Creo que soy un chico bueno, que no se confunde y por eso estoy muy cuidado por excompañeros, técnicos, profesores, médicos, muchas personas, y eso me ayuda un montón».

Alexis Salinas, cuando jugaba en Argentinos Juniors (IG: @alexiisalinas)
Alexis Salinas, cuando jugaba en Argentinos Juniors (IG: @alexiisalinas)

La noche del 2 de noviembre de 2019

«Ese día me cambio la cabeza y la vida por completo. Mi vida se divide en un antes y un después de ese momento. Fue un día de mierda, una desgracia, tuve mucha, mucha mala suerte».

«Yo estaba en la peluquería de mi amigo Eric Cabral. Él trabaja mucho, tiene muchos clientes y ese día cerró tarde, como a las 11. Cuando cerró dijo que se iba a comer y volvía, y entonces lo esperamos. Yo estaba con dos amigos y dos conocidos, éramos cinco».

«Nos quedamos en un cantero, el famoso cantero… (rememora) Estábamos ahí esperando pero hacía frío y nos fuimos a buscar abrigos a la casa de uno de los chicos. Después volvimos a la peluquería, nos sentamos en el cantero y todo pasó muy rápido: me senté, me acuerdo que tenía una gorrita y me puse encima la capucha porque hacía frío. Estaba mirando para abajo hasta que en un momento me incorporé para estirar la espalda y ahí pasó todo. Fue una ráfaga que me tiró para atrás…»

Alexis Salinas, el primer de la fila de abajo a la izquierda (IG: @alexiissalinas)
Alexis Salinas, el primer de la fila de abajo a la izquierda (IG: @alexiissalinas)

-¿Qué recordás de ese momento?

«Que estábamos todos ahí tranquilos, que pasó un auto y que se escucharon tres tiros. El que me pegó a mí fue un escopetazo que me tiró como dos o tres metros. Yo en un momento pensé que ya estaba muerto porque me pegó y todos los chicos que estaban conmigo también les tiraron pero yo fui el que la sacó peor. Traté de arrastrarme y lo único que escuchaba era que decían: ‘¡No, lo mató, lo mató!’, y salieron todos corriendo. Apenas me pegó yo ya no vi más, se me apagó la luz. Me acuerdo que de la desesperación me levanté y salí corriendo, no me choqué nada, habré corrido unos 20 metros hasta que me agarraron unos amigos y me llevaron al hospital».

-¿Qué daño te provocó el disparo?

«La bala me entró por el ojo izquierdo y me rompió el nervio óptico. Y en el derecho se desprendió la retina. Sólo del lado derecho apenas advierto la claridad pero en realidad no veo nada».

-Las primeras versiones apuntaban a un ajuste de cuentas. ¿Qué fue lo que pasó?

«Estaría bueno que pongas que estoy cansado de escuchar que dicen que fue un ajuste de cuentas. Yo soy un pibe de barrio, un pibe humilde que trabaja desde los 17 años. Nunca me metí en nada raro como para que digan eso…»

-¿Por qué lo dicen?

«Yo creo que por el lugar en el que estaba, por el barrio donde estábamos, porque es fácil. Barrio humilde, sos chorro. Más o menos así piensan pero de ahí son mis amigos, que también son pibes laburadores. El problema fue que estábamos en un lugar que habitualmente es inseguro. Nosotros estábamos tranquilos y ¿cómo podíamos saber que iba a venir un loco y que iba a empezar a disparar?»

-¿Qué pensás que fue lo que pasó?

«Yo lo único que estaba haciendo ahí era compartir un rato con mis amigos. Lo tomo como una confusión, jamás tuve problema con nadie. Por lo que se sabe, cuando nosotros nos fuimos a buscar los abrigos un chico disparó contra ese auto y al parecer el chico que disparó se quedó por la zona, el del auto fue a buscar el arma, volvió y disparó. Nosotros tuvimos la mala suerte de sentarnos en un lugar donde anteriormente, por lo que se dice, había pasado algo de lo que no estábamos enterados y pasó eso».

Cortesia de Tn.com

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